Más allá de las instalaciones efímeras, del atractivo visual de los montajes y del empleo de flores de otoño, el festival se ha revelado como un instrumento de planificación urbana y económica. Por cada euro vinculado a Flora se generan casi tres euros de actividad en la provincia, con un notable efecto arrastre sobre sectores como el turismo, la hostelería, el comercio y el transporte. Todo ello en una cita que, pese a su juventud, ha logrado convertirse en una referencia en España y en Europa dentro del ámbito del arte floral.
Un impacto económico que roza los 67 millones de euros
El estudio elaborado por el área de Economía de la Universidad Loyola, en el marco del convenio con la organización del festival, cifra el impacto total de la última edición en 66,9-67 millones de euros en términos de producción provincial. De esa cantidad, alrededor de 32,9-33,8 millones se corresponden con la contribución directa al PIB de la provincia de Córdoba, un volumen que se sitúa en torno al 0,15-0,18% del PIB provincial, según las distintas estimaciones presentadas.
En materia de empleo, el informe señala la creación de 127 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo ligados al festival, lo que supone aproximadamente entre el 0,17% y el 0,21% del empleo provincial. Son empleos vinculados tanto a la organización y producción de Flora como a la actividad inducida en sectores turísticos y de servicios. Para una iniciativa de presupuesto moderado, estas cifras se consideran un indicador claro de su capacidad de dinamización económica.
Los responsables del estudio destacan que, a valor real de 2025, el impacto de Flora en la provincia se ha incrementado en torno a un 27% respecto al año anterior y más de un 60% si se compara con 2023. Se trata de un crecimiento sostenido que apunta a que el festival ya no funciona como un acontecimiento puntual, sino como un factor recurrente dentro del ecosistema económico-cultural cordobés.
En la presentación de resultados se insistió en que este volumen de producción equivale a algo más del 0,13% de la producción provincial. Puede parecer un porcentaje modesto a simple vista, pero, aplicado a un único evento cultural que dura apenas unos días en octubre, la magnitud del impacto adquiere un peso notable dentro de la economía local.

Flora como motor estructural: ratios de retorno y efecto tractor
Uno de los datos más repetidos en el informe de Loyola es la eficiencia económica del festival. En las distintas versiones del estudio se sitúa el ratio de retorno en una horquilla muy estable: por cada euro atribuido a Flora se generan entre 2,94 y 2,98 euros de actividad económica en la provincia. Es decir, el gasto directo asociado al festival casi se triplica en términos de impacto global.
Esta eficiencia se ve reforzada por lo que las investigadoras denominan efecto tractor o ratio tractor. Tomando como referencia un presupuesto cercano a los 600.000-613.000 euros —repartido a partes casi iguales entre sueldos y salarios, por un lado, y bienes y servicios, por otro—, el festival induce un gasto turístico unas 16 veces superior a ese presupuesto. En la práctica, Flora consigue transformar alrededor de 0,6 millones de euros iniciales en casi 67 millones de producción en la provincia.
Además del impacto directo y del gasto turístico, el informe incorpora el llamado shock de demanda, es decir, el efecto que el festival tiene sobre otras actividades económicas: desde el café que se toma un visitante tras salir de una instalación floral hasta el alojamiento, las visitas a otros monumentos o las compras en comercios del centro. Ese shock de demanda se cuantifica en torno a los 22-22,5 millones de euros, sumando los gastos de organización, el turismo cultural inducido y el impacto mediático.
Dentro de ese shock, el peso del turismo es abrumador: en torno al 80% del flujo monetario se concentra en hoteles, apartamentos turísticos, restauración y otros servicios asociados. El resto se reparte entre transporte, alimentación, comercio minorista y una larga cadena de suministros que se activa en torno al festival, lo que explica el alcance del efecto multiplicador.
Turismo cultural y casi 200.000 visitas en pocos días
La última edición de Flora se celebró del 13 al 23 de octubre, con una duración de poco más de una semana de exhibición pública de las instalaciones. A pesar de ese marco temporal limitado, el festival contabilizó alrededor de 197.000-197.773 visitas a sus cinco montajes florales, lo que supone un aumento cercano al 0,7% respecto al año anterior en una ciudad de unos 325.000 habitantes.
De ese volumen total de entradas a las instalaciones, el estudio identifica un bloque muy relevante de turismo cultural. En torno a 39.500-39.555 personas llegaron de fuera de Córdoba motivadas, de manera principal, por el festival y su oferta artística. Aproximadamente un 60-63% de esos visitantes culturales eran españoles procedentes de otras provincias y el 37-40% restante llegó desde el extranjero, lo que refuerza la dimensión internacional del certamen.
El gasto asociado a este público cultural se sitúa en torno a los 9,9-9,94 millones de euros, con una subida superior al 10% respecto a la edición de 2024. De esa cantidad, cerca de 3,9 millones corresponden a visitantes nacionales y el resto a turistas internacionales, que suelen realizar estancias algo más largas y un gasto medio diario más elevado.
Según el análisis por ramas de actividad, más del 80% de los flujos económicos de ese turismo cultural se canalizan a través del sector turístico en sentido amplio (alojamiento, restauración, servicios complementarios), mientras que la parte restante impulsa áreas como el transporte, el pequeño comercio y otros servicios vinculados a la experiencia del viaje. Este reparto explica por qué empresarios de la hostelería y el comercio local consideran Flora como una cita estratégica del otoño.
Impacto mediático y proyección de la marca Córdoba
Junto al impacto económico directo y al turístico, el informe de Loyola presta especial atención al efecto mediático del festival Flora. A través del cálculo del llamado valor publicitario equivalente, se estima que la visibilidad generada por el certamen —en prensa, televisión, radio y medios digitales— alcanza en torno a los 11,9 millones de euros, con un crecimiento que ronda el 56% respecto al ejercicio anterior.
Este impacto mediático multiplica por más de 19 veces el presupuesto del festival, lo que sitúa a Flora como una herramienta de promoción muy rentable para la ciudad. La asociación de Córdoba con el arte floral contemporáneo, sumada a su patrimonio histórico, refuerza su posición como destino de turismo cultural en España y en el ámbito europeo. Los responsables del estudio recuerdan que este tipo de visibilidad tendría un coste inasumible si se pretendiera conseguir sólo mediante campañas de publicidad convencional.
En las valoraciones presentadas, se subraya que Flora contribuye de manera sostenida a la marca Córdoba, al proyectarla no sólo como ciudad de patios y patrimonio monumental, sino como espacio de creatividad contemporánea. Este matiz resulta especialmente relevante de cara a la diferenciación frente a otros destinos urbanos que también compiten por atraer visitantes culturales cada otoño.
La difusión en medios nacionales e internacionales se combina con el ecosistema digital: redes sociales, contenidos audiovisuales y publicaciones especializadas en cultura, diseño y jardinería. Todo ello alimenta un relato en el que Córdoba se presenta como referente mundial de la botánica contemporánea, objetivo declarado de la organización de Flora y de las instituciones que lo respaldan.
Un festival joven con vocación de permanencia
Flora nació en 2017 como una iniciativa novedosa centrada en la creación floral efímera, con un paréntesis obligado en 2020 por la pandemia. A pesar de ese parón, en tan solo ocho ediciones efectivas ha pasado de ser una propuesta emergente a erigirse en lo que las investigadoras de Loyola definen como un “motor económico estructural” para la provincia de Córdoba.
El informe insiste en que la estabilidad de los indicadores en el trienio 2023-2025 —con una contribución media anual de más de 50 millones de euros y más de un centenar de empleos— demuestra que la cita forma parte ya del ecosistema económico-cultural de la ciudad. No se trata únicamente de unos días de actividad concentrada en octubre, sino de un proyecto que mantiene una presencia constante a lo largo del año gracias al trabajo de producción, la captación de patrocinadores y la programación paralela.
Para la dirección del festival, este carácter estructural implica una responsabilidad añadida: seguir mejorando los contenidos artísticos y garantizar que la cita aporte valor al conjunto de la ciudad, más allá de los números. La organización remarca que el verdadero impacto de Flora no se mide sólo en el periodo de exhibición, sino en su capacidad de permanencia, de generar empleo recurrente y de sostener una red de colaboraciones público-privadas sólida.
En ese sentido, la estructura financiera del festival —con un presupuesto equilibrado entre personal y servicios— se presenta como un modelo relativamente estable. El mantenimiento de ratios de eficiencia cercanos a los tres euros de retorno por cada euro directo invertido se interpreta como señal de madurez del proyecto, que ha logrado crecer sin disparar su gasto.
Colaboración público-privada y apuesta institucional
El Ayuntamiento de Córdoba y la organización de Flora insisten en definir el festival como una “apuesta de ciudad”. El alcalde, José María Bellido, ha subrayado que los datos de impacto económico, turístico y mediático evidencian que la cita está “absolutamente consolidada” en el calendario festivo y que “sigue creciendo” año tras año. Según el regidor, Flora es ya un “evento de ciudad en mayúsculas” y un ejemplo del potencial de los proyectos impulsados desde la colaboración público-privada.
En sus intervenciones, Bellido ha destacado la importancia del festival tanto para la economía local como para la proyección internacional de Córdoba, especialmente en sectores como la hostelería, el comercio y el transporte, que se ven directamente beneficiados por la llegada de casi 200.000 visitantes en un corto periodo de tiempo. El Ayuntamiento ha reiterado su compromiso de mantener e incluso reforzar el apoyo institucional en las próximas ediciones.
Por parte de la organización, la directora general María Van den Eynde insiste en que Flora “no es un evento aislado”, sino un compromiso de futuro compartido por toda la ciudad. La responsable del festival defiende que la clave del proyecto reside precisamente en ese trabajo continuado, en la construcción de alianzas con el tejido empresarial y cultural y en la mejora año tras año tanto del programa artístico como de la gestión.
Las investigadoras de Loyola apuntan, además, a un cambio de enfoque más amplio: los festivales culturales han pasado de ser concebidos como simples propuestas de ocio a integrarse en la planificación estratégica de las ciudades. Flora encajaría de lleno en este nuevo modelo, en el que cultura, turismo y desarrollo económico se articulan en un mismo proyecto.
Mirando a la novena edición y al décimo aniversario
Con los últimos datos sobre la mesa, la organización de Flora trabaja ya en la próxima cita de otoño de 2026. La novena edición se prepara con la vista puesta en un hito simbólico: el décimo aniversario, que se celebrará en 2027 y que se plantea como un punto de inflexión para el festival y para la propia ciudad. La intención es aprovechar esa fecha para dar un salto cualitativo y cuantitativo que refuerce aún más el papel de Córdoba en el mapa internacional del arte floral.
Van den Eynde ha explicado que llegar a las diez ediciones supone alcanzar un “punto de madurez” a partir del cual se aspira a consolidar definitivamente a Córdoba como referente mundial de la botánica contemporánea. Para ello, el trabajo se centra en atraer a creadores de prestigio, ampliar las colaboraciones con instituciones culturales y reforzar la programación paralela, todo ello sin perder el vínculo con la ciudadanía y con los barrios que acogen las instalaciones.
El análisis de Loyola respalda esta visión de futuro: los datos del periodo 2023-2025 muestran ratios de retorno económico estables y sostenidos, un efecto tractor creciente y una imagen del festival cada vez más consolidada dentro y fuera de España. Desde la óptica académica, cuando un evento cultural mantiene durante varios años seguidos este tipo de indicadores, se convierte en una herramienta estratégica para la planificación territorial y turística.
A la luz de las cifras y de las valoraciones de responsables públicos, organizadores y analistas, Flora aparece hoy como mucho más que una cita fotogénica con flores: se ha configurado como un activo estructural de la economía cordobesa, un escaparate internacional para la ciudad y un laboratorio en el que cultura, turismo y empresa trabajan codo con codo. El reto a partir de ahora pasa por mantener ese equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad, de modo que el festival siga generando valor económico y social sin perder su esencia creativa.
