
Hay ideas en el mundo de la ciencia que, al escucharlas por primera vez, nos hacen pensar que estamos viendo una película de Hollywood. Sin embargo, la realidad es que los avances biotecnológicos actuales han llegado a un punto donde aquello que considerábamos disparatado ha empezado a ser técnicamente viable. Ya no hablamos de fantasías, sino de planes concretos para revertir la desaparición de animales que no veían la luz desde hace milenios.
El caso más llamativo es, sin duda, el intento de desextinguir al mamut lanudo, una bestia que dominó los paisajes gélidos hace miles de años. Este desafío ha sido tomado como bandera por la compañía Colossal, bajo la dirección del genetista de Harvard George Church, un profesional que no se anda con chiquitas y que ya tiene en su currículum hitos como la codificación de imágenes en el ADN de bacterias mediante la técnica CRISPR.
La hoja de ruta para resucitar al gigante
Para empezar a jugar a ser dioses, el equipo necesita el mapa genético del animal. Por suerte, gracias al permafrost de la tundra siberiana, se han recuperado fragmentos de ADN casi completos de ejemplares que quedaron congelados. Un ejemplo brillante es Lyuba, una cría de hembra que permaneció intacta durante unos 37.000 años, sirviendo como fuente de información genética invaluable.
El siguiente paso no es crear un clon exacto, sino un híbrido. El elefante asiático es el candidato perfecto por ser el pariente vivo más cercano, habiendo compartido un ancestro común hace unos 6 millones de años. Utilizando la herramienta de edición genética CRISPR-Cas9, los científicos planean modificar el genoma del elefante, borrando y añadiendo secuencias hasta que el resultado sea lo más parecido posible al mamut. Se estima que tendrían que realizar menos de 500.000 modificaciones para lograrlo.

Una vez editadas las células, surge el problema de cómo gestar al animal. Una vía es la transferencia nuclear de células somáticas, la misma técnica que nos dio a la oveja Dolly. Consistiría en vaciar el núcleo de un óvulo de elefanta y sustituirlo por la célula editada. No obstante, es muy probable que una elefanta real no pueda gestar un embrión así, por lo que la alternativa es el uso de úteros artificiales, una tecnología que ya ha mostrado éxitos preliminares con fetos de oveja.
Para evitar depender totalmente de la clonación, Colossal ha avanzado en la creación de células pluripotentes inducidas (iPS). Estas células son capaces de transformarse en cualquier tejido, incluyendo óvulos y esperma. Si logran dominar la generación de gametos artificiales, podrían realizar fecundaciones in vitro y crear incluso embriones sintéticos, saltándose la necesidad de una madre sustituta.
Mucho más que un capricho científico
Muchos se preguntarán por qué gastar millones en traer de vuelta a un animal muerto hace tiempo. Para George Church, esto no es un capricho, sino una estrategia contra el cambio climático. Al reintroducir miles de mamuts en Siberia, sus pisadas compactarían la nieve, evitando que el calor penetre en el suelo y frenando así la liberación de gases de efecto invernadero atrapados en el hielo.
Además, estos animales transformarían los bosques actuales de arbustos en las estepas siberianas originales, restaurando un ecosistema que reflejaría mejor la luz solar y ayudaría a enfriar el planeta. Pero el negocio de Colossal va más allá de la fauna: el verdadero botín es la tecnología. Los avances en ingeniería genética y reprogramación celular podrían aplicarse para curar enfermedades humanas o regenerar órganos dañados.
Un dato fascinante es que el elefante asiático posee una resistencia natural al cáncer gracias a unos genes supresores de tumores muy potentes. Si Colossal consigue descifrar y replicar este escudo biológico, podríamos estar ante una revolución en la oncología humana, previniendo la enfermedad antes de que aparezca.
Otros objetivos en el radar la desextinción
El mamut no es el único en la lista de deseos. La empresa también ha puesto la mirada en el dodo de Mauricio y el tilacino o tigre de Tasmania. En el caso del dodo, se busca editar el genoma de una paloma cercana para recrear sus rasgos y ayudar a restaurar los ecosistemas insulares, que son extremadamente frágiles.
Respecto al tigre de Tasmania, ya se han realizado más de 300 ediciones genéticas en una línea celular del dunnart de cola gorda, un marsupial emparentado. La idea es que este depredador vuelva a controlar las especies invasoras en su tierra natal. Todo este despliegue ha sido posible gracias a una financiación masiva de más de 435 millones de dólares, proveniente de inversores tan variopintos como Paris Hilton o Thomas Tull.
Obviamente, esto no llega sin polémica. Hay quien dice que es una locura y que el dinero debería ir a salvar a los animales que aún no se han extinguido. El debate sobre revivir especies animales es intenso: ¿estamos jugando a ser Dios? Al estilo de Jurassic Park, surge la duda de si solo porque podemos hacer algo, significa que debemos hacerlo. La manipulación genética a tal escala abre la puerta a escenarios donde la evolución humana podría ser rediseñada a conveniencia comercial.
Este ambicioso proyecto liderado por Colossal Biosciences no solo busca rescatar al mamut, al dodo y al tilacino para el año 2028, sino que utiliza la desextinción como un motor para desarrollar herramientas de biotecnología reproductiva e inteligencia artificial que podrían salvar especies actuales y transformar la medicina humana, mientras intenta revertir el daño climático en el Ártico mediante la restauración de la fauna prehistórica.
