Si aún no conoce la parábola de la Biblia el buen samaritano, entre y descubra esta hermosa historia que nos motiva a ser mejor persona.

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El buen samaritano

La parábola del buen samaritano es la respuesta que Jesús le da a un intérprete y estudioso de la Ley que pretende llegar al cielo por sus propios méritos, por medio de la Ley. Nuestro Señor le responde que para llegar al cielo por sus propios méritos tendrá que cumplir a cabalidad cada uno de los mandatos establecidos en ella, sin equivocarse.

La Palabra de Dios nos advierte que no hay quien cumpla la Ley, no hay justos en la Tierra, ni aun uno. El único ser humano que pudo cumplir los estatutos de Dios establecidos en la Torá fue Jesucristo.

La historia del buen samaritano

La parábola del buen samaritano nos relata la historia de un hombre andando por un camino fue víctima de un robo, en el suceso fue golpeado, al punto que lo daban por muerto. Muchas personas importantes, reconocidas y adineradas que transitaban por el lugar, lo veían y no lo auxiliaban.

En un momento pasaba por el lugar un samaritano, una persona humilde, sin reconocimiento sintió la necesidad de ayudar aquel hombre agredido en el suelo. Le brinda auxilio, dándole un albergue, alimentos y cuidados. Para poder escudriñar sus enseñanzas y qué simboliza cada personaje debemos leer el pasaje bíblico. Leamos:

San Luca 10:25-37

25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?

26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?

27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.

28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.

31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.

32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.

33 Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;

34 y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.

35 Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.

36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37 Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

Romanos 3:10

10 Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;

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Personajes de la parábola

A través de la historia de esta parábola podemos distinguir algunos personajes. Veamos:

La historia nos relata de un hombre (aparentemente judío) que venía de Jerusalén. Podemos suponer que venía de adorar a Dios. Como podemos leer en la parábola del buen samaritano, venía por el camino confiado. Confiando en sí mismo y no en Dios.

Vienen los ladrones (Satanás y sus demonios) y lo hieren, lo dejan casi muerto en el camino. Llegan el sacerdote y el levita, que de acuerdo a la Parábola vienen de la ciudad de Jerusalén (ciudad donde se adoraba a Dios en el Templo), suponemos que venían de hacer sus actividades propias del servicio.

El sacerdote representa aquel conocedor de la Palabra de Dios, pero que no la pone en práctica. Por su parte, el Levita es aquel que vive bajo la Ley y considera que aquel moribundo está así como consecuencia de su propio pecado y que debe asumir las consecuencias. Por tanto, ninguno le ayuda.

Sin embargo, viene un buen samaritano que nos señala que iba de camino (Isaías 55:8) y socorre a aquel moribundo. La Palabra de Dios nos dice que los caminos de Dios no son nuestros caminos, y que el Señor puede venir a socorrernos en cualquier momento de dificultad.

Este buen samaritano, le agrega vino que simboliza la Sangre del Cordero de Dios y le unta aceite que simboliza al Espíritu Santo de Dios. Es aquí  donde el cristiano debe de entender que sólo la ayuda viene de nuestro señor Jesucristo (Hebreos 12:1-2).

Entonces esta ayuda te lleva al mesón (La Iglesia de Cristo) y cuida de ti, allí te lava las heridas que la vida te ha dado, te coloca las vendas que representan las vestiduras santas del cristiano.

Allí te pone en manos del mesonero (el pastor de la Iglesia) para que te cuide. Le entrega dos denarios (La Palabra de Dios compuesta por el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento). El resto del dinero se lo pagaría en su regreso (la segunda venida de Cristo: recompensas). En resumen, los personajes de la parábola del buen samaritano se resumen en:

  • El sacerdote: Hombre que dice enseñar las cosas de Dios, pero no las practica.
  • Levita: Hombre de la Ley
  • Samaritano: Simboliza a Jesús
  • Hombre herido: Todos los pecadores y creyentes
  • Ladrones: Satanás y sus huestees espirituales
  • Aceite: El Espíritu Santo
  • Vino: La Sangre del Cordero de Dios
  • Mesón: La Iglesia (la palabra mesón en el hebreo significa alojamiento)
  • Mesonero: Pastor
  • Vendas: Vestiduras santas
  • Denarios: Antiguo y Nuevo testamento
  • Regreso: La Segunda Venida de Cristo

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Enseñanza del buen samaritano

La parábola del buen samaritano enseñanza nos enseña que la salvación y en consecuencia la ida al Reino de Dios nos han sido dadas por gracia. Es un regalo, un don que Dios nos ha dado. Así que por obra nadie irá al cielo.

Jesús buscaba a través de esta parábola que aquel intérprete de la Ley entendiera que no es por obras, sino por gracia que podemos obtener la salvación. La necesidad del arrepentimiento de nuestros pecados.

En este punto, es importante entender que las buenas obras son el resultado de la comunión con Dios, no porque yo sea bueno, sino que Dios ha puesto esas buenas obras de antemano. Por lo tanto, no es el camino para entrar al cielo.

Efesios 2:8-10

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

La Ley

Entonces, ¿Qué es la Ley? La ley se describe a través de tres cosas: representa toda la Palabra de Dios para distinguir los libros de Moisés de los demás libros; Jesús mencionó la Ley y los profetas.

La Ley es el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia escritos por Moisés. La ley abraca a los salmos y los libros escritos por los profetas.

De acuerdo a la Palabra de Dios, había Ley para los días festivos (leyes ceremoniales cómo debemos adorarlo – del Éxodo 24 al 31), para los días santos, para sus sacrificios, para la dieta, leyes civiles (cómo gobernarse Éxodo 21 al 24) y para construir el tabernáculo. Leyes morales lo que Dios dice lo que es bueno y malo – los mandamientos. Éxodo 20 y 26.

Antes de que el pueblo judío tuviera la Ley, vivían bajo la Ley de la conciencia (Romanos 2:12-15). Al rescatarlos de la esclavitud egipcia el Señor los llevó al Monte Sinaí y a causa de sus murmuraciones, inconformidad y pecado el Señor les entregó la Ley y sus estatutos (Éxodo 15:24-26)

El pueblo judío decidió vivir bajo la Ley. La Palabra de Dios advierte que el que vive bajo la Ley se hace culpable de todos si infringe uno solo mandato (Santiago 2:10-12). Por ejemplo, el intérprete de la Ley que trata de probar a Jesús cree que por medio de la Ley entraría por obras al cielo.

Para los cristianos, la única Ley vigente es la Ley moral contenida en los Diez Mandamientos. Vivir bajo la Ley no limpia el pecado, por el contrario nos devela cuánto pecador somos (Romanos 3:19-20). La Ley nos lleva a buscar la salvación que encontramos en la Gracia, en la Cruz del Calvario (Romanos 5:20).

La Gracia

La gracia es definida como la aceptación, el recibimiento de un amor inmerecido que proviene de una persona. Bíblicamente, también se relaciona con un favor inmerecido que alguien superior hace hacia una persona inferior.

Al referirnos a la gracia divina de Dios hacia la humanidad, es el regalo, favor, que Dios nos ha dado sin merecerlo al proveernos la salvación por medio de la fe en Jesucristo, en el sacrificio que Él hizo por nosotros en la cruz del calvario al morir en nuestro lugar.

Cuando nos percatamos de cuan pecadores éramos sobreabundó la Gracia de Dios (Romanos 5:20-21). La gracia es un favor inmerecido, que no nos merecemos.

La gracia es el regalo que hemos recibido a través la muerte de Cristo en la cruz quien ocupó nuestro lugar (Juan 3:16; Romanos 6:23; Romanos 3:19-31)

En estas alturas, ante la pregunta del intérprete de la Ley sobre qué podemos hacer para ganar el cielo, la respuesta tajante es nada. Es por la gracia de Dios.

Romanos 3:19-26

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley (los no cristianos), para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Para los cristianos, encontramos que la salvación, nuestra fe en Jesucristo es el camino para llegar al Reino de los Cielos (Juan 4:16). No es por obra. El Apóstol Pablo, nos lleva a concluir lo siguiente:

Romanos 3:28

28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

El Señor Jesucristo le asegura al experto de la ley que si ama a todo prójimo, será posible. Para el ser humano esta condición es imposible de cumplir, en algún momento de nuestras vidas hemos pecado contra algún hermano, vecino, compañero de trabajo. Si viviéramos bajo la Ley estaríamos muertos en nuestros delitos y pecados.

El buen samaritano que amó a toda la humanidad y murió por amor y rescate de todos fue nuestro Señor Jesucristo.

La vida cristiana

La vida del cristiano, se caracteriza por la guía del Espíritu Santo. La vida en comunión con nuestro Señor trae frutos. Por los frutos del Espíritu Santo entendemos el resultado de la obra de la Tercera Persona en la vida de los cristianos. Esta es consecuencia de sembrar la semilla de la Palabra de Dios. Para que dé frutos debemos regarla y cultivarla.

Entonces, cuando un cristiano tiene comunión con la Palabra de Dios y está guiado por el Espíritu Santo desarrolla cualidades o virtudes que nos distinguen como cristianos.

Cada una de estas cualidades son los frutos del Espíritu Santo. Estos frutos se manifiestan en las obras corporales y espirituales que realizamos en nuestra vida cristiana (Romanos 12:9-21; 1 Timoteo 1:5; 1 Pedro 1:22; 1 Juan 3:17-18; 1 Juan 4:7-11; Gálatas 6:10; Mateo 15:20; Mateo 25: 34-40; Proverbios 6:6-11; Proverbios 12:27; Lucas 16:10; 2 Timoteo 1:6; Juan 5:35; Gálatas 5:22)

Es importante saber, que la vida cristiana trae frutos, por ello te invitamos a leer el siguiente enlace titulado Frutos del Espíritu Santo

La enseñanza de la parábola del buen samaritano, no deja que cualquier persona, independientemente de raza, sexo, nación, cultura que necesite nuestra ayuda es nuestro prójimo.

Santiago 2:14-17

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

Obras de misericordia

La misericordia es la cualidad que tiene una persona frente a la condición, las necesidades y sufrimientos de las demás personas. Esta cualidad es producto de la comunión con Dios.

Se refiere a la bondad, la benevolencia,  bondad y caridad que sentimos y mostramos hacia el prójimo. Abarcar algunos frutos del Espíritu Santo. Por ejemplo, la caridad se define como el amor que le tenemos al prójimo. Como cristianos sabemos que este es uno de los mandamientos que nos dejó Dios que debemos cumplir.

La benignidad es la amabilidad es uno de las virtudes que más relacionada está relacionada con la conducta de cada uno de los cristianos. Por su parte, la bondad es la que hace que nuestro corazón sienta arrepentimientos cuando hagamos algo que desagrade al Señor. Como cristianos que somos nuestro sendero debe estar lleno de luz, buenas acciones y justicia.

Un cristiano misericordioso tiene estos frutos en su diario vivir (Éxodo 33: 18-19; 2 Crónicas 6: 40-41; Colosenses 3: 12-13; Romanos 2:4-5; 1 Corintios 13:4-8; Mateo 22: 37-40; Lucas 6:36)

Como producto de nuestra comunión con Dios, hacemos distintas obras que en el mundo cristiano las definen como obras corporales. Entre ellas, podemos mencionar las siguientes:

  • Darle de comer al que padece de hambre, así como dar de beber al que tiene sed.
  • Otras de las obras que los cristianos hacen es darle posada al peregrino (Hebreos 12:28; 13:1-2).
  • Visitar al enfermo
  • Ir a las cárceles a predicar el evangelio

También los cristianos hacemos obras de misericordia espirituales. Entre estas obras se pueden mencionar:

  • Llevar la palabra de Dios al que no la conoce
  • Dar buen consejo al que lo necesite
  • Corregir al que se equivoca
  • Perdonar al que nos ofende
  • Dar consuelo al que esta triste
  • Tolerar con paciencia los defectos de los demás
  • Orar por los demás

Ahora, te dejamos este hermoso material audiovisual para que tus hijos escuchen la parábola del Buen Samaritano

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