
La llegada a los cines de Michael, el nuevo biopic sobre Michael Jackson, se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos del año. El largometraje, dirigido por Antoine Fuqua y protagonizado por su sobrino Jaafar Jackson, no solo ha llenado salas en todo el mundo, sino que ha desatado una intensa discusión sobre cómo se cuenta la vida del llamado Rey del Pop.
Mientras millones de espectadores disfrutan en pantalla grande de las recreaciones de conciertos, coreografías icónicas y éxitos como Billie Jean o Smooth Criminal, una parte de la crítica y del público cuestiona las decisiones del guion: el filme evita frontalmente las acusaciones de abuso sexual infantil que marcaron los últimos años del artista y se detiene en 1988, en pleno apogeo de su carrera.
Un estreno de récord para un biopic musical
Desde su estreno mundial, Michael ha pulverizado las marcas de taquilla del género biográfico. En su primer fin de semana a nivel global, la película alcanzó aproximadamente 217 millones de dólares de recaudación, superando con holgura el debut de Bohemian Rhapsody, el biopic sobre Queen y Freddie Mercury que se consideraba hasta ahora el referente absoluto del formato.
En términos comparativos, el film sobre Jackson ha dejado atrás los 124 millones de dólares con los que arrancó Bohemian Rhapsody en 2018 y ha rebasado también los 180 millones del estreno mundial de Oppenheimer en 2024, otro título clave del cine biográfico reciente aunque de temática muy distinta. Con estas cifras iniciales, el arranque de Michael se sitúa como el mejor fin de semana de estreno global de la historia para una película biográfica, sea musical o no.
Adam Fogelson, presidente de Lionsgate, distribuidora de la cinta en Estados Unidos, ha subrayado que el éxito se apoya en un público extremadamente transversal: según el estudio, la película está funcionando bien en todo tipo de franjas de edad y perfiles de espectadores. A la salida de las primeras sesiones, no han faltado escenas de fans cantando y aplaudiendo después de los números musicales, algo que en Europa se ha visto especialmente en las sesiones de fin de semana.
Este nuevo hito llega, además, en un contexto en el que Hollywood ha convertido los biopics musicales en una apuesta casi segura: en la última década han pasado por la gran pantalla las vidas de Freddie Mercury, Elton John, Elvis Presley, Aretha Franklin, Bob Marley o Amy Winehouse, consolidando un subgénero que mezcla nostalgia, catálogo musical potente y una fuerte capacidad de arrastre internacional.
Reparto, enfoque y estreno en España y Europa
Michael se estrenó en España el 22 de abril, con una campaña muy centrada en el parecido físico y gestual de Jaafar Jackson con su tío. El actor, hijo de Jermaine Jackson, ha sido el gran reclamo promocional y, según coinciden muchas reseñas, uno de los pilares que sostienen la película incluso para los espectadores más escépticos.
Junto a Jaafar, el reparto incluye a Colman Domingo como Joe Jackson, el exigente padre y mánager del clan, y a Nia Long en el papel de Katherine Jackson, madre y principal figura protectora del artista. Miles Teller interpreta al abogado John Branca, pieza clave en la gestión del legado de Michael Jackson, mientras que Kat Graham estaba prevista para dar vida a Diana Ross, aunque su participación finalmente se descartó por cuestiones legales.
La trama recorre los primeros años de Michael en Gary (Indiana), su irrupción en Motown con los Jackson 5 y su salto a la carrera en solitario, hasta culminar en la época de Thriller y Bad. La película se detiene en 1988, justo después del éxito del Bad World Tour, y no entra en los turbulentos años noventa y dos mil, que incluyen acusaciones judiciales, cambios físicos muy comentados y su vida familiar con dos matrimonios y tres hijos.
En España y el resto de Europa, la cinta se ha comercializado claramente como un espectáculo musical de gran formato, con especial énfasis en el sonido de las salas y en la recreación de conciertos y videoclips emblemáticos. Las preventas, impulsadas por el lanzamiento del primer tráiler meses antes, mostraron un fuerte interés de los fans de larga data, pero también de una generación más joven que solo conocía a Jackson a través de plataformas de streaming y redes sociales.
Una producción descomunal y un negocio de cientos de millones
Más allá de su dimensión artística, Michael es uno de los proyectos más ambiciosos y caros de la historia del cine biográfico. El presupuesto de producción se sitúa en torno a los 200 millones de dólares, una cifra que se disparó tras tener que rehacer parte de la película por motivos legales relacionados con un acuerdo de confidencialidad de los años noventa.
El film contaba inicialmente con un corte de más de tres horas y media que incluía escenas relacionadas con la redada policial de 1993 en el rancho Neverland y las acusaciones de abuso sexual infantil formuladas por Jordan Chandler. Sin embargo, al revisarse un acuerdo extrajudicial firmado en 1994, se comprobó que existía una cláusula que impedía representarlo o incluso mencionarlo en cualquier dramatización de la vida de Jackson. Eso dejó inutilizable un tramo entero del metraje.
El legado de Michael Jackson, que actúa como coinversor y coproductor, aprobó entonces 22 días adicionales de rodaje para reestructurar el montaje, reorientar la historia hacia los años de mayor éxito musical y reescribir el desenlace en torno a 1988. Estas regrabaciones, según diversas estimaciones, añadieron entre 25 y 50 millones de dólares al coste total de la producción.
Con semejante inversión, los cálculos de los estudios son claros: la película tendría que superar los 500 millones de dólares en taquilla mundial para empezar a ser rentable, y Lionsgate aspira a acercarse a los 700 millones sumando explotación en cines, streaming y otros canales. Solo Bohemian Rhapsody ha cruzado hasta ahora esa frontera dentro del género.
Para el legado de Jackson, la apuesta va mucho más allá de la recaudación directa. Además de los alrededor de 10 millones de dólares iniciales por la coproducción y la cesión de derechos musicales, el patrimonio controlado por los ejecutores podría embolsarse cerca de un 25 % de los beneficios si la película funciona al nivel esperado. E incluso si no llega tan lejos, el impacto sobre la venta de discos, el catálogo editorial, el espectáculo permanente en Las Vegas y los musicales teatrales en Broadway y otras ciudades puede traducirse en decenas o cientos de millones adicionales en los próximos años.
El legado de Michael Jackson, entre las deudas y la máquina de hacer dinero
En el momento de la muerte del cantante, en junio de 2009, las finanzas de Jackson estaban al borde del colapso. Pese al valor enorme de sus activos (catálogos musicales propios y ajenos, propiedades, derechos de imagen), arrastraba deudas estimadas en al menos 450 millones de dólares, incluidos préstamos y adelantos asociados a una gira que ya no podría realizar.
Tras su fallecimiento, un reducido equipo formado, entre otros, por John Branca -ejecutor testamentario del legado-, el mánager Frank DiLeo y responsables de la promotora AEG Live, se reunió para diseñar una estrategia orientada a maximizar los ingresos a partir de los activos de Jackson. De ese plan salió la idea de convertir en documental las grabaciones de los ensayos de la gira que preparaba antes de morir, proyecto que desembocó en Michael Jackson’s This Is It.
El documental, estrenado en octubre de 2009, recaudó más de 265 millones de dólares en taquilla mundial y generó otros cien millones largos en ventas de DVD, banda sonora y merchandising. Para el legado, supuso aproximadamente 200 millones de ingresos y marcó el inicio del periodo más lucrativo de la historia de Michael Jackson, ya sin él vivo.
Desde entonces, los ejecutores han ido vendiendo activos clave -como el rancho Neverland, el catálogo ATV de 4.000 canciones y la mitad de los derechos de su propio repertorio a Sony- mientras impulsaban nuevos lanzamientos, espectáculos y productos asociados. La revista Forbes calcula que, desde 2009, el legado ha generado más de 3.500 millones de dólares, situando a Jackson como la celebridad fallecida con mayores ingresos en 13 de los últimos 16 años.
No todo ese dinero ha llegado a la familia: una parte importante se ha destinado al pago de impuestos, a liquidar las deudas acumuladas por el artista y a afrontar un sinfín de pleitos relacionados con el testamento de 2002 y el reparto de la fortuna. Las tensiones entre los ejecutores, la madre de Jackson y sus tres hijos se han convertido en un telón de fondo constante, que alcanza también a la financiación y el control creativo de Michael.
División dentro de la familia Jackson y ausencias sonadas
La familia Jackson ha jugado un papel central en la gestación de la película, pero no todos los miembros comparten el mismo entusiasmo. En las alfombras rojas y preestrenos han sido especialmente visibles La Toya, Jackie, Jermaine y Marlon Jackson, que han respaldado tanto el proyecto como la interpretación de Jaafar.
Según el productor Graham King, el primogénito de Michael, Prince Jackson, estuvo presente casi a diario en el rodaje y figura además como productor ejecutivo. Su hermano Bigi (antes conocido como Blanket) también ha apoyado el lanzamiento asistiendo a estrenos como el de Berlín, donde se congregaron miles de fans del cantante.
El caso de Paris Jackson, en cambio, es muy distinto. La hija del artista ha sido una de las voces más críticas con el biopic. Ella misma ha explicado que leyó uno de los primeros borradores del guion y envió comentarios sobre pasajes que consideraba inexactos o deshonestos, pero, al no ver cambios posteriores, decidió desvincularse. En redes sociales ha reiterado que, en su opinión, se trata de una obra de Hollywood, controlada y repleta de omisiones, que muchos fans disfrutarán pero que no refleja la complejidad real de su padre.
Además, Paris mantiene una demanda contra los ejecutores del legado, a quienes acusa de realizar una inversión demasiado arriesgada con la película y de haberse beneficiado personalmente con honorarios muy elevados. La disputa incluye incluso la forma en que ellos mismos son representados en la cinta a través de actores conocidos, como el propio Miles Teller en el papel de John Branca.
Otra ausencia destacada en Michael es la de Janet Jackson, la hermana pequeña y otra de las grandes figuras del pop mundial. Pese a que su carrera explotó precisamente durante el periodo que abarca la película, con álbumes como Control y Rhythm Nation 1814, su nombre ni siquiera se menciona en pantalla.
La Toya Jackson ha explicado que a Janet se le ofreció participar o permitir que se la representara en la historia, pero ella rechazó cortésmente la propuesta. Según informaciones publicadas en la prensa estadounidense, Janet se habría mostrado molesta tras una proyección privada previa al estreno, hasta el punto de telefonear a su hermano Jermaine para expresar su descontento con el enfoque del film.
Críticas enfrentadas: éxito entre el público, recelo entre los especialistas
En el plano crítico, la recepción de Michael ha sido todo menos unánime. Pese a que el público general está valorando la película de forma muy positiva -plataformas como Rotten Tomatoes reflejan una enorme diferencia entre la puntuación de espectadores y la de prensa especializada-, muchos críticos señalan que estamos ante una visión excesivamente amable y controlada de la figura de Jackson.
Entre las reseñas más duras, se repite la idea de que la cinta funciona como una gran máquina de hacer dinero para el legado del cantante, más que como un retrato profundo y matizado. Algunos medios han llegado a calificarla como un producto cínico, un relato televisivo de sobremesa o una postal estilizada que se queda en la superficie de un personaje extremadamente complejo.
Otros analistas, en cambio, adoptan una postura más matizada: consideran que, como biografía de corte clásico centrada en la música y el ascenso al estrellato, la película cumple con creces, especialmente para quienes crecieron con sus discos y videoclips. En este grupo se valora el trabajo de Jaafar Jackson, la recreación visual de las giras y videoclips y la utilización de las voces originales del artista en los números musicales.
La gran fractura está, casi siempre, en lo que no se cuenta. El hecho de que no aparezca ni una referencia directa a las acusaciones de abuso sexual infantil, a los procesos judiciales ni al documental Leaving Neverland ha llevado a algunos periódicos británicos y estadounidenses a hablar de problema casi fatal de credibilidad. Otros opinan que, al omitir esa parte de la historia, la película evita precisamente aproximarse a la humanidad del personaje, con sus luces y sombras.
La polémica de lo que se deja fuera: redadas, acuerdos y censuras legales
Uno de los capítulos más discutidos en torno a Michael tiene que ver con el proceso de escritura, rodaje y posterior recorte del tercer acto. Antoine Fuqua ha reconocido que la versión inicial comenzaba con la redada policial de 1993 en Neverland, donde Jackson fue fotografiado desnudo por los investigadores en busca de pruebas que respaldaran las acusaciones de Jordan Chandler, un niño de 13 años.
Ese planteamiento habría permitido conectar directamente los años de fama descomunal con el desplome público de su reputación. Sin embargo, la ya mencionada cláusula del acuerdo extrajudicial con la familia Chandler, que prohibía su representación o mención en una película, obligó a los responsables del film a rehacer toda esa parte. El resultado es una cinta que concluye en el punto álgido de Bad y deja fuera no solo las acusaciones de los noventa, sino también el resto de su trayectoria hasta 2009.
Medios especializados como Variety y Puck han detallado que el guion original incluía secuencias con luces de policía reflejadas en el espejo mientras el cantante se miraba a sí mismo y la llegada de investigadores a Neverland. Todas esas escenas se han quedado en el cajón, y las nuevas filmaciones se han centrado en reforzar el tono de celebración musical y en profundizar en la relación de Michael con su padre y con su propia imagen artística.
Esta reorientación no ha convencido a todo el mundo. Críticos y especialistas en cultura pop apuntan que, al omitir deliberadamente los episodios más turbios, la película se convierte en una especie de relato oficial de la familia y del legado, donde las aristas se pulen y los conflictos se desplazan fuera de campo. Algunos comparan la maniobra con lo que ocurrió en Bohemian Rhapsody, donde determinados aspectos de la vida privada de Freddie Mercury se abordaban de forma muy parcial.
El propio Dan Reed, director del documental Leaving Neverland, ha vuelto a intervenir en el debate equiparando la gravedad de las acusaciones contra Jackson con otros casos recientes de abuso cometidos por figuras poderosas. Sus declaraciones han avivado todavía más la polémica en un momento en que el biopic lidera la taquilla internacional.
¿Habrá secuela? La historia inconclusa de los años noventa y dos mil
Uno de los temas que más comentarios ha generado entre los espectadores europeos es la posibilidad de que Michael tenga segunda parte. La propia película parece sugerirlo: justo antes de los créditos finales aparece en pantalla la frase «His story continues» («Su historia continúa»), una especie de guiño que muchos han interpretado como confirmación encubierta de una secuela ya en desarrollo.
Lionsgate, por ahora, se mantiene prudente. Desde el estudio han señalado que aún no hay anuncio oficial de segunda entrega, aunque reconocen que el equipo creativo está trabajando activamente para dejar preparada la opción de continuar la historia si la primera parte consolida su éxito comercial. Graham King, el productor, ha añadido que alrededor del 30 % del material rodado pero descartado podría reutilizarse para futuras películas.
Si el proyecto siguiera adelante, la hipotética secuela tendría terreno de sobra: quedan por narrar las giras Dangerous y HIStory, los álbumes Dangerous, HIStory: Past, Present and Future, Book I e Invincible, la mudanza definitiva a Neverland, los matrimonios, el papel de la paternidad, la evolución física del cantante y su intensa relación con los medios de comunicación.
La gran incógnita es cómo abordar las acusaciones de abuso sexual y las múltiples batallas legales sin tropezar de nuevo con las limitaciones que imponen los acuerdos de confidencialidad firmados en vida por Jackson. Variety recuerda que, incluso si se salvan las restricciones contractuales, el equipo creativo tendría que decidir si mantendrá la línea actual de evitar cualquier referencia directa a las denuncias o si asumirá el riesgo de tratarlas de frente.
De momento, el éxito de la primera película y la respuesta especialmente fuerte en mercados internacionales, incluida Europa, refuerzan la idea de que el personaje sigue despertando un interés masivo entre varias generaciones, lo que, a ojos de los estudios, convierte una posible secuela en una opción tentadora aunque también delicada.
Con Michael, Hollywood ha puesto en marcha uno de los biopics musicales más ambiciosos jamás rodados, una superproducción que combina récords de taquilla, conflictos legales, intereses económicos gigantescos y una familia dividida en torno a cómo debe contarse la historia de su miembro más famoso. El resultado es una película que entusiasma al público por su despliegue musical y la entrega de su protagonista, pero que al mismo tiempo reabre viejas heridas, deja grandes preguntas sin responder y demuestra que el legado de Michael Jackson sigue siendo, a partes iguales, un fenómeno cultural y un territorio en permanente disputa.
