
La ciencia ha dado recientemente un paso de gigante para intentar solventar uno de los mayores quebraderos de cabeza de la sanidad actual: la falta de donantes. Un equipo de investigadores ha logrado el nacimiento del primer cerdo clonado con modificaciones genéticas específicas para que sus órganos puedan ser compatibles con el ser humano, marcando un antes y un después en la investigación biomédica fuera de las grandes potencias habituales.
En este proceso, se han desactivado tres genes que suelen provocar que el cuerpo humano rechace de forma fulminante cualquier tejido extraño, un avance que coloca a este desarrollo en el selecto club que ya integran Estados Unidos y China. Aunque la noticia se ha gestado en Argentina, el impacto es global, ya que la técnica utilizada abre la puerta a que centros de investigación en Europa y España puedan replicar modelos similares para reducir las interminables listas de espera.
¿Por qué cerdos para salvar vidas humanas?

La técnica conocida como xenotrasplante, que consiste en el trasplante de células, tejidos u órganos de una especie animal a una persona, ha encontrado en el cerdo al candidato ideal. Esto no es por casualidad, sino porque estos animales presentan una similitud anatómica y fisiológica sorprendente con nosotros, además de tener un ciclo reproductivo muy rápido que facilita la investigación a gran escala.
El gran escollo siempre ha sido que nuestro sistema inmunitario identifica el órgano del cerdo como un invasor total y lo destruye en cuestión de minutos. Para evitar esto, los científicos de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Martín han trabajado mano a mano con la startup CrofaBiotech, utilizando la tecnología CRISPR-Cas9 para editar el ADN de los lechones y volverlos «invisibles» a nuestras defensas.
La ingeniería del Triple Knockout

Lo que hace especial a este ejemplar es que su ADN ha sido diseñado bajo el concepto de triple knockout. En la jerga científica, esto significa que se han «apagado» tres genes específicos responsables de desencadenar esa respuesta inmune agresiva que suele arruinar los trasplantes entre especies diferentes.
El éxito del proyecto no solo radica en la edición, sino en que se ha logrado que el animal nazca y crezca sano bajo un estricto control veterinario. Según los expertos implicados, como Adrián Mutto, este hito permite soñar con un futuro donde no se dependa exclusivamente de la generosidad de los donantes humanos, cuya tasa de disponibilidad apenas cubre el diez por ciento de la demanda mundial según la OMS.
Un procedimiento quirúrgico de alta precisión

El camino desde el laboratorio hasta el chiquero ha sido una auténtica obra de ingeniería quirúrgica. A diferencia de una inseminación convencional, en este caso se realizó una laparotomía mínimamente invasiva para implantar los embriones ya editados y fecundados directamente en el conducto natural que conecta el ovario con el útero de la cerda receptora.
Este método permitió que se implantaran hasta 120 embriones editados en una sola intervención, asegurando una tasa de éxito mucho mayor que las técnicas tradicionales. Marcelo Acerbo, especialista en reproducción porcina, ha señalado que ellos son los encargados de velar por la gestación y el parto, asegurando que los lechones nazcan en condiciones óptimas para su posterior crianza en entornos de máxima bioseguridad.
Órganos a la carta y el camino que queda por delante

El siguiente paso en este ambicioso proyecto es sumar todavía más modificaciones genéticas, hasta alcanzar un total de diez o doce cambios. Esto incluiría el bloqueo de las hormonas del crecimiento, algo fundamental para evitar que un corazón o un hígado de cerdo crezca demasiado dentro del cuerpo de un humano, ya que un animal adulto puede superar fácilmente los 200 kilos de peso.
Incluso se está trabajando con razas de menor tamaño, conocidas como mini-pigs, cuyos órganos serían perfectos para pacientes pediátricos. La meta final es establecer un criadero bioseguro de órganos donde los animales se crucen de forma natural y transmitan estas ediciones genéticas a su descendencia, eliminando la necesidad de realizar clonaciones individuales para cada paciente.
Esta investigación marca el inicio de una etapa de validación que durará varios años y requerirá de estudios preclínicos exhaustivos antes de que veamos el primer órgano porcino funcionando en una persona de forma masiva. Los datos actuales son muy prometedores, ya que las pruebas preliminares indican que el sistema inmunitario humano no reconoce como extraño entre el setenta y el ochenta por ciento de las células modificadas, lo que supone una esperanza real para las miles de personas que aguardan un trasplante cada año.