Cada 31 de mayo el calendario ambiental se tiñe de colores para celebrar el Día Mundial del Loro, una efeméride que nació hace ya dos décadas de la mano del World Parrot Trust. En las calles y hogares de España, estas aves no solo son admiradas por su llamativo plumaje, sino que se han convertido en uno de los animales de compañía más populares, aunque esto último conlleva una responsabilidad ética y clínica que no siempre se llega a cumplir del todo.
La jornada no solo sirve para compartir curiosidades en redes sociales, sino para poner sobre la mesa la delicada situación de las psitácidas en todo el planeta. Resulta que, a pesar de ser de los animales más brillantes del reino animal, cerca de un tercio de sus especies están contra las cuerdas por culpa de la pérdida de sus bosques nativos y un comercio clandestino que, por desgracia, sigue encontrando demanda en mercados internacionales.
Un cerebro prodigioso y una capacidad social única
Lo que hace que los loros nos dejen con la boca abierta no es solo su capacidad para repetir frases, sino la compleja estructura cerebral que lo permite. Estas aves poseen una red especializada para el aprendizaje vocal y el control motor, lo que les facilita imitar desde la voz humana hasta alarmas domésticas. Sin embargo, los expertos aclaran que imitar no siempre es entender; muchas veces asocian sonidos a rutinas sociales para integrarse en su «bandada», ya sea esta de aves o de humanos.
Desde el ámbito veterinario en España, se insiste en que estas aves son animales extremadamente sociales que en libertad viven en grandes grupos. Por ello, la soledad es su peor enemigo. Cuando un loro vive en un hogar, necesita estímulos mentales y atención constante para no desarrollar problemas de conducta. No son adornos que se quedan quietos en una jaula, sino seres que reclaman afecto y que pueden reconocer perfectamente las voces y estados de ánimo de sus cuidadores.
El drama del tráfico ilegal y el mascotismo mal entendido

Uno de los datos más escalofriantes que se manejan en este Día Mundial del Loro es que, en el mercado negro, nueve de cada diez ejemplares mueren durante el transporte o debido al estrés de la captura. Esta mortalidad tan alta hace que cada loro que vemos de origen dudoso esconda una tragedia detrás. En España y el resto de Europa, la legislación es cada vez más estricta para evitar la posesión de especies protegidas que han sido arrancadas de sus hábitats en África o América Latina.
Incluso cuando el origen es legal, el «mascotismo» irresponsable sigue siendo un reto. Muchas personas compran un loro por un impulso tras ver un vídeo viral, sin tener en cuenta que son animales de una longevidad asombrosa, pudiendo vivir varias décadas. Al ser especies silvestres que no han pasado por un proceso de domesticación como los perros, sus instintos permanecen intactos, lo que puede derivar en frustración y agresividad si el entorno no es el adecuado para sus necesidades biológicas.
Cuidados esenciales: más allá de las pipas de girasol

La salud de un loro en cautividad suele ser un quebradero de cabeza para los veterinarios especializados en exóticos. El error más común en nuestro país sigue siendo alimentarlos exclusivamente con semillas. Una dieta basada solo en pipas provoca deficiencias vitamínicas y enfermedades hepáticas graves que acortan drásticamente su vida. Lo ideal, según los profesionales de centros como Kivet, es una combinación de pellets formulados, vegetales frescos y frutas, huyendo de los mitos que sugieren darles comida humana o pan.
Además de la nutrición, el ambiente es vital. Un loro necesita espacio para ejercitarse, juguetes que supongan un reto intelectual y, a ser posible, acceso a luz solar directa o lámparas de luz ultravioleta específicas. Sin estos elementos, es muy frecuente ver cuadros de picaje o automutilación de plumas, que es la forma que tienen estas aves de expresar que su bienestar psicológico está por los suelos debido al aburrimiento o la falta de sol.

Al final del día, lo que queda claro es que convivir con un loro es una carrera de fondo que requiere compromiso, paciencia y mucha formación previa. Respetar su naturaleza silvestre y asegurar su bienestar físico y mental es la mejor forma de celebrar esta fecha, garantizando que estas aves tan carismáticas sigan surcando los cielos y llenando de vida nuestros ecosistemas durante muchos años más, ya sea en libertad o bajo el cuidado responsable de los humanos.
