Adam Driver y Scarlett Johansson protagonizan 'Historia de un matrimonio', por Noah Baumbach

Crítica de ‘Marriage Story’

El modo en que los personajes de las películas de Noah Baumbach ejecutan el simple acto comunicativo para tratar de hacerse entender entre ellos entraña un catastrofismo divertido (por atropellado), bello (por real) y doloroso (por extremadamente real). Éste era el ingrediente número uno de su anterior trabajo de hace dos años, The Meyerowitz stories, una película en la que bien podríamos haber seguido escuchando parlamentos y contrarréplicas ensimismadas entre Hoffman, Stiller y Sandler durante diez horas más sin que por ello se hubiese resentido lo más mínimo el magnetismo de la película. Por eso, la idea de experimentar con la misma fórmula en una trama de riñas de alcoba entre dos jóvenes hermosos (Scarlett Johansson y Adam Driver) con un hijo de ocho años en común resultaba, de entrada, muy prometedora.

La primera estafa (la del título de la película, Marriage story) queda bien patente tras la conclusión de su formidable primera escena. Si bien se podría argüir que Baumbach ha optado por explicar mediante los cascotes la composición de lo que en tiempos felices fue gozoso muro, la narración estrictamente cronológica confirma que estamos ante la historia de un divorcio. Esta estafa carece de importancia, pero es una medio trampa llamativa, sobre todo si uno acude al cine sólo atraído por el póster y/o el título de la película. Con el tráiler, la cosa cambia:

La segunda estafa (basada en la premisa de que seremos testigos de una narración igualitaria entre dos partes enfrentadas) sí tiene algo más de pedigrí, y llega a mitad de película, cuando el director opta por tomar partido y asignar de forma velada quién es «el ganador» y quién «el perdedor» (terminología abogacil muy presente y que ayuda en la deshumanización constante del proceso de separación conyugal, muy a lo Crueldad intolerable de los geniales Coen). Si pasamos por alto esta ligera disonancia entre lo anunciado que veríamos y lo que terminamos viendo, Historia de un matrimonio se presenta como un potente mix de amargura y realismo descarnado difícil de ver y de procesar.

Baumbach estira los diálogos sin miedo a resultar pesado. Las escenas son meticulosas, están cuidadas con mimo extremo y engarzadas con perfección. La peculiar idiosincrasia del matrimonio (empeñado en normalizar la separación) lo deja todo perdido de momentos rugosos y punzantes. Perlitas de vida que ya no tienen utilidad alguna y que ponen de manifiesto el ocaso de un statu quo que anuncia su despedida sin que haya nada que se pueda hacer al respecto (más allá de compadecerse por el silencio con el que se produce el cataclismo entre los ahora desconocidos).

La atmósfera predominante recuerda a la magistral The Square (palma de oro en Cannes 2017) por lo incómodo de saberse especie civilizada cuando a ésta le abandonan las palabras; cuando la comunicación verbal se torna futil y desarmada, dejándolo todo perdido de memoria y patetismo humano.

Sobre todo humano.

‘Marriage story’: anatomía de las rarezas de la raza humana

Ojos rojos, pelos enmarañados, miembros fuera de sitio, piel de más, poros supurantes y algún que otro canalillo de sangre que se escapa. Cuerpos tan inestables como las emociones. Puñetazos y lágrimas con voluntad propia. El uso de la fotografía tan amarilla (y el milagro extravagante de ver a un ser de tan altísimo atractivo como Scarlett Johansson en una condición cercana a la de la fealdad) acentúan la sensación de estar viendo no a dos personas con problemas, sino a dos organismos humanos autónomos incapaces de hacer funcionar sus cerebros todo lo bien que quisieran.

Los protagonistas de Historia de un matrimonio están tan a la deriva que el problema no es sólo que no sean capaces de hacerse entender entre ellos: es que no son capaces de entenderse ni con sus propios cuerpos. A ratos pareciera un estudio extraterrestre sobre las rarezas de la raza humana.

Si esta película hubiese salido en los ochenta, el interrogante giraría en torno al QUÉ (va a pasar). Aquí sólo interesa el CÓMO: la exposición de los motivos que impiden que estas dos personas puedan convivir en la misma frecuencia es cristalina y no deja espacio para la esperanza. El espectador, lejos de elegir por quién decantarse de los dos , no puede más que divagar y lamentarse por la naturaleza tan obtusa que conforman los mecanismos de los que está hecha la vida misma. Descartado el arreglo, al espectador sólo le queda empatizar con el niño y rezar por que el tormento de sus padres presente los menos baches posibles. Es una película muy triste, y esto es algo muy bueno, porque estar triste es estar vivo.

7/10

Título original: Marriage Story
Año: 2019
Duración: 136 min
País: Estados Unidos
Dirección: Noah Baumbach
Guion: Noah Baumbach
Música: Randy Newman
Fotografía: Robbie Ryan