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Pronto llegará el día en el que miraremos atrás y diremos "sí, nos emocionamos de más con ésa". La más valiosa de las enseñanzas que nos deja 'Joker' es también la que uno menos podría haber anticipado. De ahí el sobresalto: la mejor película de superhéroes es una que no contenga superhéores. 
Joaquin Phoenix en 'Joker', dirigida por Todd Phillips

Joaquin Phoenix en 'Joker', dirigida por Todd Phillips

Joker se estrenó en cines antes de que esta web existiera, pero no queríamos pasar por alto la oportunidad de mencionar uno de los acontecimientos culturales de 2019. O mejor dicho EL acontecimiento. Dominada por la opresión de una atmósfera lúgubre y solitaria con olor a ratas marca de la casa Taxi Driver (Martin Scorsese estuvo a dos llamadas telefónicas de producirla y dirigirla), Joker (8,2 de nota en FilmAffinity) será a todas luces el hito cinematográfico (o el icono, si se prefiere) que más veremos asociado al 2019 en los futuros anuarios recopilatorios y especiales de televisión. Joker es ese niño superdotado que teníamos en nuestra clase. Ese chaval irreverente que se sabía superdotado, tan chulito el pobre, pero superdotado, al fin y al cabo.

Vivimos extravagantes tiempos de sumarísima hiper categorización en los que todo lo que no sea susceptible de ser etiquetado de obra maestra tendrá ya pie y medio en la cajonera de la basura. Y viceversa. Joker ya es la película de adultos con mejor taquilla de toda la historia del cine así como la película basada en cómics que más dinero ha ganado con un presupuesto más bajo. Últimamente estamos haciendo historia por encima de nuestras posibilidades y claro, sucede lo inevitable: todos nos ponemos nerviosos. Luego, pasan los meses, se sienta la polvareda y la gravedad se encarga de poner orden.

Crítica de Joker, de Todd Phillips

Por tono, guión, ausencia de capas negras y Joaquin Phoenix, ya con el primer tráiler de adelanto de Joker nos asaltó cierto hormigueo de novedad: aquello amenazaba con ser algo más que otro reboot del enemigo de Batman de los pelos verdes. Y lo fue. Pero tampoco nos volvamos locos, por favor, calma en la sala. La cinta no está ni cerca del top 10 de películas de 2019 en Metacritic (59 de nota media). Esto debería decirnos algo al respecto.Ojo: tampoco es que Joker se merezca el 20/100 de Time.

En cierto modo, Joker es un reboot sí. Pero de El rey de la comedia. La película de Martin Scorsese (de 1983) es, a ratos, una plantilla sobre la que Joker va ofreciendo una actualización moderna.

Pronto llegará el día (si no está ya aquí) en el que miraremos atrás y diremos “sí, nos emocionamos de más con ésa”. La más valiosa de las enseñanzas que nos deja Joker es también la que uno menos podría haber anticipado. De ahí el sobresalto: la mejor película de superhéroes resultó ser una que no contenía superhéroes. Joker es el ejercicio más introspectivo y libre de explosiones al que jamás se enfrentará el espectador medio de TransformerY esto es bueno para la cultura general, pero peligroso para la taquilla futura de DC y sus ambiciones expansionistas en el género de las películas de súperhéores de las de pensar. Veremos.

A ratos, Joker está como Phoenix y De Niro: mirándose al espejo y hablándose a ella misma mientras se atusa el pelo. Toda ella es autoconsciencia (limítrofe con la pose) de que hay gente mirándola. Toda ella es simbolismo pop: desde el personaje principal (un tipo que se llama Happy y al que le cuesta sonreír), a su vestimenta, las dichosas escaleras y el concepto mismo de la depresión, afección más extendida por el mundo hoy día dentro de sus distintos grados de intensidad. Que estemos todos un poco tristones ayuda en buena medida a empatizar con la oscurísima e irreal Gotham que nos presenta Todd Phillips.

Aunque Gotham siempre fue un lugar de darle poco el sol, vista desde la óptica del protagonista Happy la ciudad (y la sociedad) se vuelven pura pesadilla. Y esto es lo mejor de Joker: el modo en que, a partir de lo de fuera, Phillips nos describe el interior de esta hermosa y abandonada criatura a su suerte que es Happy. 

A estas alturas de la crítica, incluso habrá gente que pensará que no nos ha gustado Joker.

Es a raíz de la gran revelación cuando el revisionado de Joker se hace obligatorio. Con él se evidencia lo mucho y bien que este desnortado animal malherido está describiéndonos a todos nosotros: sus dos necesidades vitales son también las dos prioridades básicas que hoy empujan el planeta: deseo de amor y necesidad de reconocimiento por parte de tus semejantes. Lo otro, la violencia, la sangre, la guerra, es mero efecto colateral. Happy  tiene probablemente una calidad humana superior a la media: ninguna ambición de poder o de dinero (más allá del garante del sustento básico) hay en Happy. Él sólo quiere ser refrendado; obtener el visto bueno por parte de la misma sociedad que le ha emponzoñado el alma.

El mérito de Todd Phillips es incontestable. Consigue tenernos pegados a la butaca durante dos horas angustiosas con escenarios de cloaca y una trama, personajes y atmósfera que invitan al ahorcamiento. Dos horas sostenidas únicamente por un actor que bien se habrá merecido el Óscar a la mejor interpretación en caso de agenciárselo. El final de la película es sublime. Uno termina de ver Joker sintiéndose culpable, sin saber muy bien de qué.

Joker es una de las mejores películas del 2019, pero no la película de 2019.

7/10

 

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