Constelaciones y Derivas en el Museo MARCO: una nueva mirada al arte latinoamericano

  • La exposición "Constelaciones y Derivas" revisa la Colección FEMSA en el Museo MARCO mediante cinco grandes ejes temáticos.
  • Reúne 174 obras seleccionadas de un acervo de más de mil piezas y más de 100 artistas clave del arte latinoamericano.
  • Rompe con el recorrido cronológico y propone una red de conexiones entre épocas, territorios e identidades.
  • Incluye proyectos especiales y obras comisionadas que activan el espacio del museo más allá de la sala de exhibición.

Exposición Constelaciones y Derivas en el Museo MARCO

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) acoge la muestra «Constelaciones y Derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA», un proyecto que replantea cómo nos acercamos al arte del continente. Lejos de organizar las piezas como una simple línea de tiempo, la propuesta anima al visitante a recorrer un entramado de relaciones, afinidades y tensiones entre obras, periodos y contextos.

En el contexto del 50 aniversario de la Colección FEMSA, esta exposición se convierte en una de las revisiones más amplias de su acervo realizadas en México. A partir de una selección representativa, el recorrido se plantea como un mapa abierto: más que ofrecer una única versión de la historia del arte latinoamericano, invita a encontrar múltiples lecturas desde el presente y a reconocer la diversidad de miradas que han configurado la región.

Una revisión ambiciosa del acervo de la Colección FEMSA

La muestra en MARCO se presenta como la revisión más completa de la Colección FEMSA en territorio mexicano. En sala se exhiben 174 obras clave, extraídas de un acervo que supera ampliamente las mil piezas, algo que da una idea de la envergadura y profundidad de la colección.

Estas obras han sido producidas por más de 100 artistas que han marcado distintas etapas del arte de América Latina, desde los inicios de la modernidad hasta las prácticas contemporáneas. Entre los nombres más reconocidos figuran Diego Rivera, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Joaquín Torres-García y Jesús Rafael Soto, cuyas piezas dialogan con trabajos de creadores más recientes, generando encuentros inesperados entre generaciones.

El proceso de selección y organización de la exposición ha requerido un trabajo curatorial minucioso que se prolongó durante aproximadamente tres años. Según ha explicado el equipo responsable, no se trataba solo de escoger obras destacadas, sino de pensar cuidadosamente cómo se activarían en el espacio arquitectónico de MARCO y qué vínculos podían establecerse entre ellas para construir una narrativa abierta al cuestionamiento.

Además del volumen de obras y artistas implicados, la exposición supone para la Colección FEMSA un hito en su trayectoria, al consolidar su presencia en un museo de referencia y mostrar una parte significativa de su acervo bajo una lectura renovada. Este esfuerzo conjunto con MARCO refuerza el papel de la ciudad de Monterrey como uno de los puntos neurálgicos del arte contemporáneo en el ámbito latinoamericano.

Cinco constelaciones para recorrer el arte latinoamericano

En lugar de seguir un orden cronológico al uso, el proyecto propone un dispositivo basado en «constelaciones» o ejes temáticos que articulan el conjunto. Esta estructura invita a entender el arte como una red de conexiones, donde las obras se agrupan por afinidades conceptuales, estéticas o políticas más que por fechas o estilos cerrados.

La exposición se organiza en cinco grandes líneas de investigación: territorios, estructuras coloniales, abstracción, alquimia e identidades. Estas constelaciones funcionan como puntos de partida para abordar debates muy presentes en América Latina, como la fragilidad de las fronteras, la persistencia de los legados coloniales, la exploración formal y la construcción de subjetividades en contextos cambiantes.

En la constelación de territorios, por ejemplo, se exploran las relaciones entre cuerpo, paisaje y ciudad, así como las maneras en que el espacio se habita, se disputa o se imagina. El eje de estructuras coloniales pone el foco en las huellas históricas que aún condicionan la vida social y cultural de la región, desde la representación de los cuerpos hasta la organización del poder.

Por su parte, los apartados dedicados a la abstracción y la alquimia se centran en los lenguajes formales, la experimentación con materiales y la búsqueda de nuevas formas visuales para expresar transformaciones profundas. Finalmente, la constelación de identidades examina cómo artistas de distintas generaciones han abordado cuestiones de género, pertenencia, memoria y diferencia, reflejando una América Latina múltiple y en constante redefinición.

Tal y como señalan los responsables de la muestra, la idea de las constelaciones no es ofrecer respuestas cerradas, sino formular preguntas con las que cualquier visitante pueda sentirse interpelado: qué lugar ocupa, cómo se relaciona con su entorno y de qué manera se construye a sí mismo dentro de una historia común, pero atravesada por muchas experiencias distintas.

Un equipo curatorial y un enfoque en red

Para articular este planteamiento, la exposición cuenta con un equipo curatorial integrado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo, Beto Díaz Suárez y Adriana Melchor. Su trabajo ha consistido en revisar el acervo desde una perspectiva actual, cuestionando jerarquías tradicionales y proponiendo nuevas asociaciones entre las obras.

Este grupo de comisariado ha apostado por romper con la idea de una única historia del arte latinoamericano. En lugar de construir un relato lineal, ha buscado mostrar cómo diferentes narrativas se cruzan, se superponen o entran en tensión, dependiendo de los puntos de vista y de los contextos desde los que se miren las piezas.

En ese sentido, la metodología se basa en establecer diálogos entre obras de distintas épocas y procedencias. Así, un trabajo moderno puede convivir con una propuesta contemporánea en la misma sala, no por compartir fecha, sino por abordar una preocupación similar sobre el cuerpo, el territorio o la memoria, lo que da pie a lecturas más complejas y menos previsibles.

El proceso también ha tenido muy en cuenta las características arquitectónicas y simbólicas de MARCO. El diseño del recorrido, la disposición de las obras y el uso de los espacios responden a la intención de activar al visitante, invitándole a circular entre núcleos temáticos y a tejer su propia travesía por la exposición, más que seguir un itinerario único y preestablecido.

Según ha subrayado el equipo, esta colaboración con MARCO permite conectar la Colección FEMSA con públicos diversos, tanto locales como internacionales, abriendo el debate sobre cómo se cuenta hoy la historia del arte latinoamericano y qué voces se incorporan a ese relato.

Artistas fundamentales y obras emblemáticas

La presencia de figuras históricas como Diego Rivera, Rufino Tamayo, María Izquierdo y Joaquín Torres-García sitúa la exposición en diálogo con momentos clave del arte moderno en el continente. Sus obras, muy reconocibles para buena parte del público, funcionan como anclas desde las que se expanden nuevas conexiones hacia otras piezas menos conocidas.

Junto a estos nombres, la muestra incorpora trabajos de artistas como Jesús Rafael Soto, cuya investigación en torno a la percepción y el movimiento amplía la constelación dedicada a la abstracción. Esta combinación de obras consolidadas y exploraciones experimentales permite apreciar la amplitud de registros presentes en la Colección FEMSA.

La selección no se limita al canon más difundido; también integra voces que han ido ganando visibilidad en años recientes, contribuyendo a matizar y complejizar la imagen del arte latinoamericano. Estas piezas dialogan con las de los grandes maestros, evidenciando continuidades, rupturas y relecturas críticas.

La convivencia entre obras históricas y prácticas actuales subraya cómo muchas preocupaciones se mantienen vigentes: la representación de los cuerpos, la relación con la naturaleza, las tensiones entre lo local y lo global o la manera de afrontar los traumas colectivos. Verlas reunidas en un mismo espacio permite trazar hilos que conectan distintas generaciones y contextos.

En conjunto, la exposición ofrece una panorámica amplia pero no cerrada del arte del continente, en la que cada visitante puede detenerse en aquellos núcleos que más le interpelen y construir sus propios recorridos a partir de afinidades personales o intereses específicos.

El museo como espacio vivo: proyectos y activaciones

Más allá de la exhibición de obras en sala, «Constelaciones y Derivas» se concibe como un proyecto que busca activar el museo como lugar de encuentro. Uno de los ejemplos más destacados es la obra comisionada al artista argentino Ad Minoliti, pensada para ponerse en marcha mediante talleres, conversaciones y otras actividades con el público.

Esta pieza funciona como un dispositivo pedagógico y lúdico que rompe con la idea de la obra intocable y se presta a ser usada, intervenida o habitada, en línea con las preocupaciones de la exposición por cuestionar estructuras fijas y abrir el espacio a nuevas formas de participación.

Otro de los ejes del proyecto es «Rutas Metabólicas», una iniciativa que traslada parte de la experiencia de la muestra al restaurante del museo. A través de colaboraciones con cocineros invitados, se diseñan menús inspirados en las constelaciones temáticas, estableciendo un puente entre arte, gastronomía y prácticas cotidianas.

Con este tipo de acciones, el museo se plantea como un ecosistema en el que distintas disciplinas se cruzan, ampliando la forma en que el público se relaciona con los contenidos. No se trata solo de mirar, sino también de conversar, probar y compartir, integrando la visita en la vida diaria de quienes se acercan a MARCO.

Para la dirección del museo, esta colaboración con la Colección FEMSA refuerza el papel de Monterrey como un polo relevante en el circuito del arte contemporáneo, al tiempo que propone una lectura crítica y actualizada de la relación entre el legado colonial, los modernismos y las prácticas más recientes en América Latina.

Fechas, público y claves para la visita

La exposición «Constelaciones y Derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA» permanece abierta al público hasta el mes de agosto, lo que ofrece un margen amplio para organizar la visita y recorrer con calma las distintas constelaciones que la componen.

El planteamiento de la muestra está diseñado para interesar tanto a especialistas como a personas que se acercan por primera vez al arte latinoamericano. La claridad de los núcleos temáticos y la presencia de obras muy reconocibles facilitan la entrada al recorrido, mientras que las conexiones menos evidentes invitan a investigadores y profesionales a revisar sus propios marcos de lectura.

Quienes se acerquen a MARCO encontrarán un espacio en el que las obras no se presentan como piezas aisladas, sino como nodos de una red más amplia de historias y problemas compartidos. Esta perspectiva resulta especialmente sugerente para quienes quieran entender cómo se entrelazan arte, política y vida cotidiana en el contexto latinoamericano.

Al situar en un mismo plano obras de distintas épocas, la muestra permite observar de qué manera ciertas preguntas se reformulan con el paso del tiempo: cómo cambian las representaciones del territorio, qué cuerpos aparecen y cuáles se han quedado fuera del relato dominante, o cómo los artistas han respondido a transformaciones sociales y tecnológicas.

En un momento en el que el debate sobre las narrativas históricas está muy presente en museos de Europa y América, la propuesta de «Constelaciones y Derivas» se suma a las iniciativas que cuestionan la idea de un canon único y exploran fórmulas más abiertas, donde el visitante tiene un papel activo en la construcción de sentido.

Como conjunto, la exposición en el Museo MARCO se presenta como una oportunidad para reconsiderar el arte latinoamericano desde nuevas conexiones, dejando de lado recorridos rígidos para apostar por un mapa flexible de territorios, identidades y tiempos superpuestos; un mapa que, más que cerrarse en una verdad definitiva, invita a seguir trazando derivas personales a partir de las obras y sus múltiples resonancias.

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