La banda vallisoletana Celtas Cortos ha dado el pistoletazo de salida a la celebración de sus cuatro décadas de trayectoria con un concierto especial en el Movistar Arena de Madrid. Ante un recinto entregado, el grupo ha repasado su cancionero más emblemático en el primer asalto de la gira 40 años contando cuentos, un proyecto que combina nostalgia, reivindicación y mucha energía sobre el escenario.
Lejos de recrearse únicamente en tiempos pasados, el grupo ha aprovechado esta cita en la capital para dejar claro que se encuentra en plena forma creativa y escénica. Con un sonido cuidadosamente trabajado para el directo y una banda ampliada, Celtas Cortos ha demostrado que su mezcla de folk celta y rock sigue conectando con varias generaciones a la vez, desde quienes les escuchan desde los 90 hasta quienes los descubren ahora.
Un arranque de gira cargado de emociones en Madrid

En un Movistar Arena semiabierto y lleno de expectación, la noche comenzó con una cuenta atrás de 40 segundos proyectada en pantallas gigantes. Justo antes de que se encendieran las primeras luces del escenario, desfilaron en vídeo las felicitaciones de amigos y colegas de profesión como Rulo, Leo Harlem, Dani Mateo, Rozalén, Andrés Suárez o Dani Martín, subrayando el peso que la banda ha tenido en la escena musical española.
El arranque musical vino de la mano de las primeras notas de violín, guitarra y flauta, una declaración de intenciones sobre la importancia que Celtas Cortos concede a la música en directo. Sin artificios innecesarios, el grupo llevó el foco a los instrumentos que han marcado su identidad: gaitas, vientos, cuerdas y percusión sostuvieron un repertorio pensado para ser coreado y bailado sin descanso.
En el escenario, Jesús Cifuentes apareció con una camiseta de tirantes blanca con el mensaje “FUCK ICE”, un detalle que anticipaba el tono crítico y social de buena parte del concierto. Entre canción y canción, el vocalista fue combinando agradecimientos con reflexiones personales sobre el paso del tiempo y la situación actual del mundo, manteniendo ese equilibrio entre fiesta y conciencia que ha caracterizado siempre al grupo.
“40 pedazo de años”, resumió Cifuentes al dirigirse al público junto a sus compañeros Alberto García y Goyo Yeves. El cantante reconoció que el aniversario les ha caído “como una teja en la cabeza”, pero insistió en que la banda prefiere mirar hacia adelante antes que instalarse en la melancolía, agradeciendo de forma explícita el apoyo y el cariño del público madrileño.
Un repertorio que recorre la historia del grupo
El concierto en Madrid se construyó como un viaje por los distintos capítulos de la carrera de Celtas Cortos, desde sus inicios más instrumentales hasta los himnos que hoy forman parte del imaginario colectivo. Temas como ¿Qué voy a hacer yo?, El ritmo del mar o Trágame tierra sonaron con una fuerza renovada, sin perder la rabia y la frescura que los hicieron populares en su momento.
No faltaron clásicos como Retales de una vida, Haz turismo, La senda del tiempo, El emigrante o Skaparate Nacional, lanzados en cadena y sin apenas respiro entre ellos. Estas canciones, que combinan crítica social y emociones cotidianas, llegaron al público con una energía que recordó por qué el directo ha sido siempre el terreno natural de Celtas Cortos.
El clímax emocional se alcanzó con Cuéntame un cuento y 20 de abril, probablemente los dos temas más reconocibles de la banda. En ambos casos, el público se sumó masivamente al canto, dejando prácticamente en segundo plano la voz principal de Cifuentes. La madurez de la banda ha dotado a estas canciones de una carga de honestidad y memoria generacional que las mantiene vigentes décadas después de su lanzamiento.
También hubo espacio para recuperar piezas menos habituales en directo, como Cálida trinchera o Riaño vivo, que conectan con los primeros pasos del grupo y su etapa de fuerte componente instrumental. El propio Cifuentes reconoció que algunas de estas composiciones apenas se habían interpretado en escenario, lo que dio al concierto un valor especial para los seguidores más veteranos.
Una superbanda bien engrasada y una larga trayectoria
Para esta gira de aniversario, Celtas Cortos se ha rodeado de una formación ampliada de siete músicos que apuntala el sonido del grupo con una base rítmica contundente y una sección de vientos muy presente. Sobre el escenario madrileño se dieron cita Diego Martín (batería), Chuchi Marcos (bajo eléctrico), José Luis Sendino (guitarra eléctrica), Antón Dávila (gaita y flauta travesera), Álvaro Zarzuela (trombón y trompeta), Jesús Bravo (teclados y acordeón) y Carlos Soto (saxo barítono y alto), miembro fundador que regresa a la banda para este tour.
El propio Cifuentes definió esta configuración como una “superbanda que suena realmente increíble”, con un despliegue de medios enfocado a ofrecer un “gustazo armónico” y aprovechar todas las posibilidades tímbricas de los instrumentos. La mezcla de folk celta, rock y aromas irlandeses se consolidó a lo largo del concierto, recordando por qué este sonido resultó tan singular en la España de finales de los 80 y los 90.
A lo largo de estos cuarenta años, Celtas Cortos ha acumulado 13 discos de estudio, seis recopilatorios y alrededor de 2.100 conciertos en los que han pasado por sus manos cerca de diez millones de espectadores. Sus grabaciones suman 17 discos de platino y el grupo ha logrado una presencia notable en países como Francia y Alemania, donde su propuesta también ha calado con fuerza.
En el escenario madrileño, esa veteranía se tradujo en un directo sólido y sin concesiones innecesarias. No hubo grandes alardes técnicos ni artificios escénicos desproporcionados; la apuesta pasó por poner el foco en las canciones y en la interacción con el público, apoyándose en una banda engrasada que parece disfrutar tanto como quienes están al otro lado de las vallas.
Parte del encanto de la velada fue comprobar cómo el público ha crecido al mismo ritmo que la banda. Aunque se dejaron ver algunos adolescentes, predominaban los asistentes de la quinta del grupo, muchos de ellos con un vínculo personal con las letras y las melodías que se han convertido en banda sonora de sus propias vidas. La presencia de móviles en alto fue mínima; el ambiente invitaba más a saltar que a grabar.
Reivindicación social y mensajes políticos sobre el escenario
Fieles a su trayectoria, Celtas Cortos aprovecharon la noche madrileña para subrayar el componente de denuncia social que atraviesa buena parte de su discografía. Canciones como Haz turismo, con su claro mensaje antibélico, o Tranquilo majete, centrada en la precariedad y la explotación laboral, resonaron con fuerza en un contexto en el que sus letras continúan resultando actuales.
El momento más explícito llegó con una versión instrumental de Adiós presidente, dedicada en su origen a la salida de Donald Trump de la Casa Blanca. Desde el escenario, el grupo recordó que cada cual puede dirigir esa pieza “al presidente que quiera, incluso al de la comunidad de vecinos”, manteniendo el tono irónico y punzante que caracteriza a este tema. La frase que acompaña la canción, directa y sin rodeos, fue recibida entre risas y aplausos cómplices.
Otro bloque destacado del concierto tuvo como eje la crítica a las políticas migratorias y al papel del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. Con un discurso contundente, la banda denunció los abusos y la violencia sufridos por personas que buscan un futuro mejor, enlazando esta reflexión con la interpretación de El emigrante, cuyo verso final —“somos distintos, somos iguales”— volvió a subrayar el mensaje de fraternidad.
También se coló en el repertorio El mundo del revés, tema de su último álbum, que Cifuentes presentó con una reflexión sobre la sensación de estar viviendo “momentos jodidos” en un planeta que parece al borde del colapso. Entre puños en alto y sonrisas, el grupo llamó a no resignarse y a seguir apostando por un mundo más humano, utilizando sus canciones como altavoz de inquietudes compartidas.
En esta línea, Celtas Cortos incluyeron una pieza contra la explotación laboral y mantuvieron un hilo conductor basado en la idea de que la música puede ser herramienta de cambio y espacio de encuentro. Sin caer en discursos grandilocuentes, las intervenciones entre canciones fueron directas y comprensibles, conectando con un público acostumbrado a escuchar a la banda posicionarse en cuestiones sociales y políticas.
Invitados especiales y guiños a toda una generación
El concierto de Madrid estuvo jalonado por la presencia de varios invitados que han acompañado a Celtas Cortos en diferentes etapas o que, simplemente, crecieron escuchando sus canciones. Cada colaboración aportó un matiz distinto a la noche, reforzando la sensación de estar ante un homenaje compartido más que ante una mera celebración interna del grupo.
El cantautor gallego Andrés Suárez fue el primero en aparecer sobre el escenario para interpretar junto a la banda Cálida trinchera, un tema antiguo que apenas se había tocado en directo. Cifuentes reconoció con humor que no entendían cómo habían tardado tanto en recuperarlo para un concierto, lo que añadió un toque de complicidad con los seguidores más fieles.
Más adelante, llegó el turno de Rulo, que se sumó a Retales de una vida. El músico cántabro aprovechó su intervención para agradecer estos cuarenta años de canciones que, según sus propias palabras, siguen siendo “la banda sonora de nuestras vidas”. Antes de abandonar el escenario, lanzó un sentido “¡Larga vida a Celtas Cortos!”, ovacionado por el pabellón.
Otra de las colaboraciones destacadas fue la de Irish Treble, grupo especializado en música y danza irlandesa, que aportó una coreografía propia a Riaño vivo. Su participación reforzó el componente celta e irish que siempre ha acompañado a la banda, conectando con esos primeros años en los que el grupo se presentaba sobre todo como una formación instrumental de corte folk.
El guitarrista Jorge Salán subió al escenario para interpretar Tranquilo majete, aportando un plus de electricidad a un tema que lanza dardos directos contra las dificultades para acceder a una vivienda digna, la falta de espacios amables en las ciudades o la contaminación. La letra, desgraciadamente vigente, encontró eco en un público que coreó el estribillo con ganas.
El guiño final de Dani Martín y el poder de los grandes himnos
El tramo final del concierto estuvo marcado por la aparición de Dani Martín, uno de los invitados más esperados por el público madrileño. El exlíder de El Canto del Loco se sumó a Celtas Cortos para cantar La senda del tiempo, uno de los temas más emblemáticos del grupo, que aborda de forma poética la relación con el paso de los años.
Al terminar la canción, Dani Martín habló de lo que supone para él compartir escenario con una banda que forma parte de su “colección de fotos de la vida”. Aseguró que gracias a grupos como Celtas Cortos decidió dedicarse a la música, y subrayó la importancia de que el público siga comprando entradas y apoyando la cultura en directo. Desde el escenario, Cifuentes respondió describiéndole como una persona generosa y cercana.
Sin abandonar aún las tablas, Dani Martín se unió también a 20 de abril, el otro gran himno indiscutible de la noche. En esta pieza coincidieron sobre el escenario las voces de Rulo y Andrés Suárez, convirtiendo la canción en una especie de coro colectivo en el que se mezclaron distintas generaciones de músicos y seguidores. Las gradas y la pista cantaron al unísono una letra que muchos tienen asociada a recuerdos personales muy concretos.
Antes de llegar al cierre definitivo, hubo tiempo para otros momentos de alta carga emocional, como Un millón de motivos, que abrió un paréntesis más íntimo dentro de un repertorio eminentemente festivo. El equilibrio entre baladas, temas de corte social y piezas de celebración mantuvo el interés del público durante las dos horas de concierto.
El punto final lo puso No nos podrán parar, tema en el que Celtas Cortos se reivindican a sí mismos y dejan clara su intención de seguir en la carretera mientras haya historias que contar. Con versos que insisten en la necesidad de cambiar el mundo y cuidar el planeta, la banda se despidió agradeciendo el apoyo de los asistentes y lanzando un último mensaje en defensa del amor como antídoto frente a los males cotidianos.
Una gira de diez ciudades para celebrar 40 años en ruta
La cita de Madrid no fue solo un concierto especial, sino el inicio oficial de una gira que recorrerá diez ciudades españolas. Bajo el título 40 años contando cuentos, el tour llevará a Celtas Cortos por Valencia, Gijón, Zaragoza, Pamplona, Barcelona, Murcia, A Coruña, Bilbao y, finalmente, Valladolid, donde cerrarán el recorrido el 18 de abril en la ciudad que los vio nacer como banda.
En una entrevista concedida al programa A vivir que son dos días, con Javier del Pino, Cifuentes, Goyo Yeves y Alberto García reconocieron estar “bastante atacados” ante el inicio de esta nueva aventura. Admitieron con naturalidad que a veces se preguntan por qué se meten en estos berenjenales, pero al mismo tiempo dejaron ver la ilusión que les genera volver a verse en la carretera, reencontrándose con públicos muy distintos.
El cantante insistió en que el grupo nunca ha sido de llevar la cuenta de aniversarios, y que estos cuarenta años les han caído casi por sorpresa. Sin embargo, consideran que merece la pena celebrar el camino recorrido, y por eso han decidido “tirar la casa por la ventana” con una producción cuidada, una banda reforzada y un repertorio que intenta representar todas las etapas de su discografía.
Yeves explicó que han trabajado a fondo en la selección de canciones, tratando de rescatar temas de la época en la que apenas hacían otra cosa que música instrumental, y escogiendo extractos de cada uno de los trabajos publicados. El objetivo es que cualquier seguidor, haya descubierto al grupo en los inicios o en discos posteriores, encuentre algo de sí mismo en el repertorio que se escuchará durante esta gira.
Para acompañar este viaje, Celtas Cortos contarán de nuevo con invitados como Dani Martín, Moha (violinista de Mägo de Oz), Andrés Suárez y otros artistas que irán sumándose según la ciudad. La variedad estilística y el amplio catálogo de canciones permiten al grupo jugar con diferentes atmósferas en cada concierto, manteniendo el hilo conductor de un sonido reconocible y propio.
Cuatro décadas después de sus primeros ensayos en un garaje de la calle Granada, en el barrio vallisoletano de las Delicias, Celtas Cortos ha convertido su mezcla de folk, rock y crónica social en un espejo donde varias generaciones se miran. El arranque de la gira en Madrid ha evidenciado que la nostalgia, cuando se combina con honestidad y ganas de seguir adelante, puede transformarse en una celebración colectiva que mira al futuro sin renunciar a todo lo vivido.
