Cuentos y poemas de la autora María Elena Walsh

Se trata de una las más grandes autoras de obra literaria infantil. Siendo que las obras de María Elena Walsh cuentos llenos de tanta magia y diversión, que se han calado en cada uno de los corazones de los niños. Y también de aquellos que son como niños. Continúa leyendo y llena tu mundo de magia y ternura, con todos los cuentos y poemas que verás a continuación para tu deleite. !Te van a encantar!

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Cuentos cortos de María Elena Walsh 

Cuando esta gran argentina se encontraba viviendo en España, pudo notar que de ese lado del mundo, eran muy pocos los niños que tenían el conocimiento acerca de toda la producción que existía, de María Elena Walsh cuentos y poemas, así que entonces ¿Cómo podía ser eso?

[su_note]Siendo el caso que María Elena Walsh cuentos, se trata de un boleto el cual nos lleva rumbo a un país de maravillas. Teniendo en cuenta que se trata de un mundo el cual es interminablemente lleno de hermosas canciones. Y que se encuentran comprometidas. Al igual que de muchas poesías que invitan al juego.[/su_note]

Cuentos breves de maría Elena Walsh

También nos encontramos con cuentos que resultan ser imprescindibles, al igual que una cantidad de novelas de las cuales se procede a envolver al lector, que se encuentra insaciable cuando cuenta con la edad es de siete años. Por lo tanto, ¡que sean paradas las rotativas!, ¡que no crezca nadie sin que la conozca! Vamos a conocer de María Elena Walsh cuentos los cuales deberían ser leídos por todos los niños, comencemos:

La Plapla de María Elena Walsh Cuentos

Felipito Tacatún estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poquito la lengua, escribía enruladas “emes”, orejudas “eles” y elegantísimas “zetas”.

De pronto vio algo muy raro sobre el papel.

–¿Qué es esto?, se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.

Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.

Felipito no lo podía creer, y sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.

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Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.

Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocecita que decía:

–¡Ay!

Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos y ya van tres.

Pegando la nariz al papel preguntó:

–¿Quién es usted señorita?

Y la letra caminadora contestó:

–Soy una Plapla.

–¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?

–¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.

–Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.

–Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.

–¿Y qué hago con la Plapla?

–Mirarla.

–Sí, la estoy mirando pero… ¿y después?

–Después, nada.

Y siguió la Plapla patinando

Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.

Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a la maestra, gritando entusiasmado:

–¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!

La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco.

Pero no.

Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.

Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.

Ese día nadie estudió.

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Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primer grado, se dedicaron a contemplar a la Plapla.

Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el Abecedario.

Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plapla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien de que nadie se entere.

Qué le vamos a hacer, así es la vida.

Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿no?

María Elena Walsh cuentos y su Cuentopos de Gulubú

Se trata de los María Elena Walsh cuentos, el cual tiene como fecha original de publicación, el año de 1967. Siendo este un libro el cual es mágico, y donde se cuentan una cantidad de cuentos que nos entregan por ende mucha magia. De la misma forma que los mismos resultan ser muy insólitos, además de regalar una muy maravillosa diversión.

Teniendo en cuenta, que en los María Elena Walsh cuentos se traen a la vida una cantidad de personajes, los cuales se encuentran ya formando parte de lo que es el imaginario de los niños. Dentro de los mismos nos encontramos por ejemplo con:

[su_list icon=»icon: asterisk» icon_color=»#ec1b24″]
  • Felipito Tacatún
  • La Plapla
  • Don Fresquete
  • Papalina, la tortuga con verruga. [/su_list]

Don Fresquete

Había una vez un señor todo de nieve. Se llamaba Don Fresquete.

¿Este señor blanco había caído de la luna? –No.

¿Se había escapado de una heladería? –No, no, no.

Simplemente, lo habían fabricado los chicos, durante toda la tarde, poniendo bolita de nieve sobre bolita de nieve.

A las pocas horas, el montón de nieve se había convertido en Don Fresquete.

Y los chicos lo festejaron, bailando a su alrededor. Como hacían mucho escándalo, una abuela se asomó a la puerta para ver qué pasaba.

Y los chicos estaban cantando una canción que decía así:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Como todo el mundo sabe, los señores de nieve suelen quedarse quietitos en su lugar.

Como no tienen piernas, no saben caminar ni correr. Pero parece que Don Fresquete resultó ser un señor de nieve muy distinto.

Muy sinvergüenza, sí señor.

A la mañana siguiente, cuando los chicos se levantaron, corrieron a la ventana para decirle buenos días, pero…

¡Don Fresquete había desaparecido!

En el suelo, escrito con un dedo sobre la nieve, había un mensaje que decía:

“Se ha marchado Don Fresquete a volar en barrilete.”

Los chicos miraron hacia arriba y alcanzaron a ver, allá muy lejos, a Don Fresquete que volaba tan campante, prendido de la cola de un barrilete.

De repente parecía un ángel y de repente parecía una nube gorda.

¡Buen viaje, Don Fresquera!

La Bisa Vuela

Había una vez una ancianita con más años que hojas tiene un ombú. Alta y flaca y memoriosa y sabia.

Y había una vez un pueblo grande como dos sábanas cosidas al medio por las vías del ferrocarril.

Había en el pueblo varias familias con muchos chicos.

Y había trenes que pasaban de largo, llenos de vacas y sin pasajeros.

La ancianita vivía sola en lo alto de un mangrullo. Guardaba cachivaches en un baúl de su antepasado el Conquistador. Y su grillo Pachimú se guardaba él solo dentro de una caja de fósforos.

Un buen día, los niños, reunidos en asamblea en el galpón del ferrocarril bajo las alas de un viejo avión herrumbrado, decidieron adoptar a la anciana como bisabuela de todos y llamarla Bisa.

Y desde entonces vivieron felices, jugando con Bisa a la rayuela y al ajedrez.

Salían todos a pasear, algunos en bicicleta, otros en caballo de palo y alguno en un cajón tirado por un carnero.

Pescaban renacuajos para investigarlos y cultivaban enormes calabazas anaranjadas.

Bisa, en sus tiempos, había sido aviadora. Y el viejo avión era su famoso “Águila de Oro”.

La campeona de vuelo estaba jubilada –decía- desde que sus ojos se debilitaron y un mal día al aterrizar había atropellado a una pobre perdiz viuda.

Entre todos se pusieron a limpiar y aceitar el aeroplano, con la esperanza de volar algún día y llegar, por lo menos, hasta la orilla del mar.

¡Y ese día estaba cerca!

Porque ya las hélices rugían como dos leones tartamudos, comandados por la famosa aviadora.

La Bisa vuela alistándose para volar

Bisa abrió un baúl, sacó su viejo uniforme arrugado y se lo probó frente al espejo.

-No es tan distinto del uniforme de los astronautas, ¿verdad, Pachimú?

Pero el grillo, por ser tan pequeño, no sabía nada de astronautas.

Bisa se encasquetó la gorra y se puso unas antiparras que nunca había usado: era un trofeo regalo de su madrina después de su último vuelo ¡tantos miles de días atrás!

-Estos anteojos se han vuelto locos -dijo Bisa. Y miró a Pachimú, y en su lugar vio un gato con cola de pavo real.

-Estás muy raro. ¿Qué te pasa, Pachimú?

Pero Pachimú, por ser tan pequeño, no sabía nada de rarezas.

Bajó de su casa y con el grillo en su caja dentro de uno de sus 54 bolsillos llenos de herramientas, corrió a contarles a sus bisnietos la novedad.

Los niños, por riguroso turno, se probaron las gafas y no vieron nada, sólo las encontraron asquerosamente sucias y empañadas.

-Estoy segura de que con estos anteojos maravillosos pondré en marcha el motor -dijo Bisa.

Los chicos abrieron los portones, Bisa trepó a la diminuta cabina, movió manivelas y palancas y… brrrrummmm… cruzó las vías y remontó vuelo.

Fue seguida por los bisnietos

Los bisnietos la siguieron un poco a la carrera, después se taparon los ojos temiendo lo peor.

Seguramente ustedes también tiemblan de espanto pensando que se va a estrellar contra el más alto de los eucaliptos.

Pero no, Bisa vuela, feliz. Mira hacia abajo y ya no ve a sus bisnietos ni el ocre de los monótonos campos.

Ve toda la ciudad de Nueva York, ve una carroza tirada por mariposas gigantes, ve las pirámides mexicanas, ve un cohete espacial que pasa cerca, y allá lejos ve algunas torres de la ciudad de Bagdad.

Como le quedaba escaso combustible, al divisar una calle ancha y poco transitada, decidió aterrizar. ¿Dónde estaría? ¡Buena pregunta para Pachimú!

Bisa se levantó las gafas y vio que los niños de un pueblo extraño se acercaban a recibirla, con sonrisas, besos, abrazos y un ramillete de margaritas.

Pero ¡ay!, hablaban en otra lengua, sólo entendieron el idioma de los cariños. Entonces Pachimú se puso a cantar, y a él sí lo entendieron, porque los grillos cantan en un idioma universal.

Salió de su caja y del bolsillo y desde el ala del avión trabajó de traductor.

Los chicos de ese pueblo también decidieron adoptar a Bisa como bisabuela de todos. Y le ofrecieron domicilio en una casita construida en las ramas de un árbol.

Desde entonces Bisa vuela de pueblo en pueblo y de bisnietos en bisnietos.

Ya aprendió otro idioma y, en cada viaje, que dura media hora o tres meses –nadie lo sabe-, sigue mirando encantada por los cristales de sus antiparras, las maravillas del mundo que siempre quiso conocer.

De María Elena Walsh ¡Cuánto cuento!

En esta obra se puede encontrar la reunión de dos cuentos, los cuales son inéditos de María Elena Walsh, conjuntamente con una cantidad de los mejores relatos de esta autora. Dentro de esta edición la cual es especial, se cuenta con una cantidad de ilustraciones las cuales tienen una gran belleza y también resultan ser nuevas.

Se trata pues de un libro nuevo de la famosa y conocida María Elena Walsh cuentos que nos van a deleitar, de esta tan importante autora dedicada a la Literatura Infantil, que se ha escrito en lengua española. Siendo que su lectura se recomienda además para niños que superen los 3 años de edad.

De igual forma se hace un breve resumen sobre cuanto cuento María Elena Walsh PDF, ya que uno de los libros más reconocidos de esta autora, también pueden obtenerlo virtualmente.

Incluye 7 cuentos para niños de María Elena Walsh; en donde están presentes los personajes más divertidos y originales de los cuentos infantiles de María Elena Walsh. Puedes encontrarlo en cualquier página del  Internet, solo debes colocar su nombre e inmediatamente te aparecen diferentes opciones, algunas pagas y otras gratis para descargarlo.

Historia De Una Princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka

Es un cuento de María Elena Walsh, muy reconocido y recomendado para la diversión de los niños en casa.

Esta es la historia de una princesa, su papá, una mariposa y el Príncipe Kinoto Fukasuka.

Sukimuki era una princesa japonesa. Vivía en la ciudad de Siu Kiu, hace como dos mil años, tres meses y media hora.

[su_note]En esa época, las princesas todo lo que tenían que hacer era quedarse quietitas. Nada de ayudarle a la mamá a secar los platos. Ni de hacer mandados. Nada de bailar con abanico. Nada de tomar naranjada con pajita. Ni siquiera ir a la escuela. Ni siquiera sonarse la nariz. Tampoco siquiera pelar una ciruela. Ni siquiera cazar una lombriz.[/su_note]

Nada, nada, nada. Todo lo hacían los sirvientes del palacio: vestirla, peinarla, estornudar por… –atchís–, por ella, abanicarla, pelarle las ciruelas. ¡Cómo se aburría la pobre Sukimuki!

Una tarde estaba, como siempre, sentada en el jardín papando moscas, cuando apareció una enorme Mariposa de todos colores. Y la Mariposa revoloteaba, y la pobre Sukimuki la miraba de reojo porque no le estaba permitido mover la cabeza.

Dialogando con la mariposa

–¡Qué linda mariposapa! –murmuró al fin Sukimuki, en correcto japonés.

Y la Mariposa contestó, también en correctísimo japonés:

–¡Qué linda Princesa! ¡Cómo me gustaría jugar a la mancha con usted, Princesa!

–Nopo puepedopo –le contestó la Princesa en japonés.

–¡Cómo me gustaría a jugar a escondidas, entonces!

–Nopo puepedopo –volvió a responder la Princesa haciendo pucheros.

–¡Cómo me gustaría bailar con usted, Princesa! –insistió la Mariposa.

–Eso tampococo puepedopo –contestó la pobre Princesa.

Y la Mariposa, ya un poco impaciente, le preguntó:

–¿Por qué usted no puede hacer nada?

–Porque mi papá, el Emperador, dice que si una Princesa no se queda quieta, quieta, quieta como una galleta, en el imperio habrá una pataleta.

–¿Y eso por qué? –preguntó la Mariposa.

–Porque sípi –contestó la Princesa–, porque las Princesas del Japonpón debemos estar quietitas sin hacer nada. Si no, no seríamos Princesas. Seríamos mucamas, colegialas, bailarinas o dentistas, ¿entiendes?

–Entiendo –dijo la Mariposa–, pero escápese un ratito y juguemos. He venido volando de muy lejos nada más que para jugar con usted. En mi isla, todo el mundo me hablaba de su belleza.

Desobedeciendo a su papá

A la Princesa le gustó la idea y decidió, por una vez, desobedecer a su papá.

Salió a correr y bailar por el jardín con la Mariposa.

En eso se asomó el Emperador al balcón y al no ver a su hija armó un escándalo de mil demonios.

–¡Dónde está la Princesa! –chilló.

Y llegaron todos sus sirvientes, sus soldados, sus vigilantes, sus cocineros, sus lustrabotas y sus tías para ver qué le pasaba.

–¡Vayan todos a buscar a la Princesa! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.

Y allá salieron todos corriendo y el Emperador se quedó solo en el salón.

–¡Dónde estará la Princesa! –repitió.

Y oyó una voz que respondía a sus espaldas:

–La Princesa está de jarana donde se le da la gana.

El Emperador se dio vuelta furioso y no vio a nadie. Miró un poquito mejor, y no vio a nadie. Se puso tres pares de anteojos y, entonces sí, vio a alguien. Vio a una mariposota sentada en su propio trono.

–¿Quién eres? –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.

Quería aplastar a la mariposa

Y agarró un matamoscas, dispuesto a aplastar a la insolente Mariposa.

Pero no pudo.

¿Por qué?

Porque la Mariposa tuvo la ocurrencia de transformarse inmediatamente en un Príncipe. Un Príncipe buen mozo, simpático, inteligente, gordito, estudioso, valiente y con bigotito.

El Emperador casi se desmaya de rabia y de susto.

–¿Qué quieres? –le preguntó al Príncipe con voz de trueno y ojos de relámpago.

–Casarme con la Princesa –dijo el Príncipe valientemente.

–¿Pero de dónde diablos has salido con esas pretensiones?

–Me metí en tu jardín en forma de mariposa –dijo el Príncipe– y la Princesa jugó y bailó conmigo. Fue feliz por primera vez en su vida y ahora nos queremos casar.

–¡No lo permitiré! –rugió el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.

–Si no lo permites, te declaro la guerra –dijo el Príncipe sacando la espada.

–¡Servidores, vigilantes, tías! –llamó el Emperador.

Y todos entraron corriendo, pero al ver al Príncipe empuñando la espada se pegaron un susto terrible.

A todo esto, la Princesa Sukimuki espiaba por la ventana.

–¡Echen a este Príncipe insolente de mi palacio! –ordenó el Emperador con voz de trueno y ojos de relámpago.

El príncipe peleo con valentía

Pero el Príncipe no se iba a dejar echar así nomás.

Peleó valientemente contra todos. Y los vigilantes se escaparon por una ventana. Las tías se escondieron aterradas debajo de la alfombra. Y los cocineros se treparon a la lámpara.

Cuando el Príncipe los hubo vencido a todos, preguntó al Emperador:

–¿Me deja casar con su hija, sí o no?

–Está bien –dijo el Emperador con voz de laucha y ojos de lauchita–. Cásate, siempre que la Princesa no se oponga.

El Príncipe fue hasta la ventana y le preguntó a la Princesa:

–¿Quieres casarte conmigo, Princesa Sukimuki?

–Sípi –contestó la Princesa entusiasmada.

Y así fue como la Princesa dejó de estar quietita y se casó con el Príncipe Kinoto Fukasuka. Los dos llegaron al templo en monopatín y luego dieron una fiesta en el jardín. Una fiesta que duró diez días y un enorme chupetín. Así acaba, como ves, este cuento japonés.

Cuentos cortos de María Elena Walsh – la foca loca

Para finalizar, este segmento voy a contar un cuento de MaríaElena Walsh; la historia de la foca loca está escrita en el año 1987, exclusivamente para el disfrute diversión de los niños, en este cuento se incluyen diferentes animales, como la vaca, la garza, mariposas, un canario, una hormiga, entre otros.

La autora no solo escribe libros en físico, también en las diferentes páginas se puede encontrar a María Elena Walsh cuentos en PDF y así utilizarlos en cualquier momento del día.

A continuación se presenta una sección completa sobre maría Elena Walsh cuentos cortos PDF.

Cuentos de María Elena Walsh PDF

Los cuentos de María Elena Walsh en PDF, facilitan que los lectores puedan adquirirlos, solo deben descargar el archivo y ya estarán en su computador de escritorio, laptop, tablets o incluso dispositivos móviles.

Entre algunos de los cuentos de María Elena Walsh PDF, se pueden mencionar:

  • Don Fresquete
  • Gatopato y la Princesa Monilda
  • La sirena y el Capitán
  • Historia de una Princesa, su papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka
  • La Plapla
  • Cuentopos de Gulubú

María Elena Walsh cuentos PDF, es una forma sencilla en la que los padres puedes leer los cuentos a los niños. Por esta razón, este método es ampliamente recomendado.

Cuentos de María Elena Walsh para primer grado

En el resumen de cuentos de María Elena Walsh, se incluyen algunos de los cuentos de Elena walsh, más recomendados para los niños de 6 y 7 años, sin embargo, en esta oportunidad te colocamos algunos que puedes descargar o adquirir en las tiendas.

  • La vaca estudiosa: cuentos para niños María Elena Walsh.
  • El cuento corto María Elena Walsh con el título » Bañar la luna»
  • Manuelita la Tortuga, es otro de los cuentos María Elena Walsh.

Los cuentos de Maria Elena Walsh cortos, se recomiendan por lo general para aquellos niños más pequeños y así motivarlos a que continúen leyendo libros con los cuales pueden adquirir un mayor conocimiento.

De María Elena Walsh cuentos y 12 Bellos y divertidos poemas

Vamos a conocer ahora de la obra literaria de María Elena Walsh cuentos y 12 tiernos poemas, los cuales son cortos y de corte infantil. Es de hacer notar que María Elena Walsh se destacó como una poetisa de origen argentino. Y la cual se considera como una de las más grandes escritoras dedicadas a la literatura infantil.

Siendo el caso que su obra poética está consolidada, con una cantidad de divertidos y tiernos poemas, los cuales se han leído a través de una gran cantidad de generaciones de niños. Inclusive han sido también cantados. Debido a que en muchos de sus casos, los mismos se encuentran hoy por hoy formando parte de aquellas canciones de corte infantil, que han sido más conocidas por la chiquillería.

Muchas obras famosas para niños

Es de hacer notar que esta famosa autora, se ha dedicado a regalarnos una gran cantidad de tesoros, que han venido en forma de poemas. Y los cuales sirven de la mayor ayuda, tanto a padres como también a educadores y a los profesores, con la finalidad de hacer la transmisión de lo que es el gusto a despertarles en cuanto a la lectura. Al igual que el amor a la obra literaria, en este caso en el género de la poesía.

Veamos pues algunos de los más hermosos poemas de María Elena Walsh cuentos y poemas que nos deleitan tanto a los niños, como también a los que tenemos el alma de niños. Al igual que a todos los amantes de la literatura. Así que aprovechen este material tan hermoso. A fin de que los niños lo puedan disfrutar al leerlos, y los padres y maestros al escucharlos. Son toda una obra de arte con la cual deleitarse.

[su_note]Cabe señalar que en toda la poesía de María Elena Walsh cuentos y poemas, se encuentran cargados asimismo de una gran carga de humor, al igual que de mucha magia y full ternura.[/su_note]

Manuelita la Tortuga de María Elena Walsh cuentos y poemas

Manuelita vivía en Pehuajó

pero un día se marchó.

Nadie supo bien por qué

a París ella se fue

un poquito caminando

y otro poquitito a pie.

Manuelita, Manuelita,

Manuelita dónde vas

con tu traje de malaquita

y tu paso tan audaz.

Manuelita una vez se enamoró

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de un tortugo que pasó.

Dijo: ¿Qué podré yo hacer?

Vieja no me va a querer,

en Europa y con paciencia

me podrán embellecer.

En la tintorería de París

la pintaron con barniz.

La plancharon en francés

del derecho y del revés.

Le pusieron peluquita

y botines en los pies.

Tantos años tardó en cruzar

el mar que allí se volvió a arrugar

y por eso regresó vieja como se marchó

a buscar a su tortugo que la espera en Pehuajó

De María Elena Walsh cuentos y el poema La Vaca Estudiosa

Había una vez una vaca

en la Quebrada de Humahuaca.

Como era muy vieja, muy vieja,

estaba sorda de una oreja.

Y a pesar de que ya era abuela

un día quiso ir a la escuela.

Se puso unos zapatos rojos,

guantes de tul y un par de anteojos.

La vio la maestra asustada

y dijo: – Estas equivocada.

Y la vaca le respondió:

¿Por qué no puedo estudiar yo?

La vaca, vestida de blanco,

se acomodó en el primer banco.

Los chicos tirábamos tiza

y nos moríamos de risa.

La gente se fue muy curiosa

a ver a la vaca estudiosa.

La gente llegaba en camiones,

en bicicletas y en aviones.

Y como el bochinche aumentaba

en la escuela nadie estudiaba.

La vaca, de pie en un rincón,

rumiaba sola la lección.

Un día toditos los chicos

se convirtieron en borricos.

Y en ese lugar de Humahuacala

única sabia fue la vaca.

De María Elena Walsh cuentos y poemas: El reino del revés

Me dijeron que en el Reino del Revés

Nada el pájaro y vuela el pez

Que los gatos no hacen miau y dicen yes

Porque estudian mucho inglés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Me dijeron que en el reino del revés

Nadie baila con los pies

Que un ladrón es vigilante y otro es juez

Y que dos y dos son tres

Vamos a ver cómo es

María Elena Walsh cuentos

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Me dijeron que en el reino del revés

Cabe un oso en una nuez

Que usan barbas y bigotes los bebés

Y que un año dura un mes

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Me dijeron que en el reino del revés

Hay un perro pekinés

Que se cae para arriba y una vez

No pudo bajar después

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Me dijeron que en el reino del revés

Un señor llamado Andrés

Tiene 1.530 chimpancés

Que si miras no los ves

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Me dijeron que en el reino del revés

Una araña y un ciempiés

Van montados al palacio del Marqués

En caballos de ajedrez

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

El Brujito de Gulubú de María Elena Walsh cuentos y poemas

Pero un día llegó el Doctorrrr

manejando un cuatrimotorrrr

¿Y saben lo que pasó?

¿No?

Todas las brujerías

del brujito de Gulubú

se curaron con la vacú

con la vacuna

luna luna lu.

Ha sido el brujito el u,

uno y único en Gulubú

que lloró, pateó y mordió

cuando el médico lo pinchó.

María Elena Walsh cuentos

Y después se marchó el Doctorrrr

manejando un cuatrimotorrrr

¿Y saben lo que pasó?

¿No?

Todas las brujerías

del brujito de Gulubú

se curaron con la vacú

con la vacuna

luna luna lu.

De María Elena Walsh cuentos y poemas En una cajita de fósforos

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Un rayo de sol, por ejemplo

(pero hay que encerrarlo muy rápido,

si no, se lo come la sombra)

Un poco de copo de nieve,

quizá una moneda de luna,

botones del traje del viento,

y mucho, muchísimo más.

María Elena Walsh cuentos

Les voy a contar un secreto.

En una cajita de fósforos

yo tengo guardada un lagrima,

y nadie, por suerte la ve.

Es claro que ya no me sirve

Es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero que voy a hacer

tirarla me da mucha lastima

Tal vez las personas mayores

no entiendan jamás de tesoros

Basura, dirán, cachivaches

no sé porque juntan todo esto

No importa, que ustedes y yo

igual seguiremos guardando

palitos, pelusas, botones,

tachuelas, virutas de lápiz,

carozos, tapitas, papeles,

piolín, carreteles, trapitos,

hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá.

Bañar la luna de María Elena Walsh cuentos y poemas

Ya la Luna baja en camisón

a bañarse en un charquito con jabón.

Ya la Lunabaja en tobogán

revoleando su sombrilla de azafrán.

Quien la pesque con una cañita de bambú,

se la lleva a Siu Kiu.

Ya la luna viene en palanquín

a robar un crisantemo del jardín

Ya la luna viene por allí

su kimono dice no, no y ella sí.

Quien la pesque con una cañita de bambú,

se la lleva a Siu Kiu.

Ya la luna baja muy feliz

a empolvarse con azúcar la nariz

Ya la luna en puntas de pie

en una tacita china toma té

Quien la pesque con una cañita de bambú,

se la lleva a Siu Kiu.

Ya la luna vino y le dio tos

por comer con dos palitos el arroz

Ya la luna baja desde allá

y por el charquito-quito nadará

Quien la pesque con una cañita de bambú,

se la lleva a Siu Kiu

Canción de tomar el té

Estamos invitados a tomar el té.

La tetera es de porcelana

Pero no se ve,

Yo no sé por qué.

La leche tiene frío

Y la abrigaré,

Le pondré un sobretodo mío

Largo hasta los pies,

Yo no sé por qué.

Cuidado cuando beban,

Se les va a caer

La nariz dentro de la taza

María Elena Walsh cuentos

Y eso no está bien,

Yo no sé por qué.

Detrás de una tostada

Se escondió la miel,

La manteca muy enojada

La retó en inglés,

Yo no sé por qué.

Mañana se lo llevan preso

A un coronel

Por pinchar a la mermelada

Con un alfiler,

Yo no sé por qué.

Parece que el azúcar

Siempre negra fue

Y de un susto se puso blanca

Tal como la ven,

Yo no sé por qué

Un plato timorato

Se casó anteayer.

A su esposa la cafetera

La trata de usted,

Yo no sé por qué.

Los pobres coladores

Tienen mucha sed

Porque el agua se les escapa

Cada dos por tres,

Yo no sé por qué.

El twist del mono liso De María Elena Walsh cuentos y poemas

¿Saben saben lo que hizo

el famoso mono liso?

A la orilla de una zanja

cazó viva una naranja.

¡Qué coraje, qué valor!

Aunque se olvidó el cuchillo

en el dulce de membrillo

la cazó con tenedor.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

A la hora de la cena

la naranja le dio pena,

fue tan bueno el Mono Liso

que de postre no la quiso.

El valiente cazador

ordenó a su comitiva

que se la guardaran viva

en el refrigerador.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

Mono Liso en la cocina

con una paciencia china

la domaba día a día,

la naranja no aprendía.

Mono Liso con rigor

al fin la empujó un poquito

y dio su primer pasito

la naranja sin error.

La naranja, Mono Liso,

la mostraba por el piso,

otras veces, de visita,

la llevaba en su jaulita.

II

Pero un día entró un ladrón,

se imaginan lo que hizo,

el valiente Mono Liso dijo:

“Ay, qué papelón”.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

A la corte del Rey Momo

fue a quejarse por el robo,

mentiroso, el rey promete

Maria Elena Walsh cuentos

que la tiene el gran bonete.

Porque sí, con frenesí

de repente dice el mono:

“Allí está detrás del trono

la naranja que perdí”.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

Y la reina sin permiso

del valiente Mono Liso

escondió en una sopera

la naranja paseandera

Mono Liso la salvó

pero a fuerza de tapioca

la naranja estaba loca

y este cuento se acabó.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

La naranja se pasea

de la sala al comedor.

No me tires con cuchillo

tírame con tenedor.

Canción del jardinero De María Elena Walsh cuentos y poemas

Mírenme, soy feliz

Entre las hojas que cantan

Cuando atraviesa el jardín

El viento en monopatín

Cuando voy a dormir

Cierro los ojos y sueño

Con el olor de un país

Florecido para mí

Yo no soy un bailarín

Porque me gusta quedarme

Quieto en la tierra y sentir

Que mis pies tienen raíz

Una vez estudié

En un librito de yuyos

Cosas que sólo yo sé

Y que nunca olvidaré

Aprendí que una nuez

Es arrugada y viejita

Pero que puede ofrecer

Mucha, mucha, mucha miel

Del jardín soy duende fiel

Cuando una flor está triste

La pintó con un pincel

Y le pongo un cascabel

Soy guardián y doctor

De una pandilla de flores

Que juegan al dominó

Y después les da la tos

Por aquí anda dios

Con regadera de lluvia

O disfrazado de sol

Asomando a su balcón

Yo no soy un gran señor

Pero en mi cielo de tierra

Cuido el tesoro mejor:

Mucho, mucho, mucho amor.

El árbol de guitarras

En Portugal he visto un árbol

florecido de guitarritas.

Íbamos todos a cantar:

arañas, sapos, señoritas.

Las ovejas, que son muy tontas,

seriamente se las comían.

El árbol las miró enojado

con sus hojas de cartulina.

—¿No saben, no saben ustedes

que la música no es comida?

Son guitarritas de cantar,

azules, verdes, amarillas.

Los bichofeos con solfeo

y las sardinas con sordina,

los caracoles con bemoles,

cada cual con su musiquita.

El concierto desafinado

se escuchó desde muy arriba,

y a las nubes malhumoradas

les dolió mucho la barriga.

Y pronto el árbol se quedó

sin una sola guitarrita.

Un árbol triste como todos.

En Portugal. Y no es mentira.

María Elena Walsh y el Deleite de la lectura de sus obras

Sin lugar a dudas, que es todo un mundo mágico y hermoso, el que nos es presentado por esta fabulosa artista. Lleno de mucha historia y diversión, que hace que no solamente sea disfrutada por los más pequeños. Sino que también los que no son tan pequeños, igualmente disfrutamos de toda esta maravillosa obra de arte.

[su_box title=»Poemas de M.E. Walsh leídos por Julia Zenko y Sandra Mihanovich» radius=»6″][su_youtube url=»https://youtu.be/uZjLbNtpB3o»][/su_box]

Conclusión

Todos los cuentos infantiles María Elena Walsh, eran redactados por la autora con la finalidad de que los niños de más de 3 años hasta la edad que quisieran pudieran disfrutar de estas historias originales y alocadas muchas veces.

No solo tiene cuentos de su autoría, también los poemas caracterizan a esta apasionada autora de nacionalidad Argentina. Los cuentos María Elena Walsh, deben estar presentes en la infancia de todos los niños, para motivarlos a que practiquen la lectura y asimismo, desarrollen sus habilidades intelectuales.

No te pierdas todos los maravillosos artículos que están aquí esperando por los Amantes de la literatura. Seguro que te encontrarás con toda la magia que está contenida en ella. Por ejemplo te invito de visitar:

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