¿Cómo era la astronomía Maya en el Imperio?

La vida de los mayas estaba regulada por el cosmos y los movimientos de los cuerpos celestes. La Astronomía Maya tiende a conectar las energías de la tierra con las energías del cosmos. Los estudios y descubrimientos que realizaron los mayas sobre los astros siguen sorprendiendo hoy tanto a científicos como a profanos.

ASTRONOMÍA MAYA

Astronomía Maya

Los mayas estudiaban el cosmos y los movimientos de los cuerpos celestes con la ayuda de relojes solares, para esto construyeron observatorios cuyas aberturas dirigieron a la órbita de los planetas. Siendo grandes astrónomos y brillantes matemáticos plasmaron sus cálculos y sus descubrimientos en “códices” de los cuales solo quedan tres ya que la mayoría fueron destruidos durante la invasión española. Basados en sus observaciones elaboraron varios calendarios, algunos de los cuales eran muy complejos y extremadamente precisos

Gracias a estos conocimientos pudieron contar el tiempo para determinar tanto las fases de la luna, la posición del sol en el momento de los eclipses, solsticios y equinoccios, como los ciclos de la naturaleza. Aprovecharon estos cálculos para fijar las fechas de sus ceremonias más importantes. Sus observaciones se dirigieron principalmente a Venus, pero también a Marte, Júpiter, Saturno y a las Pléyades, de donde dicen que se originaron los mayas cósmicos.

La Vía Láctea tenía una gran importancia para la astronomía maya. Según la mitología de los mayas, la Vía Láctea es el camino que toman las almas cuando viajan desde las profundidades subterráneas hacia los cielos del más allá. Con base en sus cálculos astronómicos, tomando en cuenta la posición de los planetas, descubrieron el punto de intersección de la eclíptica con la Vía Láctea.

A este punto lo llamaron el Árbol Sagrado por su forma. Esto los llevó a ver que el momento en que el sol entra en conjunción con este Árbol Sagrado representa una apertura a un nivel de desarrollo de la conciencia espiritual, otra dimensión. La última conjunción ocurrió en el solsticio de invierno de 2012, es decir el veintiuno de diciembre, esta fecha es el primer día de un nuevo ciclo de cinco mil doscientos años.

Cosmogonía Maya

Según las creencias de los mayas existen trece cielos que están dispuestos en capas sobre la tierra y que son regidos por trece dioses llamados Oxlahuntiku o los trece señores del supramundo. La tierra está apoyada sobre un enorme cocodrilo o un reptil de enormes proporciones que flota sobre el océano. Existen nueve mundos subterráneos, también dispuestos en capas, y regidos por nueve dioses, los Bolon Tiku, los nueve señores del tiempo y del destino, que gobiernan en interminable sucesión sobre un «ciclo» o «semana» de nueve noches.

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Los mayas consideran el tiempo como una serie de ciclos que no tienen ni principio ni fin, que son interrumpidos por catástrofes o cataclismos que representan el retorno al caos primordial. Estos ciclos, así como el mundo nunca tendrán fin, porque los mayas también creen en la palingenesia, el renacimiento o regeneración cíclica del universo. Estos ciclos de destrucción y renacimiento están expuestos en las predicciones que se encuentran en los libros que conforman el Chilam Balam.

En el Chilam Balam se encuentra la predicción, por ejemplo, que relata la sublevación de los nueve dioses contra los trece dioses celestiales, el robo de la gran Serpiente, el derrumbe del firmamento y el hundimiento de la tierra. También en el Chilam Balam se dice que en 1541 llegaron los dzules, los extranjeros.

Hasta ese momento estaba medido «el tiempo de la bondad del sol, de la celosía que forman las estrellas, desde donde los dioses nos contemplan», pero llegaron los dzules y acabaron con todo. «Enseñaron el temor, marchitaron las flores, chuparon hasta matar la flor de los otros porque viviese la suya»: habían venido «a castrar al Sol».

Para los mayas el cosmos esta compartido en tres niveles y estos niveles a su vez se dividen en cuatro esquinas. En el nivel más alto se encuentra la cúpula celeste, que es sostenida por cuatro deidades llamadas bacab, en este nivel ocurren los principales fenómenos astronómicos, en especial el recorrido diario del sol durante el día. La vida de los hombres ocurre en el siguiente nivel sobre la tierra que es una gran superficie cuadrada con cada esquina dirigida a un punto cardinal sustentada por Pauahtun, el dios de naturaleza cuádruple.

El nivel más bajo es Xibalbá, que es el mundo subterráneo regido por las divinidades de la enfermedad y de la muerte: Hun Camé y Vucub Camé. Allí cada día el sol, después de su recorrido por la cúpula celeste, libra una formidable batalla con las deidades infernales y otros seres del inframundo hasta que los vence y vuelve a reiniciar su viaje celestial.

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Calendario europeo y Calendario maya

El calendario juliano, decretado por el emperador romano Julio César en el año cuarenta y seis antes de Cristo, dividió el año en doce meses con aproximadamente treinta días cada uno para llegar a los 365 , además de un año bisiesto con 366, de esta forma el año civil contendría 365,25 días. Pero el año solar tiene 365,2422 días, así que el año 1582 se notó una gran diferencia entre el solsticio de invierno y la Navidad y el equinoccio de primavera y la semana Santa.

Para subsanar esta discrepancia el Papa Gregorio XIII, con la asesoría del astrónomo Italia Luis Lilio, instauró el que se conoce como calendario gregoriano, aboliendo los días entre el cinco y el catorce de octubre de 1582 y con ello también reinstauró los años bisiestos al calendario. También perdió tres días cada cuatro siglos al decretar que los siglos son solo años bisiestos si son divisibles por cuatrocientos. Así, por ejemplo, 1700, 1800 y 1900 no son años bisiestos, pero 1600 y 2000 sí lo son.

Actualmente las fechas anteriores al año cuarenta y seis a. C. se convierten al calendario juliano. Este es el calendario juliano proléptico. Los cálculos astronómicos devuelven un año cero y los años anteriores a ese año son números negativos. Esto es datación astronómica. No hay año cero en las citas históricas. En la datación histórica, el año uno antes de Cristo es seguido por el año uno después de Cristo, por ejemplo, el año −3113 (datación astronómica) es el mismo que el 3114 a.C. (datación histórica).

El culto del tiempo y los calendarios fue una constante dentro de la sociedad mayas, el transcurrir del tiempo lo concibieron como un asunto de los dioses, éstos habrían inventado el calendario y posteriormente se lo habrían obsequiado al ser humano para organizar toda actividad en la comunidad. En época clásica se utilizaban multitud de calendarios como el lunar, el venusiano, dos solares, el Haab, Tzolk’in y la Cuenta Larga.

Los calendarios no sólo nos hablan de su impecable precisión científica sino también de sus tradiciones y creencias religiosas. La referencia hacia una fecha concreta dentro del tiempo cósmico, incluyendo información sobre la fase lunar, fenómenos celestes y el Señor de la noche que reinaba en ese preciso momento.

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En el cosmograma del Códice de Madrid se observa como el calendario está intrínsecamente relacionado con la creación de la vida. En el centro se sitúan dos divinidades que representan al Dios de la Luna y del Sol (dualidad divina). Para los mayas el tiempo en sí mismo es una energía sagrada, responsable del equilibrio del mundo, dónde todo se origina y donde todo fluye (Craveri, 2013). El tiempo es la fuente primigenia del flujo cósmico, por lo tanto el calendario también es sagrado, pues es el responsable y portador del tiempo.

Ello permite afirmar que el calendario es un puente tendido para el registro histórico entre el tiempo de los hombres y el tiempo cósmico. Así se relata la creación del mundo en el Chilam Balam de Chumayel:

“Nopuc Tun, Gran sacerdote solar, contó que, cuando no había despertado el mundo antiguamente, nació el mes y empezó a caminar solo. Nació el mes, nació también el nombre del día y creó el cielo y la tierra, escalonadamente: agua, tierra, piedras y árboles. Y creó las cosas del mar y la Tierra”.

Dentro de la concepción Maya el tiempo surgió antes que el mundo y que las personas. El tiempo nació, no fue creado por las divinidades, como sí lo fueron el resto de las cosas de la Tierra. Esta diferencia refleja que el tiempo en sí mismo es divino, pues no lo crea nadie, sino que se hace a sí mismo.

El calendario también tuvo una función adivinatoria o de predicción, y era utilizado por los sacerdotes augurales para desempeñar diferentes rituales. Las decisiones más importantes se tomaban en función de las energías favorables o no del Tzolk’in, por esa razón la influencia del calendario dentro de la vida de la población era incuestionable: para celebrar un enlace matrimonial, para construir un hogar o un monumento en honor al gobernante, para sembrar y recoger la cosecha o cuando un niño venía al mundo, se utilizaba el calendario sagrado.

La creación del calendario rige el tiempo civil de los hombres, es el que regula las actividades sociales. El Haab al aproximarse al año trópico de trescientos sesenta y cinco días estaba vinculado a los ciclos estacionales, a los periodos de sequías y periodo de lluvias. Por ello, mediante este sistema calendárico, los sacerdotes regularon las actividades agrícolas que dependían de la energía del Sol para completar su propio ciclo. Ello implica un ciclo de nacimiento, crecimiento y muerte, que a su vez simboliza la vida y el cambio (Craveri, 2013).

La función que desempeña cualquier calendario civil se ciñe a propósitos oficiales y administrativos, mediante el cual se conmemoran las fechas históricas de mayor relevancia. Un ejemplo de ello, lo constituye la estela A de Copán, donde aparece grabada la fecha de la ascensión al poder del gobernante. A través del entretejido de la señalización de hechos históricos se crea la memoria colectiva de la comunidad.

El calendario civil señalaba cualquier evento social que se debiera celebrar, ya fueran ritos sagrados para venerar a los dioses, festejos en honor a los gobernantes de la ciudad, conmemoraciones a las batallas acaecidas en los días pasados de sus ancestros u otras fiestas locales. Pero ante todo fue útil para programar las actividades agrícolas dentro del ciclo anual.

La diferencia entre el calendario ritual y el calendario civil, es que este último no trabaja en las posibilidades según los designios divinos o astrales, sino que marca el inicio y el fin exacto de fechas concretas. Dependerá la fijación de ellas según los fenómenos celestes —aquellos que tengan influencia en los cambios ambientales— y la voluntad e intereses de la elite gobernante.

El calendario desarrollado por los mayas fue muy sofisticado. El calendario de los mayas fue desarrollado en Mesoamérica y contaba con doscientos sesenta días. En este calendario a cada día se le dio un nombre, así como nosotros le damos nombre a cada día de la semana. Existía un nombre para uno de los veinte días y a cada día se le asignaba un símbolo único. Los días eran numerados del uno al trece, como había veinte días y la numeración llegaba hasta trece, al llegar al décimo tercer día, al día siguiente se le numeraba con el uno.

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En toda Mesoamérica estuvo en uso por muchos siglos el calendario sagrado de conteo de doscientos sesenta días, es muy probable que se usará incluso antes de la invención de la escritura.

Los nombres de los días mayas y su probable significado son: Imix        (Lirio de agua), Chuwen (Rana), Ik (Viento), Eb (Cráneo), Ak’bal (Noche), Ben (Tallo de maíz), K’an (Maíz), Ix (Jaguar), Chicchan (Serpiente). Men (Águila), Kimi (Cabeza de la muerte), Kib (Cáscara), Manik (Mano), Kaban (Tierra), Lamat (Venus), Etz’nab (Pedernal), Muluk (Agua), Kawak (Nube de tormenta), Okay (Perro), Ahaw (Señor).

Los mayas también elaboraron un año solar aproximado que duraba trescientos sesenta y cinco días cada año. Debido a que no conocían el uso de las fracciones, el cuarto de día que quedaba cada año hacía que su calendario se desviara del año solar real. En este año de trescientos sesenta y cinco días tenía dieciocho meses con un conteo que con los números desde el cero hasta el diecinueve, de modo que el conteo va de cero pohp (nombre del primes mes) a diecinueve pohp, luego continúa con cero wo (nombre del segundo mes).

Los nombres de los meses y sus probables significados que se pudieron deducir) son: Pohp (Estera), Yax (Verde), Wo (?), Zak (Blanco), Sip (??), Keh (Rojo), Sotz (Murciélago), Mak (??), Sek (??), K’ank’in (??), Xul (Perro), Muwan (Búho), Yaxk’in (Nuevo sol), Pax (??), Mol       (Agua), K’ayab (Tortuga), Ch’en (Negro), Kumk’u (??). A los dieciocho meses regulares, los mayas agregaron un mes especial de cinco días llamado Wayeb compuesto de cinco días que no tenían nombre asignado.

Los mayas también utilizaban glifos especiales que indican periodos de tiempo. Un Kin representaba un día; los Winans representa un periodo de veinte días, similar a lo que nosotros llamamos mes; un Tun corresponde a un periodo de un año de trescientos sesenta días y el K’atun que es un periodo de veinte años de trescientos sesenta días cada uno.  El final de K’atun fue un período de tiempo especial celebrado por los mayas. Tiene su paralelo en el mundo moderno al período de tiempo que llamamos una década.

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Los mayas también contaron períodos de 400 años llamados Baktunes. Los mayas usaban estos períodos de tiempo en un recuento de días especial que ahora se llama recuento largo.

Hoy se escribe una fecha típica de cuenta larga así: 9.14.12.2.17. Esto representa nueve baktunes, catorce katuns, doce tunes, dos winals y diecisiete k’ins.

Particularidades de la Astronomía Maya

El calendario solar maya era más preciso que el que hoy utilizamos. Todas las ciudades del periodo clásico están orientadas respecto al movimiento de la cúpula celeste. Muchos edificios fueron construidos con el propósito de presenciar fenómenos celestes desde la Tierra.

Es así como el Castillo de Chichén Itzá, donde se observa el descenso de Kukulkán, serpiente formada por las sombras que se crean en los vértices del edificio durante los solsticios.

Las cuatro escaleras del edificio suman trescientos sesenta y cinco peldaños, cada peldaño representa un día del año. En el Códice Dresde y en numerosas estelas se encuentran los cálculos de los ciclos lunar, solar, venusiano y las tablas de periodicidad de los eclipses.

Los mayas determinaron el orden y las fechas de los sucesos históricos utilizando un complejo sistema calendárico. Para los mayas el inicio del año era cuando el sol cruzaba el cenit, es decir el dieciséis de julio y duraba trescientos sesenta y cinco días; de estos trescientos sesenta y cuatro se agrupaban en veintiocho semanas que tenían cada una trece días y el año comenzaba el día trescientos sesenta y cinco.

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Adicional a lo anterior trescientos sesenta días se repartían en dieciocho meses que contaban cada uno con veinte días. Las semanas y los meses transcurrían de forma secuencial e independiente entre sí. Aún así, comenzaban siempre exactamente el mismo día, es decir, una vez cada doscientos sesenta días, cifra que es múltiplo tanto de trece (para la semana) así como de veinte (para el mes). El calendario maya, aunque muy complejo, era el más exacto de los conocidos hasta la aparición del calendario gregoriano en el siglo XVI.

La astronomía maya estaba completamente realizada. A diferencia de los astrónomos europeos la astronomía maya centraba su interés en el estudio en el movimiento del sol por encima de su latitud. Todos los años, el sol viaja a su punto del solsticio del verano, o a la latitud de 23-1/3 grados del norte y al sur de esa latitud estaban ubicadas la mayoría de las ciudades mayas, esto quiere decir que tenían la ventaja de ver el sol directamente por encima de ellos durante todo el tiempo que pasaba sobre su latitud, lo que ocurría dos veces al año.

Ya que en el mediodía de su ubicación no se producía sombra la astronomía maya podía determinar con mucha facilidad esos días. Las observaciones del paso por el cenit son posibles solamente en las zonas tropicales y eran absolutamente desconocidas por los conquistadores españoles que descendieron sobre la península de Yucatán en el decimosexto siglo. Los mayas tenían un dios que representaba dicha posición del sol, llamado el dios del salto.

Los mayas fueron grandes estudiosos del cielo, calcularon el movimiento de los astros y midieron el tiempo. Los cómputos calendáricos y de los movimientos planetarios en la astronomía maya fueron más precisos que los europeos de la época anterior a la conquista española. Copán, Palenque y Quiriguá fueron importantes centros dedicados a la astronomía. En el siglo VIII en Copán, lograron determinar el año real al cual atribuyen una duración de 365, 2420 días, el cálculo actual ubica el año en 365,2422 días.

La inscripción correspondiente a estos cálculos se encuentra en el Altar Q la cual indica la fecha correspondiente al año 776 d.C. En la Estela M base de la escalera del templo 26 de Copán se encuentra la fecha 9.16.5.0.0 que corresponde a 756 d.C. Lo más relevante fue la determinación del movimiento de Venus, obteniendo un promedio de quinientos ochenta y cuatro días para el período sinódico.

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Aproximadamente en el siglo VI, los mayas realizaron cálculos muy parecidos en la duración del año. En Copán, para determinar la duración del año trópico los mayas utilizaron fórmulas lunares y correcciones desde el quince katún.

La Estela A de Copán contiene un ciclo Metónico de doscientos treinta y cinco lunas en diecinueve años, semejante al descrito en la tabla lunar de eclipses del Códice de Dresde. Según las fórmulas lunares, 149 lunas es igual a 4400 días y 235 lunas equivalen a 19 años de manera que, una luna equivaldría a 29, 53020134 días, 235 lunas a 6.939,597315 días iguales a diecinueve años. Entonces, un año sería equivalente a 365,241964 ó 365,2420 días

Venus

En la astronomía maya Venus era el objeto de mayor interés, superando incluso al sol. La astronomía maya estudió los movimientos de Venus con mucho detenimiento mientras se trasladaba a través de la estaciones. Gracias a estas observaciones descubrieron que la Tierra y Venus tardaban en coincidir en la misma posición con respecto al sol 584 días. También descubrieron que transcurrían aproximadamente 2.922 días para que coincidieran la Tierra, el Sol, Venus y las estrellas.

En la astronomía maya notaron que Venus no podía verse desde la tierra en el momento en que el patrón de Venus se considera en conjunción inferior, cuando pasa entre la Tierra y el Sol. Venus desaparece por un corto periodo de tiempo de aproximadamente ocho días. Luego Venus aparece de nuevo en el cielo matutino conjuntamente con el Sol cuando sale de la conjunción inferior. Esta posición, por salir junto con el sol, es llamada orto heliaco y para la astronomía maya era la posición más importante de Venus.

Justo después de salir Venus logra su brillo más intenso. Después se trasladará rápidamente hacia el oeste alejándose del Sol en un movimiento retrógrado. Posteriormente se podrá seguir observando en el cielo del amanecer por unos doscientos sesenta días hasta que alcance la conjunción superior. Al llegar a este punto Venus estará en el lado opuesto del Sol respecto a la Tierra, se vuelve tenue, hasta que se sumerge en el horizonte, solo para aparecer en el lado opuesto del sol un promedio de cincuenta días después.+

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Luego Venus se eleva como una estrella vespertina y permanece en el cielo nocturno por unos doscientos sesenta días hasta que atraviesa su punto de elongación oriental y logra su mayor brillo antes de llegar nuevamente a la conjunción inferior, iniciando de nuevo el ciclo.

La astronomía maya tuvo a Venus en constante observación y consideraban muy seriamente su posición para la toma de grandes decisiones. Se ha demostrado que los mayas programaban sus guerras basándose en los puntos estacionarios de Venus y Júpiter. Los sacrificios humanos eran realizados después de la conjunción superior cuando Venus estaba en su más baja magnitud, porque temían mucho al primer levantamiento helíaco después de la conjunción inferior.

En un calendario maya que aparece en el Código de Dresde se detalla completamente el ciclo de Venus. En la astronomía maya calcularon cinco series de quinientos ochenta y cuatro días, es decir, 2.920 días que son cerca de ocho años o lo que es lo mismo cinco repeticiones del ciclo de Venus.

Venus es Quetzalcóatl, el Señor de la Aurora, así es mostrado en los frescos de Teotihuacán, y en el Códice de Dresde, cuyo glifo se observa en la cabeza del dios descendente. Muchos especialistas coinciden en afirmar que en el Códice de Dresde existe evidencia de que en la astronomía maya se conocían los periodos siderales de los planetas. De ser así esto implicaría que se conocían los movimientos heliocéntricos en el Sistema Solar.

A Venus se le conocía en la astronomía maya como Nok Ek (la gran estrella) y también se le conocía como Xux Ek (la estrella avispa). La revolución sinódica de Venus, es decir, el tiempo que transcurre entre dos pasos del planeta por delante o detrás del Sol, desde el punto de vista de la Tierra) tiene una oscilación que varía de 580 a 588 días (583.92 días). Los cálculos efectuados por los mayas lo colocaron en 584 días en promedio. En otras palabras esto quiere decir, que las alineaciones entre el Sol, la Tierra y Venus se repiten cada quinientos ochenta y cuatro días.

En la astronomía maya  se efectuaron ajustes a sus cálculos de muchos años logrando así una gran precisión como se puede observar en el Códice de Dresde.

El estudio de Venus fue la clave del sistema matemático y en la astronomía maya. Revolución sinódica de Venus fue referencia para todos los calendarios. En la correlación Venus con el Sol de 2.920 días, cinco años venusinos igualaba a ocho años solares de 365 días. El número trece está muy relacionado con la cuenta de Venus. Trece es la semana sagrada, es la suma de cinco más ocho que corresponde a la correlación Venus con el Sol, además multiplicado por veinte es el calendario de doscientos sesenta días.

El número veinte en el sistema numérico maya está relacionada con la revolución sinódica de Venus, veinte veces la correlación Venus con el Sol dan exactamente cien revoluciones sinódicas de Venus. Las tablas de Venus indicadas en el Códice de Dresde muestran cuatro secciones referidas a la aparición y desaparición de Venus, así como, a su conjunción superior e inferior. También se despliega el calendario de Venus en tres diferentes, cada uno de sesenta y cinco revoluciones sinódicas ó igual a ciento cuatro años calendario de trescientos sesenta y cinco días.

Los ciclos de Venus a través de la cúpula celeste fueron muy bien documentados por la astronomía maya. El ciclo es de doscientos cuarenta y tres años en los que el planeta realiza cuatro pasos. El último ocurrió el ocho de junio de 2012. Hay dos registros, uno correspondiente al año 1040 en Cotzumalhuapa, Guatemala y, otro, en 1145 pintado en el Templo de la Lechuza en Chichén Itzá.

El Sol                                                                        

La astronomía maya también le dio mucha importancia al Sol. Los mayas observaron atentamente al Sol durante todo el año mientras cursaba su camino a lo largo del horizonte. En Chichén Itzá, en la península de Yucatán, durante la puesta de sol, una serpiente de las estrellas se eleva por el costado de la escalera de la pirámide llamada El Castillo en el día del equinoccio de primavera y de otoño. Esto indica que los mayas notaron, no solo los extremos del Sol en los solsticios, sino también los equinoccios cuando el sol parecía salir por el este o por el oeste.

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La Luna

La luna también estaba presente en las inscripciones del calendario perteneciente a la astronomía maya. La cuenta lunar se basaba en veintinueve o en treinta días. Después de obtener la información pertinente sobre la fecha según el calendario maya se nota que las inscripciones mayas típicas contienen un cómputo lunar.

El periodo orbital de la luna se aproxima a los 29,5 días, por lo que al alternar su conteo entre estos dos números, la luna también se mezcló cuidadosamente en la secuencia del calendario. Su conocimiento lunar fue impresionante porque también hicieron predicciones de eclipses, un almanaque para predecirlos está contenido en el Códice de Dresde.

La duración actual del periodo orbital de la luna es de 29,53059 días, aunque existen discrepancias debidas a que no existe uniformidad en los movimientos aparentes del Sol y de la Luna. Los mayas no conocían el uso de fracciones numéricas. Después de largos períodos de cálculo encontraron una relación aproximada, tres lunas casi dan 59 días; seis lunas casi dan 177 días; diecisiete lunas casi dan 502 días; veintiuna lunas casi dan 620 días.

En la inscripción en la escalera de la Casa C del Palacio de Palenque, hay una inscripción del 603 d.C. que suma la cantidad de 4.193 días, equivalente a casi ciento cuarenta y dos lunas, para un periodo orbital de la luna medio de 29,528 días. Palenque desarrolló el factor de ochenta y una lunas correspondiente a 2.392 días, de manera que, una luna era equivalente a 29.533086.

La fórmula desarrollada por Copán permitía agrupar las lunas en grupos de seis, cambio realizado en 692 d.C. que se generalizó en Motagua, Petén y Usumacinta. Un grupo de seis lunas forma la mitad de un año lunar natural de 254 ó 355 días. Toda cuenta lunar se inicia con la Luna nueva. La cuenta de los años lunares naturales fue ampliamente utilizada por los mayas en extensos cálculos astronómicos.

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En 756 d.C. Copán introdujo otro cambio importante. En la Estela M se anotó cinco lunas para una fecha en la que las demás ciudades habían registrado seis. Esto representó el cambio del año lunar de doce lunas a un sistema de eclipses de luna que empieza cada medio año y, por tanto, debe usar un grupo de cinco lunas en vez de seis.

El Códice de Dresde da una tabla de cinco lunas y seis arregladas, de manera que, cada grupo comienza y termina cerca de una conjunción eclíptica. La tabla cubre un período de treinta y tres años. Se considera que es probable que hacia 756 d.C. el conocimiento de los eclipses permitiera la construcción de tablas lunares.

La Eclíptica

La eclíptica es la línea curva por donde transita el Sol alrededor de la Tierra, en su movimiento aparente visto desde la Tierra. En la astronomía maya la eclíptica es representada como una serpiente de dos cabezas. El camino del Sol en el cielo que está marcado por las constelaciones de estrellas fijas. Aquí se pueden encontrar la luna y los planetas porque están ligados, como la Tierra, al sol. Las constelaciones de la eclíptica también se llaman zodíaco.

En las constelaciones de la astronomía maya hay un escorpión, que podría equipararse con la constelación de Escorpio, para formar el escorpión se usaron las garras de Libra. Géminis es presentado por los mayas como un cerdo o un pecarí. Algunas otras constelaciones de la eclíptica se identifican como un jaguar, al menos una serpiente, un murciélago, una tortuga, un monstruo xoc, que en la mitología maya era un tiburón o un monstruo marino. Las Pléyades fueron vistas como la cola de la serpiente de cascabel y se llama «Tz’ab».

Las Pléyades

Las Pléyades son un grupo de estrellas que tuvieron destacada importancia para toda Mesoamérica. A simple vista podían observar su aparición y su desaparición con especial interés pues era determinante para empezar ciertas labores agrícolas. Los mayas las llamaban tzab “cola de serpiente de cascabel”, por su formación grupal.

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La primera aparición en el cielo de este conjunto astronómico señalaba el inicio de la temporada de lluvias y la migración de las aves y por lo tanto determina la abundancia o la escasez. Así, por ejemplo, los cazadores podían aprender acerca de las migraciones de sus presas en función de los cambios meteorológicos.

La Vía Láctea

En la astronomía maya conocían la Vía Láctea con el nombre de Wakah Chan, donde Wakah significa “erguido” y Chan “serpiente”. La Vía Láctea también era representada como un árbol de Ceiba frondoso, alto y majestuoso llamado El Árbol del Mundo. Cuando Sagitario se encontraba muy por encima del horizonte el Árbol del Mundo se presentaba erguido, entonces se levantaba sobre el horizonte y se elevaba hacia el norte. El Árbol del Mundo se encontraba en el cenit en ese momento, cuando Sagitario está por encima de horizonte y cruza el meridiano.

Wakah Chan fue fundamental en su mitología de la creación, y también en su concepción sobre el origen del universo; los ciclos de la Vía Láctea fueron un eje, tanto para medir el tiempo, como para celebrar la preservación de la vida; de algún modo fue una brújula de su propia aparición y preservación en la Tierra.

Eclipses

Las tablas que se encuentran en la página cincuenta y uno y la página cincuenta y ocho del Códice de Dresde informan sobre todos los eclipse solares y muchos de los eclipses de luna sin dar especificaciones de cuales serán vistos en el área ocupada por las mayas. Las tablas del códice abarcan un aproximado de treinta y tres años, es decir unas cuatrocientos cinco lunaciones. Estas tablas fueron diseñadas especialmente para ser reutilizadas y contienen esquema de corrección periódico.

Las tablas referentes a los eclipses que se encuentra el Códice de Dresde comienzan a partir del siglo VIII y gracias a su diseño podrían ser utilizadas hasta el siglo XVIII. La tabla también relaciona eclipses y fenómenos lunares con los ciclos de Venus y posiblemente Mercurio y otros fenómenos celestiales y estacionales.

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En las páginas cincuenta y uno y cincuenta y ocho del Códice de Dresde se relacionan cuatrocientos cinco lunaciones consecutivas agrupadas en sesenta y nueve grupos separados, sesenta de los cuales están formados por seis lunaciones cada uno y nueve por cinco lunaciones. Las primeras lunaciones suman ciento setenta y siete o ciento setenta y nueve días, debido a las interpolaciones de meses de treinta días entre los de veintinueve). En los últimos días de cada grupo ocurrió un eclipse de Sol.

El arqueólogo británico John Eric Sidney Thompson indicó que las fechas del principio y del fin de las tablas de eclipses posiblemente son 10.12.16.14.8 es decir 1083 d.C. y 16.14.10.0.8 que sería 1116 d.C., por lo tanto, se podría fechar al primera versión del Códice de Dresde aproximadamente hacia el siglo XII.

La astronomía maya, de acuerdo con Noriega, lograron arribaron a cinco fórmulas para la predicción de eclipses, expresadas en el Códice de Dresde. Tales fórmulas son:

La primera fórmula sería El Saros, ciclo de repetición de eclipses de Sol y de Luna en un lapso de dieciocho años más diez u once días, conocido en el viejo mundo y atribuido a los caldeos. Este ciclo corresponde a doscientos veintitrés lunaciones en un período de 6585.32 días y está inscrito en la página numero cincuenta y dos, sección B del Códice de Dresde y también aparece en el cuarto círculo de la “Piedra del Sol”.

La segunda fórmula se refiere al ciclo de eclipses alternativos de Sol y de Luna que transcurren en lapsos de treinta años de trescientos sesenta 360 días cada uno. Este período corresponde a 158.5 lunaciones que se efectúan en 4680 días y está registrado en la página cincuenta y ocho del Códice de Dresde. En este número de días ocurren seis revoluciones sinódicas de Venus, 158.5 lunaciones y siete eclipses consecutivos de Sol y de Luna en un mismo lugar.

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La tercera fórmula se basa en los ciclos alternativos de Sol y de Luna que se efectúan en períodos de 7280 días y que corresponden a 246.5 lunaciones, también mostrado en la página número cincuenta y ocho del Códice de Dresde. La cuarta fórmula se refiere a un ciclo de repetición de eclipses que tiene como lapso 450 lunaciones y es la suma de las dos anteriores. Este ciclo realizado en 11,958 días también está anotado en el Códice de Dresde.

Por último la quinta fórmula se basa en el ciclo del triple Saros, formado en el transcurso de seiscientos sesenta y nueve lunaciones, observado en segundo círculo de la Piedra del Sol. Este triple Saros de cincuenta y cuatro años también fue conocido por los mayas. En el Códice de Madrid se relaciona como los eclipse afectan los ciclos de lluvia y sequía en el campo agrícola. En la página diez y en la página trece aparecen almanaques similares a las tablas del Códice de Dresde

Otras Observaciones

Los ritos y las ceremonias propias de la astronomía maya recibían una gran influencia de los diferentes cuerpos celestes. En los diferentes textos y inscripciones de las cuales se dispone se han encontrado referencias a Venus, la Luna, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno, Escorpión, Orión y la Vía Láctea. No se sabe con precisión que los mayas hayan observado a otros astros, algunos investigadores niegan que hayan podido calcular el movimiento de otros planetas e incluso niegan que algunas de las tablas del Códice de Dresde se refieran a Marte.

Otros piensan diferente con base en las referencias del Códice a símbolos planetarios y escenas que aparecen en el manuscrito. De hecho, por su cercanía al Sol, Mercurio es difícil de observar aunque otras civilizaciones lograron hacerlo. El historiador alemán Ernst Wilhelm Förstemann encontró en el Códice de Dresde la correlación de la revolución sinódica de Mercurio calculada a razón de ciento cincuenta y cinco días con el calendario sagrado, a través del número 11.960 en las páginas 24, 25 y 52 del Códice de Dresde.

Este número también correlaciona la cuenta de cuatrocientos cinco lunas. En la página cincuenta y nueve aparece una cuenta que representa cinco veces el número 11.960. De manera que los cálculos de Mercurio se correlacionan con los de otros planetas. El mismo Förstemann señala que, en las páginas 24, 38, 41, 43, 59 y 64 del Códice de Dresde se indican referencias a Marte.

Además, en la página cincuenta y nueve aparecen dos grandes números: 1.426.360 y 1.386.580 cuya diferencia de 39.780 equivale a cincuenta y un revoluciones sinódicas de Marte, cada una de setecientos ochenta días.

Los trescientos noventa y nueve días de las revolucione sinódicas de Júpiter y las trescientos setenta y ocho de Saturno aparecen varias veces citadas en las cuentas del Códice de Dresde. En la página setenta hay una cantidad calculada de 4914 días que corresponden a trece retornos de Saturno. En la página setenta y dos se encuentra la cuenta de este planeta con 378 días. Otras referencias se indican desde la página cincuenta y dos hasta la pagina cincuenta y ocho del Códice.

Respecto a la observación de constelaciones y estrellas se carece de suficiente información. Se sabe, sin embargo, que Las Pléyades, conocidas como Tzab (serpiente de cascabel) fueron observadas según varios registros existentes. La constelación de Géminis se conocía como la tortuga. En los códices hay varias representaciones de la estrella Polar.

La constelación de Casiopea seguramente fue observada pues se considera la guía de los caminantes. Con toda seguridad, la Vía Láctea fue observada, lo mismo que la constelación de Orión y la de la Osa Mayor, así como a las estrellas Rigel, Betelgeuse y Sirio, visibles a simple vista.

Códices mayas

Los códices mayas son conjuntos de hojas o cuadernos escritos en escritura maya por los escribas de la precolombina civilización maya. A estos códices se les dio los nombres de las ciudades en las que ahora se guardan: Dresde, Madrid, París y México. El Códice de Dresde generalmente se considera el más importante de los cuatro.

Durante la conquista española de Yucatán en el siglo XVI, había muchos libros similares que más tarde fueron destruidos en gran escala por los conquistadores y sacerdotes. Así, la destrucción de todos los libros presentes en Yucatán fue ordenada por el obispo Diego de Landa en julio del año 1562. Estos códices, así como las numerosas inscripciones en monumentos y estelas que aún se conservan en la actualidad, constituyeron los archivos escritos de la civilización maya.

Por otro lado, es muy probable que la variedad de temas que trataron difiera significativamente de los temas conservados en la piedra y en los edificios; con su destrucción se ha perdido la posibilidad de vislumbrar áreas clave de la vida maya. Solo han sobrevivido cuatro códices: el Códice de Dresde, El Códice de Madrid, El Códice de París y El Códice Grolier (fragmento).

El Códice de Dresde

El Códice de Dresde es el más avanzado de los cuatro códices existentes. Este códice es un calendario donde se presentan todos los días del año y a los dioses con los cuales se les relaciona. En él se detalla el calendario maya y su sistema de numeración. El códice está escrito en una tira larga de papel amate doblada como un acordeón para componer un libro de treinta y nueve hojas de doble cara.

Se estima que fue escrito por varios escribas, cinco u ocho según los especialistas que lo examinaron, poco antes de la conquista española. Reaparece en Europa donde la Real Biblioteca de la Corte de Sajonia la adquirió en 1739. Se conserva en la Biblioteca Estatal y Universitaria de Sajonia en Dresde

El Códice de Madrid

El códice de Madrid trata sobre el horóscopo y las tablas de astrología. Según la historia fue el propio Hernán Cortes quien lo envió a la corte real de España. Tiene ciento doce páginas, que se separan en dos secciones, conocidas como el Códice Troano y el Códice Cortesiano. Ambas secciones fueron reunidas en 1888. Se conserva en el Museo de América de Madrid, España.

El Códice de París

El códice de París fue encontrado en la Biblioteca Nacional de Francia en 1859 por Léon de Rosny en un estado muy lamentable. Todavía se conserva en Fondo Mexicano (Fonds Mexicain) de la Biblioteca Nacional de Francia y es guardado celosamente sin exhibición al público, sin embargo se h podido estudiar gracias a copias del documento. El códice de París esta compuesto de once páginas, de las cuales a dos se le han borrado por completo los detalles y en las restantes los glifos centrales se han conservado pero se han borrado los de los márgenes.

Según la obra de Bruce Love titulada “El Códice de París: Manual para un sacerdote maya» publicada en 1994, su temática se refiere a cuestiones rituales, correspondiente a los dioses y sus ceremonias, profecías, calendario de ceremonias y un zodiaco dividido en trescientos sesenta y cuatro días.

El Códice Grolier

El Códice Grolier es conocido ahora como Códice Maya de México, surgió en la década de 1970 cuando los eruditos ya sabían, desde el siglo XIX, sobre la existencia de los tres anteriores. La autenticidad de este cuarto códice maya fue inicialmente cuestionada. No fue autenticado formalmente hasta 2016 por el profesor Stephen Houston de la Universidad de Brown y su equipo.

Este es un fragmento de once páginas que se cree que se encontró en una cueva en la sierra de Chiapas en 1965. Sus páginas son mucho menos complejas que las de otros códices. Cada uno presenta un dios mirando hacia la izquierda. La parte superior de cada página está marcada con un número, mientras que la parte inferior izquierda aparentemente tiene una lista de fechas. Se mantiene en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México que no lo exhibe al público, pero las fotos se pueden encontrar en internet.

Estelas mayas

Las estelas mayas son monumentos que han sido tallados por artistas de la civilización maya de Mesoamérica. Estas estelas son piedras de forma alargada y muchas veces más anchas que gruesas, que han sido talladas y colocadas verticalmente, han sido talladas la mayoría de las veces en bajorrelieve, pero también encontramos algunas en alto relieve, e incluso algunas inscripciones en blanco. A menudo se asocian con piedras circulares llamadas altares, aunque su función real es incierta.

Las estelas que erigieron los mayas en gran cantidad tenían tallada una fecha en cuenta larga y por lo general solían tener una serie complementaria que contenían datos referentes a la luna, como el número de días en el período lunar concreto, la longitud de la lunación y el número de lunaciones en series de seis. En algunas se incluían un recuento de ochocientos diecinueve días que podría estar asociado con el recuento de los días de un ciclo asociado con Júpiter.

Se registraron algunos otros eventos astronómicos, por ejemplo, la advertencia de eclipse en Quiriguá Estela E – 9.17.0.0.0. Un eclipse solar parcial fue visible en Mesoamérica dos días después el 17.17.0.0.2 es decir el viernes dieciocho de enero de 771.

Observatorios en la Astronomía Maya

Los Observatorios astronómicos mayas eran sobre todo una especie de oráculo, lugar de oración y templo. Para los mayas registrar los movimientos de los objetos celestes era una forma de expresar la voluntad de los dioses. Estudiando los movimientos de los astros los mayas pudieron elaborar sus calendarios y la alineación de un cuerpo espacial con algún edificio era un aviso de que se acercaba una fecha importante.

En la arquitectura se plasmó la importancia y el papel social que tuvo en Mesoamérica y, en especial en el área de la astronomía maya, la observación del cielo. Las construcciones arquitectónicas asociadas a estructuras sagradas y civiles, además de subrayar el avanzado conocimiento de los maestros de obra de la comunidad, constituyeron la demostración palpable del poder por parte del gobernante. Estos edificios fueron intencionalmente orientados a partir de criterios astronómicos y estudios topográficos previos.

Los mayas construyeron edificios en forma de pirámides y plataformas fueron utilizadas para realizar actividades políticas y religiosas pero también servían como marcadores o puntos de referencia que indican las salidas y puestas del Sol, así como los movimientos de astros como la Luna y Venus. Como explica el arqueólogo especializado en la arqueología y astronomía maya Orlando Casares Contreras:

«Un punto para observar el movimiento del Sol puede ser una entrada a un templo, una alfarda. En muros, escalinatas, nichos, caminos e incluso pinturas murales de cientos de edificios mayas se proyectan luces y sombras producidas por el movimiento del Sol, de Venus o la Luna. Con esas marcas efímeras esta antigua civilización hizo visible el tiempo e identificar en qué momento sembrar y cosechar»

Jesús Galindo, arqueoastrónomo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó «Las alineaciones de luz sobre los edificios ocurren no para indicar un fenómeno en el cielo, se trata de escenografías para señalar a los hombres que alguna fecha significativa se acerca; de este modo organizaban sus actividades y su vida económica, social y religiosa».

Como ejemplo de esta afirmación Jesús Galindo dice que se han identificado juegos de luces y sombras proyectados sobre los edificios de diversos sitios de Mesoamérica en las fechas del veintinueve de abril y el trece de agosto. Aunque en esos días no se registra ningún fenómeno solar relevante se alinea el sol en las diferentes estructuras. La función de estas fechas es dividir el año de trescientos sesenta y cinco días en dos partes.

Indicó que tal caso se puede apreciar en el Templo superior de Los Jaguares del Gran Juego de Pelota de Chichén Itzá y la ventana central del Caracol (el Observatorio) de la misma ciudad maya de Yucatán; el Edificio de los Cinco Pisos de Edzná, en Campeche y, fuera del área maya, la Pirámide del Sol, en Teotihuacán, Estado de México.

Para Galindo Trejo los edificios orientados astronómicamente, estaban investidos de un simbolismo ritual, pues, al darse la alineación, se demostraba que estaban relaciones con los principios básicos del calendario y armonizaban con la voluntad de las divinidades. Se trataba de una especie de relojes cósmicos. Además, el gobernante que mandó realizar la construcción monumental, se presentaba ante su pueblo mostrando que tanto el edificio como él mismo recibían el favor de los dioses.

Las observaciones de la astronomía mayas fueron realizadas a simple vista o con precarios instrumentos ahora desconocidos. Algo similar ocurrió con otras civilizaciones. Fue hasta el siglo XVII, con Galileo Galilei, cuando se empezó a utilizar el telescopio para las observaciones del cielo. Aún así los pueblo de Mesoamérica contaron con observatorios astronómicos como las llamadas “estructura de horizonte”. Tal es el caso del grupo E de Uaxactún o el llamado “Caracol” de Chichén Itzá. La existencia de observatorios está revelada en varios códices mayas.

Entre las diversas orientaciones, son muy numerosas en toda Mesoamérica y en el área maya en especial, las que apuntan hacia el ocaso heliaco en los días veintinueve de octubre y doce de febrero, un claro ejemplo lo constituyen el recinto Preclásico de El Mirador (Guatemala), la Casa E del Palacio de Palenque (Chiapas), el Templo Superior de los Jaguares de la Gran Cancha de Juego de Chichén Itzá, en el Observatorio de El Caracol, y en la Casa Colorada de Chichén Itzá (Aveni y Hartung, 1986; Sprajc y Sánchez Nava, 2012; Galindo Trejo, 2016).

La primera fecha, veintinueve de octubre, señala los cincuenta y dos días que faltan para que el Sol alcance su posición extrema en el sur, durante el solsticio de invierno. Una vez celebrado este acontecimiento, tiene que transcurrir cincuenta y dos días más para llegar a la fecha del doce de febrero.

Desde esta última fecha hasta el siguiente veintinueve de octubre, transcurren exactamente doscientos sesenta días. Por lo tanto, los arquitectos y astrónomos mayas utilizaron como pivote natural el solsticio de invierno para realizar la cuenta de los días, y enmarcándolo entre dichas fechas.

Los observatorios con orientaciones lunares dentro de la astronomía maya se pueden observar en la isla de Cozumel, considerada “tollan”, es decir, centro de peregrinación de la Península del Yucatán durante el Epiclásico y Posclásico desde el año 900 al año 1519 d.C., (Patel, 2016). En esta isla se analizaron los edificios de San Gervasio, Grupo Manitas; Grupo Sesenta y cuatro Central; Grupo El Ramonal; Buena Vista y La Expedición.

Cada uno de estos edificios exhibe orientaciones lunares, predominando la señalización de la Luna menguante. Ésta llegaba a sus extremos norte cerca del solsticio de invierno, y hacia el solsticio de verano alcanzaba sus extremos en el sur. Para los mayas peninsulares, la desaparición de la Luna menguante en el oriente, indicaba el momento de peregrinación hacia el santuario de Ixchel.

En varios edificios de San Gervasio se pueden observar las orientaciones hacia los valores alcanzados por el Sol en los solsticios de junio y diciembre. En la ciudad de El Mirador (Guatemala), también se han hallado patrones de alineación respecto a las puestas de Sol solsticiales (Sprajc, Morales Aguilar y Hansen, 2009).

Aunque, quizás el ejemplo más relevante sea el del Observatorio de El Caracol de Chichén Itzá. Este edificio de forma circular erigido sobre dos plataformas presenta una serie de ventanas, las tres superiores así como los vértices de ambas plataformas señalan las posiciones del Sol en el horizonte durante las fechas más importantes: los solsticios y equinoccios, además de las posiciones que alcanza Venus en sus extremos sobre la bóveda celeste (Galindo Trejo, 2006).

Existen muchas evidencias de que Copan, en Honduras, fue un centro de gran importancia para la astronomía maya. Por los datos de la Estela A allí se logró determinar con mucha precisión el calendario, año 731. En la Estela M se encuentran por primera vez eclipses con la ordenación de lunas en grupos de cinco y seis, año 756. En 763, el Templo veintidós se dedicó a Venus con las correcciones correspondientes al período sinódico y el Templo once probablemente estaba dedicado a las tablas de eclipses.

El cálculo de Copán (731 d.C.) para la duración del año real fue de 365,2420 días (el valor actual es de 365.2422, de manera que solamente hay una diferencia de un diezmilésimo de día). Copán, palenque y Quiriguá fueron los lugares donde se determinó la duración del año trópico. La lunación determinada por Copán (699 d.C.) fue de 29,53020 días (el cálculo actual es de 29, 53059 días) y el de Palenque era de 29.53086 días.

Respecto a la revolución sinódica de Venus, el cálculo de Copan (763 d.C.) con una corrección de menos de un día cada seis mil años, era de 583.92, el mismo que el valor actual.

En el antiguo México se realizaban reuniones para ajustar los datos determinados para el calendario y tal vez para discutir diversas observaciones astronómicas. Esto se evidencia en Xochicalco y en Copán. El Altar Q de Copán es un bloque de piedra colocado frente a la pirámide del Templo 16 con expresiones escultóricas labradas. Están esculpidas dieciséis figuras que recuerdan una reunión de astrónomos ocurrida en el siglo VIII.

En el Altar T se ven figuras humanas en un arreglo parecido. En la escalera que conduce al primer Templo de la Acrópolis, en Copán está también la inscripción maya más larga consistente de mil quinientos jeroglifos.

El paso cenital del Sol es otro de los fenómenos astronómicos que se relaciona en las alineaciones arquitectónicas. El Templo cinco de Tulum es un buen ejemplo de ello y sirvió para asociar el templo con la divinidad solar. En él todavía se conservan las representaciones de Kin e Ixchel en las pinturas murales. El Edificio P de Monte Albán (Oaxaca) es otro observatorio cenital: Debajo de la escalinata principal se halla una cámara obscura con una abertura mínima que tan sólo deja entrar los rayos solares a partir del 17 de abril hasta el 25 de agosto.

Estas fechas enmarcan el Sol cuando alcanza su cenit al mediodía durante el solsticio de verano y ambas se separan en el tiempo de este fenómeno sesenta y cinco días. Esto es debido a que la cultura zapoteca dividía el calendario de doscientos sesenta días en cuatro periodos de sesenta y cinco días, llamados “cocijo” (Galindo Trejo, 2006).

Otro ejemplo de orientación arquitectónica hacia el cenit solar se encuentra en la Pirámide del Mago en Uxmal, las estructuras exteriores del edificio se orientan hacia las fechas del veintidós de mayo y el veintidós de junio, que corresponden a los pasajes del sol a través del cenit en la latitud de Uxmal (Aveni y Hartung, 1986)

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