La NASA ultima los preparativos para Artemis II, el primer vuelo tripulado del programa que devolverá a astronautas al entorno lunar tras más de medio siglo. La misión está concebida como un viaje de unos 10 días alrededor de la Luna para validar sistemas antes de intentos de alunizaje posteriores.
En el calendario operativo de la agencia se maneja una ventana de lanzamiento que apunta a febrero con margen hasta abril, mientras se completan integraciones y pruebas clave. Más allá del simbolismo histórico, Artemis II busca ensayar la tecnología y los procedimientos que sostendrán una presencia humana estable en el vecino satélite.
Tripulación y perfil del vuelo

Cuatro astronautas integran la tripulación: Reid Wiseman (comandante), Victor Glover (piloto), Christina Koch y Jeremy Hansen. Koch se convertirá en la primera mujer en circunnavegar la Luna y Glover en el primer astronauta afroamericano en hacerlo, hitos que se suman al objetivo técnico de la misión.
Durante el arco máximo del periplo podrían llegar a observar a simple vista zonas del lado lejano, aportando contexto para futuras campañas científicas. El amerizaje está previsto en el Pacífico, frente a la costa de San Diego, con equipos de recuperación coordinados por la NASA y el Departamento de Defensa.
La cápsula ha sido bautizada por la propia tripulación como «Integrity», una recuperación de la tradición de nombrar las naves que subraya los valores de cooperación y seguridad que guían el programa.
Fechas y estado del lanzamiento

La agencia trabaja para adelantar el despegue a febrero, con el compromiso de no ir más allá de abril, siempre que las verificaciones se cierren sin contratiempos. Han circulado fechas tentativas en las primeras semanas de febrero (incluido un posible día 5) e incluso a finales de mes, pero ninguna ha sido oficializada.
Los próximos hitos incluyen la integración de Orion en la cúspide del SLS, revisiones del sistema de escape de emergencia y ensayos en cuenta atrás. Si alguna prueba requiere ajustes, el calendario se moverá, dado que la prioridad declarada es la seguridad de la tripulación.
En paralelo, la carrera por la Luna se acelera con otros programas nacionales. La NASA busca mantener el ritmo en un contexto exigente, mientras optimiza recursos y coordina a socios internacionales de cara a las siguientes misiones del plan Artemis.
Este vuelo no contempla alunizaje; su propósito es madurar procedimientos, certificar sistemas y reducir riesgos para el salto posterior a la superficie del polo sur lunar.
La nave Orion y el módulo de servicio europeo

Orion despegará en el cohete SLS, asistido por dos propulsores sólidos que se separarán tras los primeros minutos de ascenso. Una vez en trayectoria, el motor principal de la nave ajustará el rumbo para el gran arco alrededor de la Luna.
El Módulo de Servicio Europeo (ESM), suministrado por Airbus para la NASA, proporciona agua, oxígeno y nitrógeno, además de aviónica, paneles solares y propulsión. Este segmento es esencial para mantener con vida a la tripulación y para las maniobras en el espacio profundo.
Tras lo aprendido en Artemis I, el equipo ha refinado el perfil de reentrada para limitar el estrés térmico sobre el escudo y aumentar márgenes de seguridad. El conjunto permitirá una reentrada de alta velocidad seguida de amerizaje y recuperación de la cápsula.
Estas validaciones convertirán a Artemis II en un ensayo general de los sistemas que deberán sostener estancias más largas en órbita lunar y, en el futuro, operaciones en la superficie.
Ciencia, apoyo en tierra y participación global

La misión llevará cargas y protocolos centrados en radiación, fisiología y desempeño en ambientes extremos. Un equipo de especialistas en geología lunar, cráteres de impacto, vulcanismo, tectonismo y hielo en el polo sur apoyará en tiempo real desde el Centro Espacial Johnson.
La NASA también fomenta la implicación del público con la iniciativa de enviar nombres a bordo de Orion, almacenados en una memoria que viajará con la nave. La inscripción es global y gratuita, con plazas abiertas hasta enero antes de la campaña de lanzamiento.
Artemis II viajará acompañado por colaboraciones internacionales. Destaca Atenea, un microsatélite argentino de unos 30 × 20 cm que validará tecnologías de comunicaciones de largo alcance, medirá radiación solar y probará sensores en una órbita elíptica exigente.
El proyecto Atenea, coordinado por la CONAE junto a universidades y centros de investigación, se enmarca en una selección de cargas de distintos países y evidencia cómo Artemis actúa como catalizador para ecosistemas espaciales emergentes.
Mirando más allá, el plan prevé que Artemis III intente el primer alunizaje del programa en la región polar sur con el HLS, mientras la futura estación Gateway permitirá montar operaciones logísticas sostenidas alrededor de la Luna.
Con una ventana temporal acotada, una tripulación diversa y tecnología afinada a partir de Artemis I, el segundo peldaño del programa lunar se perfila como la pieza que pondrá a prueba lo esencial: la capacidad de volar seguro, generar ciencia útil y coordinar a una red internacional que aspira a quedarse en la Luna y preparar el salto a Marte.