Rasgos del arte Japonés, evolución, tipos y más

Como cultura milenaria el Japón ha mostrado durante todos estos años su arte, aprende con nosotros por medio de este interesante artículo, todo sobre el milenario Arte Japonés, desarrollado a lo largo del tiempo en diversos períodos y estilos. ¡No se lo pierda!

ARTE JAPONES

Arte japonés

Al hablar del arte Japonés estámos hablando de lo notificado por esta civilización en el transcurso del tiempo en varias fases y estilos, que fueron desenrollando temporalmente con el desarrollo social y cultural del pueblo japonés.

Las variaciones que va sufriendo el arte en Japón son consecuencias  de su desarrollo tecnológico , donde podemos darnos cuenta el uso en sus expresiones artísticas el uso de materia prima del país. Así como el llamado arte occidental , sus expresiones más emblemáticas estaban influenciadas por la religión y el poder político.

Una de las principales características del arte japonés es su eclecticismo, proveniente de los diferentes pueblos y culturas que llegaron a sus costas a lo largo del tiempo: los primeros pobladores que se asentaron en Japón -conocidos como Ainu- pertenecieron a un Rama caucásica del norte y este de Asia, probablemente llegó cuando Japón todavía estaba unido al continente.

El origen de estos colonos es incierto, y los historiadores consideran varias hipótesis, desde una raza Ural-Altaica hasta un posible origen indonesio o mongol. En cualquier caso, su cultura parecía corresponder al Paleolítico Superior o al Mesolítico.

Posteriormente, varios grupos de la raza malaya del sudeste asiático o de las islas del Pacífico llegaron a las costas japonesas, así como a Corea y varias partes de China, que fueron introducidas gradualmente desde el sur, desplazando a los ainu. al norte de Japón , mientras que en una oleada posterior, varios grupos de la misma etnia de China y Corea llegaron a Japón.

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A esta mezcla racial hay que agregar la influencia de otras culturas: debido a su insularidad, Japón ha ha sido aislada gran parte de su historia, pero a intervalos ha recibido la influencia de las civilizaciones del continente, especialmente China y Corea, especialmente desde el siglo V.

Así, la cultura ancestral japonesa que emergió de sucesivas avanzadas a la inmigración se le añadió una influencia extranjera, forjando un arte ecléctico abierto a la innovación y al progreso estilístico.

También es interesante el fijarnos que gran parte del arte producido en Japón se basa en lo religioso: a la religión sintoísta típica de la región, formada alrededor del siglo I, se agregó el budismo alrededor del siglo V, forjando una fusión religiosa que aún perdura hoy y que también ha dejado su reflejo en el arte.

El arte japonés es la consecuencia de estas diferentes culturas y tradiciones, interpretando a su manera las formas de arte importados de otros países, que alcanza según su concepción de la vida y el arte, ejecutando cambios y simplificando sus características particulares.

Como los elaborados templos budistas chinos , que en Japón ha pasado por una metamorfosis  al tener que abandonar ciertos elementos de su arte y unirlos con otros, esto expresa el carácter unión de este arte, por lo que siempre ha tomado naturalmente algo de otra cultura de otros países.

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El arte japonés tiene en la cultura japonesa un gran sentido de la meditación y la interrelación entre el hombre y la naturaleza, también representado en los objetos que lo rodean, desde los más ornamentados y enfáticos hasta los más simples y cotidianos.

Esto es visible en el valor que se le da a la imperfecciones, la naturaleza efímera de las cosas, el sentido humanitario que los japoneses establecen con su entorno. Así como , en la ceremonia del té, ellos valoran la calma y la tranquilidad de este estado de contemplación que logran con un ritual simple, basado en componentes sencillos y una armonía de un espacio asimétrico e inacabado.

Para ellos, la paz y el balance están asociadas con la calidez y el confort, cualidades que a su vez son un fiel reflejo de su concepto de belleza. Incluso a la hora de la comida, no importa la cantidad de comida o su presentación, sino la percepción sensorial de la comida y el significado estético que le da a cualquier acto.

Asimismo, los artistas y artífices de este país tienen un alto grado de conexión con su trabajo, sintiendo los materiales como parte esencial de su vida y de su comunicación con el entorno que les rodea.

Fundamentos del arte japonés

El arte japonés, como el resto de su filosofía -o, simplemente, su forma de ver la vida- está sujeto a la intuición, la falta de racionalidad, la expresión emocional y la sencillez de acciones y pensamientos. a menudo expresado simbólicamente.

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Dos de las particularidades distintivas del arte japonés, son la sencillez y la naturalidad: las expresiones artísticas son un reflejo de la naturaleza, por lo que no requieren una producción elaborada, todo esto lleva a que lo que desea los artistas es que lo esbozado, sugerido, sea descifrado luego por el espectador.

Esta sencillez ha provocado en la pintura una tendencia al dibujo lineal, sin perspectiva, con abundancia de espacios vacíos, que sin embargo se integran armoniosamente en el conjunto. En arquitectura, se materializa en diseños lineales, con planos asimétricos, en una conjunción de elementos dinámicos y estáticos.

A su vez, esta sencillez en el arte japonés, está ligada a una llaneza innata en la relación entre arte y naturaleza, que es parte de su idiosincrasia ,que se refleja en su vida , y la experimentan con una delicada sensación de melancolía, casi tristeza.

El cómo el paso de las estaciones les da una sensación de fugacidad, donde se puede ver la evolución que hay en la naturaleza por el carácter efímero de la vida. Esta sencillez se refleja sobre todo en la arquitectura, que se integra armoniosamente en su entorno, como lo indica el uso de materiales naturales, sin obra, mostrando su aspecto rugoso, inacabado. En Japón, la naturaleza, la vida y el arte están inextricablemente vinculados y el logro artístico es un símbolo de todo el universo.

El arte japonés busca alcanzar la armonía universal, yendo más allá de la materia para encontrar el principio generador de la vida. La ornamentación japonesa busca encontrar el sentido de la vida a través del arte: La belleza del arte japonés es sinónimo de armonía, creatividad; es un impulso poético, un camino sensorial que conduce a la realización de la obra, que no tiene un fin en sí mismo, sino que va más allá.

La que llamamos belleza es una categoría filosófica, que nos remite a la existencia: reside en alcanzar el sentido con el todo. Lo expresado por  Suzuki Daisetsu: «la belleza no está en la forma exterior, sino en el sentido en que se expresa».

El arte no empieza por su  carácter sensible, sino en los atributos sugerentes; No tiene que ser exacto, sino mostrar un don que conduce a la plenitud. Pretende captar lo esencial a través de esa parte, que sugiere el todo: el vacío es un complemento de lo japonés  existente.

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En el pensamiento oriental, existe una unidad entre materia y espíritu, que prevalece en la contemplación y comunión con la naturaleza, a través de la adhesión interior, de la intuición. El arte japonés (gei) tiene un significado más trascendente, más intangible que el concepto de arte aplicado en Occidente: es cualquier manifestación de la mente, entendida como energía vital, como la esencia que da vida a nuestro cuerpo que de hecho se desarrolla y evoluciona, realizando una unidad entre cuerpo, mente y espíritu.

El sentido del arte japonés se ha desarrollado con el tiempo: desde sus inicios donde existieron los primeros vestigios sobre el arte y la belleza se remontan a la antigüedad cuando se forjaron los principios creativos de la cultura japonesa y las que se expresaron en las màs importantes obras de la literatura del país:

Kojiki , Nihonshoki  y Man ‘yōshū , lo anterior son publicaciones , las dos primeras son referentes a las primeras obras de la historia del Japón y la última es sobre poemas escrito durante el primer milenio, para esa época prevalecía el pensamiento del Sayashi («puro, claro, fresco»), aludiendo a una especie de belleza caracterizada por la sencillez, la frescura, una cierta ingenuidad que viene con el uso de materiales ligeros y naturales como Tierra de figuras Haniwa o madera en arquitectura.

El Santuario de Ise lo podemos clasificar como la mejor representación de este estilo, hecho con madera de ciprés, que ha sido renovado cada veinte años desde el siglo VIII para mantener su candor y lozanía. De esta noción surge una de las constantes del arte japonés: el valor atribuido a la belleza efímera, efímera, efímera que se desarrolla con el tiempo.

En Man ‘yōshū, sayakeshi se manifiesta en los afectos de ser fiel y probó, así como en la descripción de cómo los componentes como el cielo y el mar, ellos le daban una sensación de grandeza que abruma al hombre.

Sayakeshi se relaciona con el concepto de Naru («devenir»), en el que el tiempo se valora como una energía vital que converge en el devenir, en la culminación de todas las acciones y de todas las vidas.ARTE JAPONÉS

Situándonos para los periodos de Nara y Heian, lo artístico del arte  evolucionó rápidamente gracias a existir los primeros contacto con la cultura china, así como a la llegada del budismo. El concepto principal de esta era era la conciencia, un sentimiento emocional que abruma al espectador y lo lleva a un profundo sentido de empatía o lástima.

Se relaciona con otros términos como okashi, el que atrae con su alegría y carácter agradable; omoshiroi, propiedad de las cosas radiantes, que atraen la atención por su brillo y claridad; el yūbi, concepto de gracia, de elegancia; el yūga, una cualidad de refinamiento en belleza; el en, la atracción del encanto; el rey, la belleza de la calma; yasashi, la belleza de la discreción; y el ushin, el sentido profundo de lo artístico.

La historia de Genji de Murasaki Shikibu, que encarnaba un nuevo concepto estético llamado mono-no-awareness -término introducido por Motōri Norinaga-, que transmite una sensación de melancolía, tristeza contemplativa derivada de la fugacidad de las cosas, belleza fugaz que dura un momento y perdura en la memoria.

Pero sobre todo es un sentimiento de delicada melancolía que puede llevar a una profunda tristeza al sentir profundamente la belleza exhalada de todos los seres de la naturaleza.

Esta filosofía de la  «búsqueda ideal» de la belleza, de un estado de meditación donde el pensamiento y el mundo de los sentidos se encuentran, es característica de la delicadeza japonesa innata por la belleza, y es evidente en el festival Hanami, la celebración del cerezo en flor.

En el Medioevo japonés los períodos Kamakura, Muromachi y Momoyama, donde tubo como característica, el dominio militar en la  totalidad de la sociedad feudal del País, surgió el concepto de dō (“camino”), que genera un desarrollo del arte para ese momento, se muestra en la práctica ceremonial de ritos sociales, como lo demuestran shodō (caligrafía), chadō (ceremonia del té), kadō o ikebana (el arte de los arreglos florales) y kōdō (ceremonia del incienso).

Las prácticas no importan el resultado, sino más bien el proceso evolutivo, la evolución en el tiempo – nuevamente el naru -, así como el talento demostrado en la perfecta ejecución de los ritos, lo que denota destreza, así como un compromiso espiritual en la búsqueda de la perfección.

En estos nuevos conceptos tuvo una influencia decisiva una variante del budismo llamado Zen, que enfatiza ciertas «reglas de vida» basadas en la meditación, donde la persona pierde la conciencia de sí mismo. Así, todo trabajo cotidiano trasciende su esencia material para significar una manifestación espiritual, que se refleja en el movimiento y paso ritual del tiempo.

Este concepto también se refleja en la jardinería, que alcanza tal grado de importancia donde el jardín es una visión del cosmos, con un gran vacío (mar) que se llena de objetos (islas), encarnados en la arena y las rocas. , y donde la vegetación evoca el paso del tiempo.

La ambivalencia zen entre la sencillez y la profundidad de una vida trascendente imbuye un espíritu de «elegancia simple» (wabi) no sólo en el arte, sino también en el comportamiento, las relaciones sociales y los aspectos más cotidianos de la vida. . El Maestro Sesshū dijo que «el Zen y el arte son uno».

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Este  Zen se plantea en siete hechos ornamentales: fukinsei , una forma de negar la optimización para lograr el balance presente en la naturaleza; kanso , sacar lo sobrante y lo que sacas te hará  descubrir la sencillez de la naturaleza.

Kokō (dignidad solitaria), cualidad que las personas y los objetos adquieren con el tiempo y les confieren una mayor pureza de su esencia; shizen (naturalidad), que está ligada a la sinceridad, lo natural es genuino e incorruptible; yūgen (profundidad), la real esencia de las cosas, que va  más allá su simple materialidad, su aspecto superficial.

Datsuzoku (desapego), libertad en la práctica de las artes, cuya misión es liberar la mente, no controlarla – así, el arte se prescinde de todo tipo de parámetros y reglas -; seiyaku (serenidad interior), en una situación de quietud, calma, necesario para que fluyan los seis principios anteriores.

En especial es la ceremonia del té, donde el concepto japonés de arte y belleza se sintetiza magistralmente, creando una auténtica religión estética: el «teísmo».  Esta ceremonia representa el culto a la belleza en oposición a la vulgaridad de la existencia cotidiana. Su filosofía, tanto ética como estética, expresa la concepción integral del hombre con la naturaleza.

Su sencillez conecta las pequeñas cosas con el orden cósmico: la vida es una expresión y las acciones siempre reflejan un pensamiento. Lo temporal es igual a lo espiritual, lo pequeño es lo grande.Este concepto también se encuentra en el salón de té (sukiya), una construcción efímera producto de un impulso poético, desprovisto de ornamentación, donde se venera lo imperfecto, y siempre se deja algo inacabado, lo que completará la imaginación.

La falta de simetría es característica, debido al pensamiento Zen de que la búsqueda de la perfección es más importante que ella misma. La belleza solo puede ser descubierta por aquellos que completan a través de su razonamiento lo que falta.

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Finalmente, en la era moderna –que comenzó con el período Edo-, aunque persisten las ideas previas, se introducen nuevas clases artísticas, que están vinculadas al surgimiento de otros órdenes sociales que surgen a medida que Japón se moderniza: el sui es un cierta delicadeza espiritual, que se encuentra principalmente en la literatura de Osaka.

El pensamiento Iki es una gracia digna y directa, presente particularmente en el  kabuki; El karumi es un concepto que defiende la ligereza como algo primordial, bajo la cual se obtiene la «profundidad» de las cosas, reflejada en particular en la poesía del haiku, donde Shiori es una belleza nostálgica.

«Nada dura, nada está completo y nada es perfecto». Estas serían las tres claves en las que se basa el «Wabi sabi», un expresión japonesa (o un tipo de visión estética) que se refiere a lo hermoso de lo imperfecto, lo incompleto y lo cambiante, aunque sí se refiere a también en lo bello de lo modesto y humilde, lo poco convencional. La filosofía de «wabi sabi» es disfrutar del presente y encontrar paz y armonía en la naturaleza y en las pequeñas cosas, y aceptar pacíficamente el ciclo natural de crecimiento y declive.

En todos estos elementos subyace la idea del arte como un proceso creativo y no como una realización material. Okakura Kakuzō escribió que «sólo los artistas que creen en la deformaciones innato de su alma son capaces de generar real belleza».

Periodización del arte japonés

En este artículo, utilizaremos una segmentación en grandes períodos en términos de cambios artístico y movimientos políticos notables. La selección generalmente varía según los criterios del autor, además muchos de ellos pueden subdividirse . Sin embargo, también existen diferencias en cuanto al inicio y al final de algunos de estos períodos. Tomaremos la realizada por el arqueólogo Charles T. Kelly que es la siguiente:

El arte japonés en las artes plá.sticas

Durante los períodos Mesolítico y Neolítico, permaneció aislado del continente, por lo que toda su producción fue propia, aunque de poca importancia. Eran sociedades semi-sedentarias, que vivían en pequeños pueblos con casas excavadas en el suelo, obteniendo sus recursos alimenticios principalmente del bosque (ciervos, jabalíes, nueces) y del mar (peces, crustáceos, mamíferos marinos).

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Estas sociedades tenían una organización elaborada del trabajo y se preocupaban por la medición del tiempo, como lo demuestran varios restos de arreglos circulares de piedra en Oyu y Komakino, que actuaban como relojes de sol. Aparentemente, tenían unidades de medida estandarizadas, como lo demuestran varios edificios construidos con ciertos modelos.

En ciertas ubicaciones correspondiente a este periodo, se han encontrado artefactos de piedra y hueso pulidos, cerámica y figuras antropomórficas. Cabe señalar que la cerámica Jōmon es la más antigua hecha por el hombre: los primeros restos de cerámica rudimentaria datan del 11.000 a.C., en pequeños utensilios elaborados a mano, con lados pulidos y grandes interiores. , con sentido funcional y decoración austera.

Estos restos corresponden a un período llamado «prejōmon» (11000-7500 aC), seguido del Jōmon «arcaico» o «temprano» (7500-2500 aC), donde se elabora la cerámica más típica de Jōmon, realizada en hecho a mano y decorado. con incisiones o huellas de cuerda, sobre una base de una especie de vasos profundos en forma de jarra. La decoración básica consistía en estampas realizadas con cuerdas de fibras vegetales, que se prensaban sobre la cerámica antes de cocerla.

En varias áreas estas incisiones han alcanzado un alto grado de elaboración, con bordes perfectamente cincelados,dibujando una serie de trazos abstractos muy intrincados. En raras ocasiones se han encontrado restos de escenas figurativas, generalmente dibujos antropomorfos y zoomorfos (ranas, serpientes), destacando una escena de caza presente en un jarrón hallado en Hirakubo, al norte de Honshū.

Por último, en el «Jōmon tardío» (2500-400 a. C.), las vasijas volvieron a tener una forma más natural, menos elaborada, con cuencos y vasijas de fondo redondo, ánforas de cuello estrecho y cuencos con asas, a menudo con varillas. o base elevada. Los lugares emblemáticos de cerámica de Jōmon son: Taishakukyo, Torihama, Togari-ishi, Matsushima, Kamo y Okinohara en la isla de Honshū; Sobata en la isla de Kyūshū; y Hamanasuno y Tokoro en la isla de Hokkaidō.

Aparte de los jarrones, se han realizado en cerámica diversas figurillas en forma humana o animal, realizadas en varias partes, por lo que se han encontrado pocos restos de piezas enteras. Aquellos en forma antropomórfica pueden tener atributos masculinos o femeninos, y también se han encontrado algunos de signo andrógino.

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Algunos tienen el vientre hinchado, por lo que pueden haber estado relacionados con el culto a la fertilidad. Cabe destacar la precisión de los detalles que muestran algunas figuras, como los cuidadosos peinados, tatuajes y vestidos decorativos.

Parece que en estas sociedades el adorno del cuerpo fue muy significativo, principalmente en las orejas, con pendientes de cerámica de diversas manufacturas, adornados con tinturas rojizas. En Chiamigaito (Isla Honshū) se han encontrado más de 1000 de estos adornos, lo que sugiere un taller local para la elaboración de estos productos.

De este período también datan varias caretas que denotan un trabajo individualizado en los rostros. De esa misma manera, se hicieron diferentes tipos de cuentas de jadeíta verde, y estaban familiarizadas con el trabajo de laca, como lo demuestran varias sujetadores encontrados en Torihama. También se han encontrado restos de espadas, huesos o astas de marfil.

Período Yayoi (500 a.C.-300 d.C.)

Este período significó el establecimiento definitivo de la sociedad agraria, lo que provocó la deforestación de grandes extensiones del territorio.

Esta transformación ha propiciado una evolución de la sociedad japonesa en los campos tecnológico, cultural y social, con una mayor estratificación social y especialización del trabajo, y ha provocado un aumento de los conflictos armados.

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El archipiélago japonés estaba salpicado de pequeños estados formados en torno a clanes (uji), entre los que predominaba el de Yamato, que dio origen a la familia imperial. Entonces apareció el sintoísmo, una religión mitológica que derribó al emperador de Amaterasu, la diosa del sol.

Esta religión promociono el sentido real de pureza y frescura del arte japonés, con preferencia por los materiales puros y sin decoración, con un sentido de integración con la naturaleza (kami o superconciencia). Desde el siglo I a. C. comenzó a introducir la civilización continental, debido a las relaciones con China y Corea.

La cultura Yayoi apareció en la isla de Kyūshū alrededor del 400-300 a. C., y se mudó a Honshū, donde gradualmente reemplazó a la cultura Jōmon. Durante este período, se extendió una especie de gran entierro con una cámara y un montículo decorado con cilindros de terracota con figuras humanas y animales.

Las aldeas fueron rodeadas de zanjas y aparecieron varios utensilios relacionados con la agricultura (incluida una herramienta de piedra en forma de media luna que se usa para cosechar), así como varias armas, como arcos y flechas con puntas de piedra pulida.

En Alfarería de producía especialmente, los siguientes objetos: Frascos Vasijas , Platos Tazas y Botellas con ciertas particularidades. Tenían una superficie pulida, con una decoración sencilla, en su mayoría incisiones, serpentinas punteadas y en zigzag, el objeto de mayor uso era un vaso cuyo nombre era Tsubo.

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Destacó el trabajo con metales, principalmente bronce, como las llamadas campanas dotaku, que servían como objetos ceremoniales, decorados con espirales (ryusui) en forma de agua corriente, o animales en relieve ( principalmente ciervos, aves, insectos y anfibios), así como escenas de caza, pesca y labores agrícolas, especialmente las relacionadas con el arroz.

El ciervo parece haber tenido un significado especial, quizás ligado a una determinada deidad: en muchos sitios se han encontrado multitud de omóplatos de ciervo con incisiones o marcas hechas con fuego, lo que se dice que está vinculado a un tipo de ritual.

Otros elementos decorativos encontrados en los sitios de Yayoi son: espejos, espadas, varias cuentas y magatama (piezas de jade y ágata con forma de anacardos,que servían como gemas de fertilidad).

Período Kofun (300-552)

Esta era marcó la consolidación del Estado Central Imperial, que controlaba importantes recursos, como el hierro y el oro. La arquitectura se desarrolló preferentemente en el cementerio, con típicas tumbas de cámara y pasaje llamadas kofun («tumba antigua»), sobre las que se levantaban grandes montículos de tierra.

Llama la atención los enterramientos de los emperadores Ōjin (346-395) y Nintoku (395-427), donde se encontraron una gran variedad de objetos entre los cuales habían;  joyas, figuras hechas de varios materiales en especial figuras de terracota.

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Estas estatuillas medían alrededor de sesenta centímetros de altura, prácticamente sin expresión, sólo unas pocas rendijas en los ojos y en la boca, aunque son una muestra muy relevante del arte de esta época.

De acuerdo a sus vestimentas y utensilios, destacan en estos personajes diversos oficios, como agricultores, milicianos, monjes, provincianas, juglares ,etc.

Al final de este período, también aparecieron figuras de animales, incluidos ciervos, perros, caballos, jabalíes, gatos, gallinas, ovejas y peces, lo que denota la importancia del asentamiento militar de la época, cuyos rasgos estilísticos están ligados a la cultura Silla de Corea, así como un tipo de cerámica llamada Sueki, oscura y de gran finura, con accesorios de tintineo.

La diferenciación social ha llevado al aislamiento de las clases dominantes en barrios exclusivos de ciudades, como Yoshinogari, para terminar segregadas permanentemente en barrios aislados como Mitsudera o los complejos palaciegos de Kansai, Ikaruga y Asuka-Itabuki.

En cuanto a la arquitectura religiosa, los templos iniciales sintoístas (jinja) fueron fabricados en madera, sobre una base elevada y paredes descubiertas o tabiques deslizantes, con bases que sostenían el techo inclinado.

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Uno de sus componentes característicos es el torii, un arco de entrada que marca la entrada a un lugar sagrado. Tenga en cuenta el santuario de Ise, que se ha reconstruido cada veinte años desde el siglo VIII.

El edificio principal (Shoden) tiene piso elevado y cubierta a dos aguas, de nueve bases, al que se accede por una escalera exterior. Es de estilo shinmei zukuri, que refleja el estilo sintoísta tardío, antes de la llegada del budismo a Japón.

Otro templo mítico de origen incierto es el Izumo Taisha, cerca de Matsue, legendario fundado por Amaterasu. Es de estilo taisha zukuri, es mirado como el más antiguo entre los santuarios, el  atractivo principal es la elevación del edificio sobre pilastras, con una escalera como acceso principal, y acabados simples de madera sin pintura.

De acuerdo a los manuscritos hallados, el santuario original tenía una altura de 50 metros, pero debido a un incendio fue reconstruido con una altura de 25 metros. Las edificaciones eran Honden («santuario interior») y Hayden («santuario exterior»). Kinpusen-ji, el templo principal de shugendō, una religión ascética que combina el sintoísmo, el budismo y las creencias animistas, también pertenece a este período.

En este período encontramos las primeras muestras de pintura, como en el Funeral real de Ōtsuka y las sepulcros en forma de dolmen de Kyūshū (siglos V-VI), decorados con escenas de de las presas atrapadas, batallas, corceles, aves y navíos, o con espirales y círculos concéntricos.

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Eran pinturas murales, hechas de rojo hematita, negro carbón, amarillo ocre, blanco caolín y verde clorita. Uno de los diseños característicos de este período es el llamado chokomon, formado por líneas rectas y arcos dibujados sobre diagonales o cruces, y presente en las paredes de tumbas, sarcófagos, estatuas Haniwa y espejos en bronce.

Período Asuka (552-710)

Yamato concibió un reino centralizado sobre el modelo chino, plasmado en las leyes de Shōtoku-Taishi (604) y Taika de 646. La introducción del budismo produjo un gran impacto artístico y estético en Japón, con una gran influencia del arte chino.

Luego llegó el reinado del príncipe Shōtoku (573-621), que favoreció el budismo y la cultura en general, fue fructífero para el arte. La arquitectura estuvo representada en los templos y monasterios, se ha perdido en su mayoría, asumiendo la sustitución de líneas sintoístas simples con la magnificencia proveniente del continente.

Como edificio más destacado de este período, debemos nombrar el templo de Hōryū-ji (607), representante del estilo Kudara (Paekche en Corea). Fue hecho en los terrenos del templo de Wakakusadera, erigido por Shōtoku y quemado por sus oponentes en 670.

Construido con planimetría axial, consta de un conjunto de edificios donde se encuentra la pagoda (Tō), el Yumedono ( «salón de los sueños»)) y el Kondō («salón dorado»). Es de estilo chino, utilizando por primera vez un techo de tejas de cerámica.

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Una de las característica de este extraordinario ejemplo es el Santuario Itsukushima (593), hecho sobre el agua, en Seto, donde se nota el Gojūnotō , el Tahōtō  y varios honden . Por su belleza fue nombrado Patrimonio de la Humanidad en 1996 por la ONU.

La escultura, de temática budista, estaba realizada en madera o bronce: las primeras figuras de Buda fueron importadas del continente, pero luego un gran número de artistas chinos y coreanos se establecieron en Japón.

La imagen de Kannon, el nombre japonés del bodhisattva Avalokiteśvara (llamado Guan Yin en chino), ha proliferado bajo el nombre de Bodhisattva Kannon, obra del coreano Tori; el Kannon ubicado en el templo Yumedono de Hōryū-ji; y Kannon de Kudara (siglo VI), de un artista desconocido. Otra obra importante es la Tríada de Sâkyamuni (623), en bronce, de Tori Busshi instalada en el templo de Hōryū-ji.

En general, se trataba de obras de estilo severo, anguloso y arcaico, inspiradas en el estilo coreano Koguryŏ, como se ve en la obra de Shiba Tori, que marcó el «estilo oficial» del período Asuka: el Gran Buda Asuka (templo Hoko-ji, 606), el Buda Yakushi (607), Kannon Guze (621), Triad Shaka (623).

Otro artista que siguió este estilo fue Aya no Yamaguchi no Okuchi Atahi, autor de Los Cuatro Guardianes Celestiales (shitenno) del Salón Dorado de Hōryū-ji (645), que a pesar del estilo muy antiguo presenta una evolución volumétrica en más redondeado, con semblantes más expresivos.

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La pintura influenciada por motivos chinos, elaboradas en tinta o colorantes minerales usados en seda o papel, en rollos de pergamino o colgada en la pared. Denota un gran sentido del dibujo, con obras de gran originalidad, como el relicario Tamamushi (Hōryū-ji), en madera de alcanfor y ciprés, con bandas de filigrana de bronce, representando diversas escenas al óleo sobre madera lacada, en una técnica llamada mitsuda-i de Persia y relacionada con la pintura china de la dinastía Wei.

En la base del relicario hay un jataka (relato de las vidas pasadas del Buda), que muestra al príncipe Mahasattva consagró su propia carne a una tigresa hambrienta. Por esta época, la caligrafía comenzó a ganar relevancia, a la que se le otorgó el mismo nivel artístico que en las imágenes figurativas.

También se destacaron los tapices de seda, como el Mandala Tenkoku hecho a Shōtoku (622). La cerámica, que se podía vidriar o no, tenía poca producción local, siendo las importaciones chinas más valoradas.

Período Nara (710-794)

Durante este período, la capital se estableció en Nara (710), la primera capital fija del mikado. En este momento, el arte budista estaba en su apogeo, continuando la influencia china con gran intensidad: los japoneses vieron en el arte chino una armonía y perfección similar al gusto europeo por el arte clásico grecorromano.

Los pocos ejemplos de arquitectura de la época son edificios monumentales, como la Pagoda East Yakushi-ji, los templos Tōshōdai-ji, Tōdai-ji y Kōfuku-ji, y el Almacén Imperial Shōso-in en Nara, que conserva multitud de objetos de arte de la época del emperador Shōmu (724-749), con obras de China, Persia y Asia Central. La ciudad de Nara fue construida según una planimetría de cuadrícula, siguiendo el modelo de Chang’an, la capital de la dinastía Tang.

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Se concedió la misma importancia al palacio imperial que al monasterio principal, Tōdai-ji (745-752), construido según un plan simétrico en un gran recinto con dos pagodas gemelas, y donde destaca el Daibutsuden, el «gran salón del Buda». «. con una gran estatua de bronce de 15 metros de Buda Vairocana (Dainichi en japonés), donada por el emperador Shōmu en 743. Reconstruido en 1700, el Daibutsuden es el edificio de madera más grande del mundo.

Otro templo importante es el Hokkedō , que cuenta con otra magnífica estatua, Kannon Fukukenjaku, un bodhisattva lacado de ocho brazos que mide cuatro metros. influencia alta y Tang, que se nota en la serenidad y placidez de los rasgos faciales.

Por el contrario, la Pagoda East Yakushi-ji fue un intento de los arquitectos japoneses de encontrar su propio estilo, alejándose de la influencia china. Destaca por su verticalidad, con cubiertas alternas de diferentes tamaños, lo que le confiere el aspecto de un signo caligráfico.

En su estructura destacan los aleros y balcones, formados por rejas de madera entrelazadas, en colores blanco y marrón. En el interior alberga la imagen del Yakushi Nyorai («Buda de la Medicina»). Está catalogado como Patrimonio de la Humanidad con el nombre de Monumentos Históricos de la Antigua Nara.

El Tōshōdai-ji (759) tuvo el mismo grado de asimilación nacional, lo que muestra un claro contraste entre el Kondō («salón dorado»), con una solidez, simetría y verticalidad de influencia china, y el Kodō ( “Sala de conferencias”), de mayor sencillez y horizontalidad que denotan la tradición aborigen.

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Otro expositor fue el Kiyomizu-dera (778), cuyo edificio principal destaca por su enorme barandilla, sostenida por cientos de pilares, que destaca en la colina y ofrece impresionantes vistas de la ciudad de Kioto. Este templo fue uno de los candidatos a la lista de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo, aunque no fue elegido.

Por su parte, Rinnō-ji es famoso por el Sanbutsudō , donde hay tres estatuas de Amida, Senjūkannon  y Batōkannon . Como santuario sintoísta, destaca el Fushimi Inari-taisha (711), dedicado al espíritu de Inari, en particular nombrado por los miles de toriis rojos que indican el camino a lo largo de la colina en la que se encuentra el santuario.

La representación de Buda ha logrado un gran desarrollo en escultura, con estatuas de gran belleza: Sho Kannon, Buda de Tachibana, Bodhisattva Gakko de Tōdai-ji. En el período Hakuhō (645-710), la supresión del clan Soga y la consolidación imperial llevaron al fin de la influencia coreana y su sustitución por la china (dinastía Tang), produciendo una serie de obras de más gran magnificencia y realismo, con formas más redondas y graciosas.

Este cambio se nota una porción de estatuas de bronce dorado Yakushi-ji, formado por el Buda sentado (Yakushi) acompañados por los bodhisattvas Nikko («Luz solar») y Gakko («Luz de luna»), quienes muestran un mayor dinamismo en su posición de contrapposto, y mayor expresividad facial.

En Hōryū-ji, el estilo Tori de origen coreano continuó, como en el Kannon Yumegatari y la Tríada Amida del relicario Lady Tachibana. En el templo Tōshōdai-ji hay una serie de estatuas de gran envergadura, hechas de laca seca hueca, destacando el Buda central Rushana (759), que mide 3,4 metros de altura. También hay representaciones de espíritus guardianes (Meikira Taisho), reyes (Komokuten), etc. Son trabajos en madera, bronce, barro crudo o laca seca, de gran realismo.

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La pintura está representada por una decoración de pared Hōryū-ji (finales del siglo VII), como los frescos de Kondō, que tienen similitudes con los de Ajantā en la India. También han surgido diversas tipologías, como kakemono («pintura colgante») y emakimono («pintura con rodillo»), historias pintadas en un rollo de papel o seda, con textos que explican las diferentes escenas, llamadas sutras.

En el Nara Shōso-in, hay una serie de pinturas de temática profana, con diferentes tipos y temáticas: plantas, animales, paisajes y objetos metálicos. A mediados del período, el escuela pictórica de la dinastía Tang se puso de moda, como se puede notar en los murales del sepulcro de Takamatsuzuka, que datan de alrededor del 700.

Por el decreto Taiho-ryo de 701, la profesión de pintor está regulado en las corporaciones de artesanos. controlado por el Departamento de Pintores (takumi-no-tuskasa), dependiente del Ministerio del Interior. Estas asociaciones se encargaban de decorar palacios y templos, y su estructura duró hasta la era Meiji. La cerámica ha evolucionado notablemente a través de diversas técnicas importadas de China, como el uso de colores brillantes aplicados a la arcilla.

Período Heian (794-1185)

En este lapso tuvo lugar el gobierno del clan Fujiwara, que estableció un gobierno centralizado inspirado en el gobierno chino, con su capital en Heian (ahora Kioto). Surgieron los grandes señores feudales (daimyō) y apareció la figura del samurái.

En esta época aproximadamente surgió la grafología llamada Hiragana, que adaptó la caligrafía china al idioma polisilábico usado en Japón, utilizando caracteres chinos para los valores fonéticos de las sílabas. La ruptura de las relaciones con China produjo un arte más claramente japonés, emergiendo junto al arte religioso un arte secular que sería un fiel reflejo del nacionalismo de la corte imperial.

La iconografía budista experimentó un nuevo desarrollo con la importación de dos nuevas sectas del continente, Tendai y Shingon, basadas en el budismo tántrico tibetano, que incorporó elementos sintoístas y produjo un sincretismo religioso característico de esta época.

La arquitectura sufrió un cambio en el plan de los monasterios, que se erigieron en lugares aislados, pensados ​​para la meditación. Los templos más importantes son Enryaku-ji (788), Kongōbu-ji (816) y el santuario-pagoda Murō-ji. Enryaku-ji, ubicado en las cercanías del Monte Hiei, es uno de los Monumentos Históricos del Antiguo Kyoto, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994.

Fue fundado en 788 por Saichō, quien introdujo el Secta budista Tendai en Japón. Enryaku-ji contaba con unos 3.000 templos, y fue un gran centro de poder en su día, con la mayoría de sus edificios destruidos por Oda Nobunaga en 1571.

De la parte que ha sobrevivido, el Saitō («salón occidental») se destaca hoy y el Tōdō (“salón oriental”), donde se encuentra el Konpon chūdō, la construcción más representativa de Enryaku ji, donde se guarda una estatua de Buda esculpida por el propio Saichō, el Yakushi Nyorai.

La escultura ha sufrido un ligero declive respecto a épocas anteriores. Nuevamente, las representaciones de Buda (Nyoirin-Kannon; Yakushi Nyorai del templo Jingo-ji en Kioto; Amida Nyorai del monasterio Byōdō-in), así como ciertas diosas sintoístas (Kichijoten, diosa de la felicidad, equivalente a Lakshmī India).

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La excesiva rigidez de la religión budista limita la espontaneidad del artista, que se limita a rígidos cánones artísticos que socavan su libertad creativa. Durante el 859 y 877 se produce el estilo Jogan, distinguido por imágenes de una gravedad casi intimidante, con cierto aire introspectivo y misterioso, como el Shaka Nyorai de Murō-ji.

Durante el período Fujiwara, la escuela fundada por Jōchō en Byōdō-in saltó a la fama, con un estilo más elegante y esbelto que la escultura de Jogan, logrando expresar formas corporales perfectas y un gran sentido del movimiento.

El taller de Jōchō introdujo las técnicas de yosegi y warihagi, que consistían en dividir la figura en dos bloques que luego se unían para esculpirlos, evitando así su posterior resquebrajamiento, uno de los principales problemas de las figuras de gran tamaño. Estas técnicas también permiten el montaje en serie y se desarrollaron con gran éxito en la escuela Kei del período Kamakura.

La pintura Yamato-e se desarrolla particularmente en los pergaminos escritos a mano llamados emaki, que combinan escenas pictóricas con elegante caligrafía Katakana. Estos pergaminos contaban pasajes históricos o literarios, como La historia de Genji, una novela de Murasaki Shikibu de finales del siglo X.

Si bien el texto fue obra de reconocidos escribientes, las imágenes fueron ejecutadas típicamente por cortesanas de la corte, como Ki no Tsubone y Nagato no Tsubone, asumiendo una muestra de estética femenina que tendría gran relevancia en la actualidad del Arte japonés.

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Para este momento se inicio una clasificación de las pinturas según género , que marcó una distinción perceptible entre el público, donde lo masculino,estaba bajo la influencia china, y lo femenino y más estético era artísticamente japonés.

En onna-e, además de la Historia de Genji, sobresale el Heike Nogyo (Sutra del loto), encargado por el clan Taira para el santuario de Itsukushima, donde son plasmados en varios rollos sobre la salvación de las almas proclamados por budismo.

Por otro lado esta El otoko-e era más narrativo y enérgico que el ona-e, más lleno de acción, con más realismo y movimiento, como en los rollos de Shigisan Engi, sobre los milagros del monje Myoren; el Ban Danigon E-kotoba, sobre una guerra de clanes rivales en el siglo IX; y la Chōjugiga, escenas de animales con signo caricaturizado y tono satírico, criticando a la aristocracia.

Período Kamakura (1185-1392)

Después de varias disputas entre los clanes feudales, se impuso la de Minamoto, que estableció el shogunato, una forma de gobierno con tribunal militar. En este momento, la secta Zen se introdujo en Japón, lo que influiría fuertemente en el arte figurativo. La arquitectura era más simple, más funcional, menos lujosa y ornamentada.

El dominio zen provocó el llamado estilo Kara-yo: los lugares de culto zen seguían la técnica de planimetría axial china, aunque el edificio principal no era el templo, sino la sala de lectura, y el lugar de honor era no ocupado por una estatua de Buda, sino por un pequeño trono donde el abad enseñaba a sus discípulos.

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El conjunto de los cinco grandes templos de Sanjūsangen-dō, en Kioto (1266), así como los monasterios Kennin-ji (1202) y Tōfuku-ji (1243) en Kioto, y Kenchō-ji (1253) y Engaku-ji ( 1282) en Kamakura.

El Kōtoku-in (1252) es famoso por su estatua de bronce de Buda Amida, de gran tamaño y peso, lo que lo convierte en el segundo Buda más grande de Japón después de Tōdai-ji.

En 1234, se construyó el templo Chion-in, sede del budismo Jōdo shū , que se distingue por su colosal puerta principal (Sanmon), la estructura más grande de su tipo en Japón.

Uno de los últimos representantes de este período fue el Hongan-ji (1321), que consta de dos templos principales: el Nishi Hongan-ji, que incluye el Goei-dō  y Amida-dō , junto a un pabellón de té y dos escenarios del teatro Noh, uno de los cuales afirma ser el más antiguo que aún vive; y Higashi Hongan-ji, hogar del famoso Shosei-en.

La escultura adquirió un gran realismo, encontrando al artista una mayor libertad de creación, como lo demuestran los retratos de nobles y soldados, como el de Uesugi Shigusa (de un artista anónimo), un militar del siglo XIV.

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Obras zen centradas en la representación de sus maestros, en una especie de estatua denominada shinzo, como la del maestro Muji Ichien (1312, de autor anónimo), en madera policromada, que representa al maestro zen sentado en un trono, en actitud de meditación relajada.

La Escuela Kei de Nara, heredera de la Escuela Jōchō del período Heian, fue particularmente importante por la calidad de sus obras, donde el escultor Unkei, autor de las estatuas de los monjes Muchaku y Sesshin (Kōfuku-ji de Nara), también como imágenes de Kongo Rikishi (espíritus guardianes), como las dos estatuas colosales ubicadas en la entrada del templo Tōdai-ji de 8 metros de altura (1199).

El estilo de Unkei, influenciado por la escultura china de la dinastía Song, era muy realista, al mismo tiempo que capturaba el estudio fisionómico más detallado con la expresión emocional y la espiritualidad interior del individuo representado.

Incluso se incrustaban cristales oscuros en los ojos, para dar mayor expresividad. El trabajo de Unkei marcó el comienzo del retrato japonés. Su hijo Tankei, autor de Kannon Senju para Sanjūsangen-dō, continuó su trabajo.

La pintura se caracterizó por un mayor realismo e introspección psicológica. Paisajismo (Cascada de Nachi) y retrato El monje Myoe en la contemplación, de Enichi-bo Jonin; conjunto de retratos del templo Jingo-ji en Kioto, de Fujiwara Takanobu; retrato del emperador Hanazono, de Goshin, fueron principalmente desarrollado.

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Continuó el modo yamato-e y la imágenes explicaban en rollos, muchos de ellos de varios metros de largo. Estos manuscritos mostraban detalles de la vida cotidiana, escenas urbanas o rurales, o ilustraban eventos históricos, como la Guerra de Kioto de 1159 entre ramas rivales de la Familia Imperial.

Fueron presentados en escenas continuas, siguiendo un orden narrativo, con un panorama elevado, en línea recta. Destacan los pergaminos ilustrados de los acontecimientos de la era Heiji (Heiji monogatari) y los pergaminos Kegon Engi de Enichi-bo Jonin.

La pintura vinculada con la organización Zen fue más directamente de influencia china, con una técnica más de líneas simples de tinta china siguiendo la máxima Zen de que «demasiados colores ciegan la vista».

Período Muromachi (1392-1573)

El shōgunato está en manos de los Ashikaga, cuyas luchas internas favorecen el creciente poder del daimyō, que divide la tierra. La arquitectura era más elegante y esencialmente japonesa, mostrando mansiones señoriales, monasterios como Zuihoji y templos como Shōkoku-ji (1382), Kinkaku-ji o Pabellón Dorado (1397) y Ginkaku-ji. o Pabellón de Plata (1489), en Kioto.

Kinkaku-ji fue fabricado como una aldea de reposo para Shogun Ashikaga Yoshimitsu, como parte de su dominios llamada Kitayama. Su hijo convirtió el edificio en un templo para la secta Rinzai. Es un edificio de tres pisos, los dos primeros cubiertos con pan de oro puro. El pabellón funciona como un sheriden, que protege las reliquias de Buda.

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También contiene varias estatuas de Buda y Bodhisattva, y un fenghuang dorado se encuentra en el techo. También tiene un hermoso jardín contiguo, con un estanque llamado Kyōko-chi, con muchas islas y piedras que representan la historia de la creación budista.

Por su parte, el Ginkaku-ji fue construido por el shogun Ashikaga Yoshimasa, quien buscó imitar al Kinkaku-ji construido por su ancestro Yoshimitsu, pero lamentablemente no pudo cubrir el edificio con plata como lo hizo planificado.

También es característico de la arquitectura de este período la aparición del tokonoma, una sala reservada a la contemplación de una pintura o un arreglo floral, en el respeto de la estética zen. Asimismo, se introdujo el tatami, un tipo de alfombra hecha de paja de arroz, que hizo más agradable el interior de la casa japonesa.

En este momento, el arte de la jardinería se desarrolló en particular, sentando las bases artísticas y estéticas del jardín japonés. Surgieron dos modalidades principales: tsukiyama, alrededor de una colina y un lago; e hiraniwa, un jardín llano de arena rastrillada, con piedras, árboles y pozos.

La vegetación más común está formada por bambú y varios tipos de flores y árboles, ya sea de hoja perenne, como el pino negro japonés, o de hoja caduca, como el arce japonés, elementos como helechos y también se valoran las espumas.

El bonsái es otro elemento típico de la jardinería y el diseño de interiores. Los jardines a menudo incluyen un lago o estanque, varios tipos de pabellones (generalmente para la ceremonia del té) y linternas de piedra. Una de las características típicas del jardín japonés, como en el resto de su arte, es su apariencia imperfecta, inacabada y asimétrica.

Hay diferentes tipos de jardines: “a pie”, que se pueden ver caminando por un sendero o alrededor de un estanque; de la «sala», que se aprecian desde un lugar fijo, generalmente un pabellón o una choza tipo machiya.

Te (rōji), alrededor de un camino que conduce al salón de té, con azulejos bakdosines o piedras se marcaba el camino; y “contemplación” (karesansui, “paisaje de montaña y agua”), que es el jardín zen más típico, visto desde una plataforma ubicada en los monasterios zen.

Un buen ejemplo es el llamado paisaje sin agua del jardín Ryōan-ji en Kioto del pintor y poeta Sōami (1480), que representa un mar, hecho de arena rastrillada, lleno de islas, que son rocas. , formando un todo que conjuga realidad e ilusión y que invita a la calma y la reflexión.

Se notó un resurgimiento de la pintura, enmarcada en la estética Zen, que recibió la influencia china de las dinastías Yuan y Ming, reflejada principalmente en el decorativismo.

Se introdujo la técnica del gouache, una transcripción perfecta de la doctrina Zen, que busca reflejar en los paisajes lo que significan, más que lo que representan.

Surgió la figura del bunjinso, el “monje intelectual” que creó sus propias obras, estudiosos y seguidores de las técnicas chinas en tinta monocromática, en pinceladas breves y difusas, que reflejaban en sus obras elementos naturales como pinos, cañas, orquídeas, bambúes, rocas, árboles, pájaros y figuras humanas inmersas en la naturaleza, en actitud de meditación.

En Japón, esta técnica de tinta china se llamaba sumi-e. Basado en los siete principios estéticos del Zen , sumi-e buscaba reflejar las emociones internas más intensas a través de la sencillez y la elegancia, en líneas simples y modestos que trascienden su apariencia exterior para significar un estado de comunión con la naturaleza.

Sumi-e era un medio (dō) para hallar la espiritualidad interior, esto era usado por los monjes. Las particularidades  de la tinta, sutiles y difusas, permitieron al artista captar la esencia de las cosas, en una impresión simple y natural, pero al mismo tiempo profunda y trascendente.

Es un arte instintivo de ejecución rápida, imposible de retocar, hecho que lo une a la vida, donde es imposible regresar a lo hecho. Cada trazado lleva la energía vital (ki), ya que es un acto de creación, donde la mente se pone en acción y el proceso importa más que el resultado.

Los representantes más importantes del sumi-e fueron: Muto Shui, Josetsu, Shūbun, Sesson Shukei y, sobre todo, Sesshū Tōyō, autor de retratos y paisajes, el primer artista en pintar en vida. Sesshū fue un Gaso, un pintor-monje, que viajó a China entre 1467 y 1469, donde estudió arte y paisaje natural.

Sus paisajes están compuestos por estructuras lineales, iluminadas por una luz repentina que refleja el concepto zen del momento trascendente. Se trata de paisajes con presencia de elementos anecdóticos, como templos a lo lejos o pequeñas figuras humanas, enmarcadas en lugares remotos como acantilados.

También ha surgido un nuevo género de pintura poética, el shinjuku, donde un paisaje ilustra un poema de inspiración naturalista. También cabe mencionar la Escuela Kanō, fundada por Kanō Masanobu, que aplica la técnica del gouache a temas tradicionales, ilustrando temas sagrados, nacionales y paisajísticos.

El lavado también se aplicó a los biombos y paneles pintados de las puertas correderas fusuma, señas de identidad del interiorismo japonés. En cerámica destaca la escuela de Seto, siendo la tipología más popular el tenmoku. Los objetos de laca y metal también son ejemplos notables de este período.

Período Azuchi-Momoyama (1573-1603)

Para ese momento, Japón fue nuevamente unificado por Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu, quienes eliminaron al daimyō y llegaron al poder.

Su mandato coincidió con la llegada de comerciantes portugueses y misioneros jesuitas, que introdujeron el cristianismo en el país, aunque llegando solo a una minoría.

La producción artística de esta época se alejó de la estética budista, enfatizando los valores tradicionales japoneses, con un estilo explosivo. La invasión de Corea en 1592 provocó el traslado forzoso de muchos artistas coreanos a Japón, que vivían en centros de producción de cerámica aislados del resto.

Asimismo, durante este período, se recibieron las primeras influencias occidentales, reflejadas en el estilo Namban, desarrollado en la escultura miniaturista, de temática secular, objetos decorativos de porcelana y biombos decorados al estilo Yamato-e, en vivos colores y pan de oro, en escenas que narran la historia de la llegada de los europeos a la costa japonesa.

Las técnicas de perspectivas así como de otras variantes de la pintura europea como el uso de la pintura al óleo , no tuvieron asidero en la forma del arte en Japón.

En arquitectura, destaca la construcción de grandes castillos (shiro), que fueron fortalecidos por la introducción en Japón de armas de fuego de origen occidental. Los castillos de Himeji, Azuchi, Matsumoto, Nijō y Fushimi-Momoyama son buenos ejemplos.

El castillo de Himeji, una de las principales construcciones de la época, combina fortificaciones masivas con la elegancia de una estructura de aspecto vertical, en cinco pisos de madera y yeso, con techos de formas curvilíneas suaves similares a los de los templos japoneses tradicionales.

También han proliferado las villas rústicas para la ceremonia del té, que consisten en pequeñas villas o palacios y grandes jardines, y en algunas ciudades se han construido teatros de madera para espectáculos de kabuki.

En el área de la pintura, la escuela Kanō capta la mayoría de encargos oficiales, elaborando la pintura mural de los principales castillos japoneses, existieron figuras importantes son los nombres de Kanō Eitoku y Kanō Sanraku.

Para los castillos, mal iluminados por sus estrechas aberturas defensivas, se creó una especie de tabiques con fondo dorado que reflejaban la luz y la difunden por toda la sala, con grandes murales decorados con escenas heroicas, como animales. como tigres y dragones, o bien paisajes con presencia de jardines, estanques y puentes, o en las cuatro estaciones, tema bastante frecuente en la época.

La serigrafía también se ha desarrollado notablemente, generalmente con tintas gastadas, siguiendo el estilo sumi-e, como se puede apreciar en las obras de Hasegawa Tōhaku (pinar) y Kaihō Yūshō (pino y ciruelo a la luz de Luna). También se destacó la figura de Tawaraya Sōtatsu, autor de obras de gran dinamismo, en rollos de manuscritos, pantallas y abanicos.

Creó un estilo lírico y decorativo inspirado en el guión waka de la era Heian, que se llamó rinpa, produciendo obras de gran belleza visual e intensidad emocional, como The Story of Genji, The Path of Ivy, los dioses del trueno y el viento, etc.

La fabricación de cerámica alcanzó un momento de gran auge, desarrollando productos para la ceremonia del té, inspiradas en la cerámica coreana, cuya rusticidad y apariencia inacabada reflejan a la perfección la estética Zen que impregna el rito del té.

Surgieron nuevos diseños, como platos nezumi y jarras de agua kogan, generalmente con un cuerpo blanco bañado en una capa de feldespato y decorados con diseños sencillos hechos con un enganche de hierro. Se trataba de una cerámica gruesa de aspecto vidriado, con un tratamiento inacabado, que daba sensación de imperfección y vulnerabilidad.

Seto se mantenía como el principal productor, mientras que en el pueblo de Mino nacían dos importantes escuelas: Shino y Oribe. También se destacaron la escuela Karatsu y dos tipos originales de cerámica:

Iga, de textura rugosa y una gruesa capa de vidriado, con profundas grietas; y Bizen, loza de barro sin esmaltar de color marrón rojizo, todavía blanda retirada del torno para producir pequeñas grietas e incisiones naturales que le daban un aspecto quebradizo, todavía acorde con la estética zen de la imperfección.

Uno de los mejores artistas de esta época fue Honami Kōetsu, quien se destacó en pintura, poesía, jardinería, lacados, etc. Formado en la tradición artística del período Heian y en la escuela de caligrafía Shorenin, fundó una colonia de artesanos en Takagamine, cerca de Kioto, con tierras donadas por Tokugawa Ieyasu.

El asentamiento ha sido mantenido por artesanos de la Escuela Budista Nichiren y ha producido una serie de obras de alta calidad. Se especializaron en lacados, principalmente complementos de oficina, decorados con incrustaciones de oro y nácar, así como diversos utensilios y vajillas para la ceremonia del té, destacando el cuenco fujisan, con cuerpo. rojizo cubierto de bragas negras y, en la parte superior, un blanco helado opaco que da el efecto de nevadas.

Período Edo (1603-1868)

Este período artístico corresponde al período histórico de Tokugawa, cuando Japón estaba cerrado a todo contacto externo. La capital se estableció en Edo, futuro Tokio. Los cristianos fueron perseguidos y los comerciantes europeos expulsados.

A pesar del sistema de vasallaje, el comercio y la artesanía han proliferado, surgiendo una clase burguesa que creció en poder e influencia, y se dedicó a la promoción de las artes, especialmente los grabados, cerámicas, lacas y productos. textiles.

Las obras más representativas son el Palacio Katsura en Kioto y el Mausoleo Tōshō-gū en Nikkō (1636), que forma parte de los «Santuarios y Templos de Nikkō», ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.

Algo género la unión de sintoístas-budistas, es el mausoleo del shogun Tokugawa Ieyasu. El templo es una estructura rígidamente simétrica con coloridos relieves que cubren toda la superficie visible. Destacan sus coloridas construcciones y ornamentos sobrecargados, que difieren de los estilos de los templos de esa época.

Los interiores están adornados con tallas de laca detalladas en colores brillantes y paneles pintados con maestría. El Palacio Katsura (1615-1662) fue construido sobre un plan asimétrico de inspiración zen, donde la utilización de líneas rectas de la fachada exterior contrastan con la sinuosidad del jardín circundante.

Por su condición de ser la sede donde descansaría la familia imperial la villa estaba formada por un edificio principal, varios anexos, salones de té y un parque de 70000 metros. El palacio principal, que tiene solo un piso, está dividido en cuatro anexos reunidos en las esquinas.

Toda la edificación tiene ciertas características de estar hecha sobre pilares y sobre ellas una serie de habitaciones con paredes y puertas, algunas con pinturas de Kanō Tan’yū.

También característicos de este período son las casas de té (chashitsu), generalmente pequeñas construcciones de madera con techo de paja, rodeadas de jardines en un aparente estado de abandono, con líquenes, musgos y hojas caídas, siguiendo el concepto zen. de imperfección trascendente.

Comienzo del Desarrollo artístico e intelectual

Durante este período, Japón estudió gradualmente las técnicas occidentales y los avances científicos (llamados rangaku) ​​a través de la información y los libros recibidos de los comerciantes holandeses en Dejima.

Los campos más estudiados incluyeron geografía, medicina, ciencias naturales, astronomía, arte, idiomas, conceptos físicos como el estudio de fenómenos eléctricos y mecánicos. También hubo un gran desarrollo de las matemáticas, en una corriente totalmente independiente de la del mundo occidental. Esta fuerte corriente se llamó wasan.

El florecimiento del neoconfucianismo fue el mayor desarrollo intelectual del período. El estudio del confucianismo había sido activo durante mucho tiempo por los clérigos budistas, pero durante este período este sistema de creencias atrajo una gran atención a la concepción del hombre y la sociedad.

El humanismo ético, el racionalismo y la perspectiva histórica del confucianismo fueron vistos como modelo social. A mediados del siglo XVII, el confucianismo se convirtió en la filosofía jurídica dominante y contribuyó directamente al desarrollo del sistema nacional de aprendizaje, el kokugaku.

Su principal virtud para el régimen shogunal era el énfasis en las relaciones jerárquicas, la sumisión. al superior. y la obediencia, que se extiende al conjunto de la sociedad y facilita la preservación del sistema feudal.

El arte textil adquirió gran importancia, principalmente en la seda, que alcanzó cotas de altísima calidad, por lo que muchas veces se colgaban en las habitaciones vestidos de seda (kimono) en colores vivos y diseños exquisitos. separados, como si fueran pantallas.

Se han utilizado diversas técnicas, como el teñido, bordado, brocado, gofrado, aplicación y pintado a mano. La seda solo estaba disponible para las clases altas, mientras que las personas vestidas con algodón, elaborado con la técnica ikat de Indonesia, hilado en secciones y teñido de índigo alternando con blanco.

Otra técnica de menor calidad fue el tejido de hilos de algodón de diferentes colores, con tintes caseros aplicados al estilo batik utilizando pasta de arroz y salvado de arroz cocido y aglomerado.

Cabe señalar que al igual que en el siglo XIX, el arte japonés fue influenciado por el arte occidental, también fue influenciado por el exotismo y la naturalidad del arte japonés. Así nació en Occidente el llamado japonismo, desarrollado principalmente en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en Francia y Gran Bretaña.

Así se reveló en los llamados Japoneries, objetos inspirados en estampados japoneses, porcelanas, lacas, abanicos y objetos de bambú, que se han puesto de moda tanto en la decoración del hogar como en muchas prendas personales que reflejan la fantasía y el decoralismo de la estética japonesa.

En pintura, el estilo de la escuela ukiyo-e fue recibido con entusiasmo, y las obras de Utamaro, Hiroshige y Hokusai fueron muy apreciadas. Los artistas occidentales imitaron la construcción espacial simplificada, los contornos simples, el estilo caligráfico y la sensibilidad naturalista de la pintura japonesa.

Época contemporánea (desde 1868)

En el período Meiji (1868-1912) se inicia un profundo renacimiento cultural, social y tecnológico en Japón, que se abre más al exterior y empieza a incorporar nuevos avances realizados en Occidente. La Carta de 1868 abolió los privilegios feudales y las diferencias de clase, lo que no condujo a una mejora de las clases proletarias sumidas en la miseria.

Comenzó un período de fuerte expansionismo imperialista, que desembocó en la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, Japón experimentó un proceso de democratización y desarrollo económico que lo convirtió en una de las principales potencias económicas del mundo y en un centro líder de producción industrial e innovación tecnológica. La era Meiji fue seguida por las eras Taishō (1912-1926), Shōwa (1926-1989) y Heisei (1989-).

Desde 1930, la progresiva militarización y expansión en China y el sur de Asia, con el consiguiente aumento de los recursos asignados al presupuesto militar, ha provocado una disminución del mecenazgo artístico. Sin embargo, con el despegue económico de la posguerra y la nueva prosperidad lograda con la industrialización del país, renacen las artes, ya plenamente inmersas en los movimientos artísticos internacionales debido al proceso de globalización cultural.

Asimismo, la prosperidad económica fomenta el coleccionismo, creando muchos museos y centros de exposiciones que ayudaron a difundir y preservar el arte japonés e internacional. En el ámbito religioso, el establecimiento en la era Meiji del sintoísmo como la única religión oficial (Shinbutsu bunri) condujo al abandono y destrucción de los templos budistas y las obras de arte, que habrían sido irreparables sin el intervención de Ernest Fenollosa, profesor de filosofía. de la Universidad Imperial de Tokio.

Junto con el magnate y mecenas William Bigelow, salvó una gran cantidad de obras que nutrieron la colección de arte budista en el Museo de Bellas Artes de Boston y la Freer Gallery of Art de Washington DC, dos de las mejores colecciones de arte asiático del mundo.

La arquitectura tiene una doble dirección: la tradicional (santuario de Yasukuni, templos de Heian Jingu y Meiji, en Tokio) y la de influencia europea, que integra nuevas tecnologías (Museo Yamato Bunkakan, de Iso Hachi Yoshida, en Nara).

La occidentalización llevó a la construcción de nuevos edificios como bancos, fábricas, estaciones de ferrocarril y edificios públicos, construidos con materiales y técnicas occidentales, imitando inicialmente la arquitectura victoriana inglesa. Algunos arquitectos extranjeros también han trabajado en Japón, como Frank Lloyd Wright (Imperial Hotel, Tokio).

La arquitectura y el urbanismo recibieron un gran impulso después de la Segunda Guerra Mundial, debido a la necesidad de reconstruir el país. Luego surgió una nueva generación de arquitectos.

Encabezada por Kenzō Tange, autor de obras como el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, la Catedral de Santa María en Tokio, el Estadio Olímpico de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, etc.

Los estudiantes y seguidores de Tange crearon el concepto de arquitectura entendida como “metabolismo”, viendo los edificios como formas orgánicas que deben adaptarse a las necesidades funcionales.

Movimiento fundado en 1959, pensaban en hacer un centro poblacional , cuya premisa era el de crear una serie edificaciones que fueran cambiando de acuerdo a los cambios exteriores , como si fuera un organismo.

Sus miembros incluían a Kishō Kurokawa, Akira Shibuya, Youji Watanabe y Kiyonori Kikutake. Otro representante fue Maekawa Kunio quien, junto con Tange, introdujo las viejas ideas estéticas japonesas en los rígidos edificios contemporáneos.

Nuevamente utilizando técnicas y materiales tradicionales como la alfombra de tatami y el uso de pilares, un elemento de construcción tradicional en los templos japoneses, o la integración de jardines y esculturas en sus creaciones. No olvido utilizar la técnica del vacío, fue estudiado por Fumihiko Maki en la relación espacial entre el edificio y su entorno.

Desde la década de 1980, el arte posmoderno ha tenido una fuerte implantación en Japón, ya que desde la Antigüedad es característica la fusión entre el elemento popular y la sofisticación de las formas.

Este estilo fue representado principalmente por Arata Isozaki, autor del Museo de Arte de Kitakyushu y la Sala de Conciertos de Kioto. Isozaki estudió con Tange y en su obra sintetizó conceptos occidentales con ideas espaciales, funcionales y decorativas típicas de Japón.

Por su parte, Tadao Andō ha desarrollado un estilo más sencillo, con una gran preocupación por el aporte de luz y espacios abiertos al aire exterior (Capilla sobre el agua, Tomanu, Hokkaidō; Iglesia de la Luz, Ibaraki, Osaka; Museo de los Niños, Himeji).

Shigeru Ban se caracterizó por el uso de materiales no convencionales, como papel o plástico: después del terremoto de Kobe en 1995, que dejó a muchas personas sin hogar, Ban contribuyó diseñando Delo que fueron conocidos como la Casa y la Iglesia de Papel, finalmente, Toyō Itō exploró la imagen física de la ciudad en la era digital.

En escultura también existe la dualidad tradición-vanguardia, destacando los nombres de Yoshi Kimuchi y Romorini Toyofuku, además de los abstractos Masakazu Horiuchi y Yasuo Mizui, este último residente en Francia. Isamu Noguchi y Nagare Masayuki han reunido la rica tradición escultórica de su país en obras que estudian el contraste entre la aspereza y el pulido de la materia.

La pintura siguió también dos vertientes: la tradicional (nihonga) y la occidental (yōga),a pesar de la existencia de ellas, la figura de Tomioka Tessai se mantuvo en los comienzo del siglo 20. Mientras que el estilo nihonga fue aupado a finales del siglo 19 por el crítico de arte Okakura Kakuzō y el educador Ernest Fenollosa.

Buscando en el arte tradicional la forma arquetípica de expresión de la sensibilidad japonesa, aunque este estilo ha También recibió cierta influencia occidental, especialmente del prerrafaelista y el romanticismo. Estuvo representado principalmente por Hishida Shunsō, Yokoyama Taikan, Shimomura Kanzan, Maeda Seison y Kobayashi Kokei.

La pintura de estilo europeo se nutrió por primera vez de técnicas y temas en uso en Europa a finales del siglo XIX, principalmente relacionados con el academicismo, como en el caso de Kuroda Seiki, que estuvo en estudio varios años en París, pero luego siguió las diferentes corrientes que se produjeron en el arte occidental:

El grupo Hakuba Kai retomó la influencia impresionista; la pintura abstracta tenía a Takeo Yamaguchi y Masanari Munay como personajes principales; Los artistas figurativos incluyeron a Fukuda Heichachirō, Tokuoka Shinsen e Higashiyama Kaii. Algunos artistas se han asentado fuera de su país, como Genichiro Inokuma en Estados Unidos y Tsuguharu Foujita en Francia.

En el Taishō, el estilo yōga que tuvo más influencia sobre el nihonga, aunque el uso cada vez mayor de la luz y la perspectiva europea disminuyó las diferencias entre las dos corrientes.

Así como el nihonga adoptó en gran medida las innovaciones del postimpresionismo, el yōga exhibió una inclinación por el eclecticismo, surgiendo de una amplia variedad de movimientos artísticos divergentes.

Para ese etapa , se crea la Academia Japonesa de Bellas Artes (Nihon Bijutsu In). La pintura de la era Shōwa estuvo marcada por el trabajo de Yasuri Sotaro y Umehara Ryuzaburo, quienes introdujeron los conceptos de arte puro y pintura abstracta en la tradición Nihonga.

En 1931, se estableció la Asociación de Arte Independiente (Dokuritsu Bijutsu Kyokai) para promover el arte de vanguardia.

Ya en la Segunda Guerra Mundial,  las normas legales gubernamentales era obvio que se debía hacer hincapié en los  temas patrióticos. Después de la guerra, los artistas resurgieron en las grandes ciudades, particularmente en Tokio.

Creando arte urbano y cosmopolita, que siguió con devoción las innovaciones estilísticas producidas internacionalmente, especialmente en París y Nueva York. Después de los estilos abstractos de los sesenta, los setenta volvieron al realismo favorecido por el pop-art, como denota la obra de Shinohara Ushio.

Llama la atención que para finales de la década de 1970 sucedió algo interesante es que hubo un retorno al arte tradicional japonés, en el que vieron una mayor expresividad y fuerza emocional.

La tradición del grabado continuó en el siglo XX en un estilo de «grabados creativos» (sosaku hanga) dibujados y esculpidos por artistas preferiblemente en el estilo nihonga, como Kawase Hasui, Yoshida Hiroshi y Munakata Shiko.

Entre las últimas tendencias, el Grupo Gutai tenía una buena reputación dentro del llamado arte de la acción, que equiparaba la experiencia de la Segunda Guerra Mundial a través de acciones cargadas de ironía, con un gran sentido de tensión y agresividad latente.

El grupo Gutai estaba formado por : Jirō Yoshihara, Sadamasa Motonaga, Shozo Shimamoto y Katsuō Shiraga. Vinculados al arte posmoderno, varios artistas, metidos en el reciente fenómeno de la globalización, marcado por la multiculturalidad de las expresiones artísticas.

Shigeo Toya, Yasumasa Morimura. Otros destacados artistas japoneses contemporáneos incluyen: Tarō Okamoto, Chuta Kimura, Leiko Ikemura, Michiko Noda, Yasumasa Morimura, Yayoi Kusama, Yoshitaka Amano, Shigeo Fukuda, Shigeko Kubota, Yoshitomo Nara71 y Takashi Murakami.

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