Pontegadea, el brazo inversor de Amancio Ortega, ha protagonizado una intensa agenda de movimientos en las últimas semanas. La empresa ha cerrado una compra en Londres, una participación en la australiana Qube y una venta en Portugal, todo ello dentro de una clara lógica de rotación de activos que no se detiene.
El fundador de Inditex sigue acumulando patrimonio en infraestructuras y bienes tangibles, pero también deja atrás posiciones que ya no encajan con su hoja de ruta. Con más de 200 adquisiciones desde comienzos de siglo, el family office muestra que su modelo es comprar mucho, vender poco y elegir con tino cada movimiento.
Londres, la puerta al residencial de alquiler

El vehículo inversor ha adquirido un complejo de apartamentos en Baker Street, en el barrio de Marylebone, por 150 millones de libras (unos 175 millones de euros). Esta operación, cerrada en febrero, supone el debut del gigante en el sector de vivienda en alquiler en el Reino Unido. Para ejecutarla, la compañía creó una nueva filial y financió el desembolso con un préstamo intragrupo.
La presencia de la empresa en el país británico es notable: el valor de sus activos inmobiliarios alcanzó los 2.700 millones de libras (más de 3.200 millones de euros) a finales de 2025, y en Londres ya atesora cerca de 15 inmuebles con un valor agregado superior a los 4.200 millones de euros. La operación Baker Street confirma que la firma no solo apuesta por oficinas y logística, sino que ahora quiere rentas estables del sector alquiler.
Australia: la apuesta por la logística
El siguiente gran paso es la entrada en el gigante australiano Qube, dedicado a logística integrada e infraestructuras portuarias. El consorcio liderado por Macquarie Asset Management cerró la adquisición de la totalidad del holding por 11.700 millones de dólares australianos, unos 7.000 millones de euros. Pontegadea se hace con el 15%, equivalente a cerca de 1.070 millones de euros, mientras Macquarie controlará el 65% y UniSuper el 20%.
Qube cuenta con más de 10.000 empleados, 200 localizaciones y presencia en Australia, Nueva Zelanda y el sudeste asiático. Para Ortega, se trata de una participación que le abre la puerta de los mercados de Asia-Pacífico a través de activos físicos muy difíciles de sustituir: puertos, terminales y redes de suministro. La operación se ejecutará mediante un esquema de adquisición aprobado, y la firma dejará de cotizar en Bolsa, pasando a manos de los nuevos propietarios.
Desinversiones y rotación constante

En paralelo a estas compras, la compañía ha cerrado la venta de su participación del 13,7% en Redes Energéticas Nacionais (REN) al Estado portugués. La operación consiste en la transferencia de 91,7 millones de acciones a la sociedad pública Parpública, con un valor de unos 324 millones de euros. Esta desinversión se añade a otras salidas como la venta de un edificio en París, un local en Seúl y el activo de Nueva York, todas ellas buscando descargar posiciones con poco interés para el futuro.
Sin embargo, no se trata de una retirada. Al contrario, el grupo ha ejecutado más de 200 adquisiciones en lo que va de siglo y apenas una veintena de ventas. La compra del complejo de oficinas Capital 8, por 850 millones de euros en París, es la mayor operación de oficinas en Europa continental desde 2022, y refuerza la apuesta por edificios de alta calidad en ubicaciones centrales.
El siguiente capítulo de la historia será la salida al mercado de Telxius, la participada junto a Telefónica de infraestructuras de telecomunicaciones. Con una valoración cercana a los 1.200 millones, el 30% que posee Pontegadea podría alcanzar los 360 millones de euros. Si se completa, la retahíla de desinversiones de 2026 será aún más sonada.

Todo este dinamismo refleja que la estrategia del empresario gallego está lejos de ser estática. Con un plan de inversión que combina Londres, Australia y la rotación de activos en Europa, Pontegadea construye una cartera diversificada, orientada a la economía real y a los flujos de renta constantes. Es una apuesta por infraestructuras, energía y logística, que coexiste con una enorme cartera inmobiliaria internacional.
El perfil del mayor patrimonial privado de España se está redefiniendo por completo. Cada trimestre aparecen nuevas adquisiciones o ventas que pasan casi desapercibidas, pero que juntas dibujan una estrategia de enorme calado. A fin de cuenta, ya no solo es el señor de la ropa, sino que compite en el mercado global con firmas como Uniqlo, la tienda de ropa de Japón, siendo el dueño de parte de los engranajes que mantienen el comercio mundial en movimiento.

De esta manera, Amancio Ortega consolida su papel como inversor global que sabe desprenderse de lo innecesario y mantener lo esencial. La entrada en Londres y Australia junto a la salida de REN y otros activos demuestra que su maquinaria financiera no descansa, y que el mundo aún tiene un hueco para la inversión paciente a largo plazo.
