Albatros: ¿Qué son?, Características, Hábitat y Más

Seguramente conoces de la existencia de las aves marinas, como el pelícano y te parece que todas son muy simpáticas, pero a medida que se hacen estudios científicos sobre ellas, se siguen descubriendo aspectos muy fascinantes y hoy nuestro artículo se va a centrar en el Albatros y en toda la información que hemos podido descubrir sobre ella.

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El Albatros

El albatros (Diomedeidae) forma parte de una especie de aves marinas que tienen enormes tamaños para ser aves voladoras. Los diomedeidae, junto con los pelicaboides, hidrobáticos y proceláridos, forman parte del orden Procellariiformes.

Los albatros se encuentran distribuidos por casi toda el área que cubre el océano Antártico, en el océano Pacífico y en el océano Atlántico Sur, de manera que su hábitat natural es muy extenso.

Esta ave está clasificada dentro del conjunto de las aves voladoras que poseen las mayores dimensiones de medidas. Los voluminosos albatros (del género de las Diomedea) tienen la más grande extensión en sus alas, más grande que cualquier otra especie que exista a día de hoy. Se clasifican usualmente en cuatro clases, pero no hay consenso entre los científicos respecto al número de especies que las conforman.

Los albatros se caracterizan por ser aves que se transportan de manera muy eficiente por el aire y, utilizando tienen la capacidad de utilizar a su favor una técnica de vuelo denominada  planeo dinámico, que les permite cubrir grandes distancias haciendo el mínimo de esfuerzo.

Su alimento lo constituyen principalmente algunos peses, calamares y kril, bien sea porque recogen animales muertos o cazando su alimento si encuentra a sus presas vivas en la superficie del agua o a poca distancia de ella, porque también son capaces de zambullirse en el agua y bucear un poco.

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Respecto a su comportamiento social, son aves gregarias por lo que viven en colonias y la tienen por costumbre hacer sus nidos en islas oceánicas remotas, y es usual que compartan su lugar de reproducción con otras especies. Son animales monogámicos, de manera que viven en pareja durante toda su existencia.

Existen veintidós especies reconocidas de albatros por la UICN, que es la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, cuyos datos indican ocho se encuentran en estado de vulnerabilidad, seis especies están el riesgo de extinción y lamentablemente tres se hallan en riesgo crítico de extinción.

Etimología

En la lengua española son denominadas albatros, y es un nombre que de manera general se usa para designar a todos las aves que forman parte de la familia Diomedeidae, pero el vocablo deriva de la palabra inglesa albatross.​ A su vez, esa palabra inglesa deviene del término portugués alcatraz, que son las aves del mismo nombre y gracias a las cuales se bautizó a la famosa prisión norteamericana.

Pero las derivaciones no quedan ahí, porque el término alcatraz proviene del árabe al-câdous o al-ġaţţās, con la cual los árabes designaban a un pelícano y literalmente quiere decir buceador. El Oxford English Dictionary explica que el nombre alcatraz se aplicaba inicialmente a una aves llamadas fragatas.

La modificación lingüística continúa hasta llegar al término albatros posiblemente fue consecuencia del uso de la palabra albus que es un latinismo que quiere decir literalmente blanco, y que se usaba para designar a los albatros y que contrasta con el color de las fragatas, que son negras.

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La designación del género Diomedea, que fue el utilizado por Linneo para nombrar al albatros, hace alusión a la metamorfosis en aves que sufrieron los que acompañaron al guerrero de la mitología griega Diomedes. El nombre del orden Procellariiformes deriva del vocablo latino procella, que quiere decir literalmente viento violento o tormenta.​

Taxonomía y Evolución

La familia de los Diomedeidae incluye entre 13 y 24 especies, ello es así porque la cantidad de especies que la conforman aún hoy es tema sujeto a debate, y se encuentran divididas en cuatro clases: Diomedea (grandes albatros), Thalassarche, Phoebastria (albatros del Pacífico Norte) y Phoebetria (albatros oscuros).

De esas cuatro clases, los científicos piensan que los del Pacífico Norte son un taxón emparentado con el de los grandes albatros, mientras que los de la clase Phoebetria son más cercanos a la clase Thalassarche.​

Su ubicación taxonómica ha sido la causa de una extensa discusión. La taxonomía de Sibley-Ahlquist ubica a las aves marinas, aves de presa y otras en el amplio orden de los ciconiformes, pero diversas organizaciones ornitológicas de Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Europa y América del Norte sostienen que forman parte del orden tradicional de los Procellariiformes.

Los albatros se diferencian de otros miembros del orden Procellariiformes tanto por sus características genéticas como por sus características morfológicas, particularmente por su tamaño,  la forma de sus patas y el lugar en el que se encuentran dispuestos sus orificios nasales.​

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Entre los científicos que usan la taxonomía para clasificar a las especies, la designación de especies y géneros han utilizado la misma forma de clasificar alrededor de más de cien años. Originalmente los albatros fueron ubicados inicialmente en un solo género, el Diomedea, pero en 1852 el científico Reichenbach los clasificó en cuatro clases diferentes, procediendo a reagrupar y a separar especies varias veces.

En ese proceso de modificación de clasificación, se llegó a identificar a 12 clases diferentes con sus respectivos nombres en el año 1965, los cuales fueron las clases Diomedea, Phoebastria, Thalassarche, Phoebetria, Thalassageron, Diomedella, Nealbatrus, Rhothonia, Julietata, Galapagornis, Laysanornis y Penthirenia.

Pero también en el año 1965, se hizo un intento de ordenar la clasificación, reuniéndolas en dos géneros, los Phoebetria, que son albatros oscuros, que a primer vistazo lucen más parecidos a los procelaríidos, que estaban apreciados para ese momento como animales primitivos, y Diomedea, que eran el resto de los albatros.​

Esta nueva clasificación tenía la finalidad de simplificar a la familia de los albatros, especialmente en lo que se refiere a su nomenclatura, ya que tenía su base en el análisis morfológico que hizo Elliott Coues en el año 1866, pero no se hizo mucho caso a los estudios más recientes, llegando a ignorar inclusive varias sugerencias del propio Coues.​

Estudios más nuevos, que fueron realizados por el investigador Gary Nunn en 1996, quien pertenece al Museo Americano de Historia Natural, y por otros científicos a nivel mundial, hicieron estudios del ADN de las mitocondrias de las 14 especies que habían sido aceptadas en aquel momento, y hallaron que existían cuatro clases, no dos.

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Encontraron que había grupos monofiléticos dentro de la familia de los albatros. Debido a ello, y para hacer una correcta clasificación, los estudiosos sugirieron que se volvieran a utilizar dos nombres que antiguamente habían sido utilizados para designar al género de estas aves.

Finalmente se llegó a un consenso, usándose el nombre Phoebastria para designar a los albatros que habitan en el norte del Pacífico; y Thalassarche, manteniendo los nombres de Diomedea, para los grandes albatros, y los albatros oscuros fueron designados en la clase Phoebetria.

La propuesta de Nunn fue admitida por la British Ornithologists’ Union y por las autoridades ornitológicas sudafricanas, dividiendo en cuatro géneros a los albatros, y la modificación ha sido admitida por la mayoría de los científicos.

Pero, aunque parece existir un consenso en cuanto a la existencia de cuatro especies o géneros de albatros, en donde no existe un acuerdo es en relación al número de especies existentes. A ello contribuye el hecho de que, históricamente, hasta 80 taxones diferentes han sido descritos por varios investigadores; pero se ha podido comprobar que una gran parte de esos taxones fueron producto de identificaciones erradas de ejemplares juveniles.​

Con base en las conclusiones a las que se llegó con relación a la definición de los géneros o clases, Robertson y Nunn hicieron en el año 1998 una propuesta de clasificación taxonómica que incluye 24 especies distintas, que difería de las 14 que habían sido aceptadas hasta ese momento.

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Esa propuesta taxonómica provisional hizo que muchas subespecies ascendieran a la posición de especie, pero fue objeto de muchas críticas por no tomar en cuenta, en cada caso, la información que estaba sometida a una revisión que hacían otros científicos, quienes opinaban que las divisiones no estaban justificadas.

Las investigaciones realizadas desde entonces confirmaron algunos casos, pero también contradijeron otros en la revisión taxonómica de Robertson y Nunn; por ejemplo, un análisis de 2004, basado en el análisis de ADN mitocondrial, pudo confirmar la hipótesis de que el albatros de las Antípodas (Diomedea antipodensis) y el albatros de Tristán (Diomedea dabbenena) eran diferentes al albatros errante (Diomedea exulans), de acuerdo con Robertson y Nunn.

Pero también arrojó como resultado que era errada la hipótesis sugerida por Robertson y Nunn con relación al albatros de Gibson (Diomedea gibsoni), porque no era diferente del albatros de las Antípodas.

​Muchas organizaciones, incluida la UICN, y varios científicos, han aceptado la clasificación taxonómica provisional de 22 especies, aunque aún no hay no una opinión científica unánime al respecto.

En el año 2004, los investigadores Penhallurick y Wink hicieron un estudio que sugirió reducir el número de las especies a 13, incluyendo la fusión del albatros de Ámsterdam (Diomedea amsterdamensis) con el albatros errante,​ pero esa sugerencia fue muy controvertida por el resto de la comunidad científica. En lo que si están de acuerdo los investigadores, es en que existe la necesidad de hacer estudios complementarios para poder clasificar esta cuestión.

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El estudio molecular de Sibley y Ahlquist, con relación a las familias de las aves, ubica la evolución de los Procellariiformes, para adaptarse a su entorno en el período del Oligoceno, hace aproximadamente entre 35 y 30 millones de años, aunque es muy posible que este grupo de aves haya nacido un poco antes de esas fechas.

A esa conclusión se llegó cuando se encontró un ave fósil, clasificado por algunos científicos como perteneciente a los Procellariiformes. Concretamente se trata de un ave marina a la que se le atribuyó el nombre de Tytthostonyx, que fue descubierta en el interior de rocas del período Cretácico, que transcurrió hace 70 millones de años.

Las investigaciones moleculares han concluido que los paíños fueron los primeros en separarse  del linaje primitivo, seguidos después por los albatros, con los proceláridos y los pelecanoides, que se separaron más tarde.

Los fósiles más antiguos de albatros han sido conseguidos en el interior de rocas que datan de las etapas comprendidas entre el Eoceno y el Oligoceno, aunque algunos especímenes estén emparentados con esa familia de forma tentativa y ninguno de ellos se asemeja a las especies de hoy.

Los fósiles encontrados pertenecen a los géneros Murunkus (Eoceno Medio de Uzbekistán), Manu (Oligoceno Inferior de Nueva Zelanda), y una forma no descrita del Oligoceno Superior de Carolina del Sur. Parecido a este último sería Tydea, del Oligoceno temprano (Rupeliense) de Bélgica.

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Los fósiles encontrados que pertenecen al género Plotornis, anteriormente clasificados como petreles, luego fueron clasificados como albatros, pero ahora esa clasificación resulta dudosa. Pertenecen a la era del Mioceno Medio francés, que fue una época en la que la división de los cuatro géneros que actualmente existen ya se habría iniciado.

Se arribó a esa conclusión luego de observar los fósiles de Phoebastria californica y Diomedea milleri, que pertenecen al Mioceno Medio de Sharktooth Hill, California. Ello prueba que la división entre los grandes albatros y los albatros del Pacífico Norte tuvo lugar hace 15 millones de años. Fósiles semejantes que se encontraron en el Hemisferio Sur han podido datar la división entre la clase Thalassarche y la clase Phoebetria hace 10 millones de años atrás.​

El registro fósil de los hallazgos encontrados en el hemisferio Norte resulta ser más completo que los del hemisferio Sur, y muchas formas fósiles de albatros se han encontrado en la región del Atlántico Norte, sitio en el que hoy no subsisten esas aves.

Han podido ser encontrados restos de una colonia de albatros de cola corta en una isla que forma parte de las Bermudas. La mayor parte de los fósiles del Atlántico Norte pertenecieron al género Phoebastria, los albatros del Pacífico Norte. Uno de ellos, Phoebastria anglica, fue encontrado en yacimientos fósiles situados en Carolina del Norte e Inglaterra.

Especies

A pesar de los debates, hoy se acepta de forma pacífica por la comunidad científica la escisión de la familia Diomedeidae en cuatro clases o géneros, a pesar de lo cual la cantidad de especies existentes aún está sujeta a discusión. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y Birdlife International, entre otras organizaciones, reconocen la taxonomía provisional de  las 22 especies existentes.

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Por su parte, otras autoridades reconocen la existencia de las 14 especies tradicionales y la clasificación taxonómica de Clements indica que solo existen 13.

A continuación vamos a listar las especies cuya existencia está reconocida por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN):

Diomedea exulans (albatros errante)

Género Diomedea

  1. exulans (albatros errante)
  2. (exulans) antipodensis (albatros de las antípodas)
  3. (exulans) amsterdamensis (albatros de Ámsterdam)
  4. (exulans) dabbenena (albatros de Tristán)
  5. epomophora (albatros real)
  6. (epomophora) sanfordi (albatros real del norte)

Género Phoebastria

  1. irrorata (albatros de las Galápagos)
  2. albatrus (albatros de cola corta)
  3. nigripes (albatros de patas negras)
  4. immutabilis (albatros de Laysan)

 

Género Thalassarche

  1. melanophrys (albatros ojeroso)
  2. (melanophrys) impavida (albatros de Campbell)
  3. cauta (albatros de corona blanca)
  4. (cauta) steadi (albatros de Auckland)
  5. (cauta) eremita (albatros de Chatham)
  6. (cauta) salvini (albatros de Salvin o albatros de frente blanca)
  7. chrysostoma (albatros de cabeza gris)
  8. chlororhynchos (albatros chlororrinco o albatros pico fino)
  9. (chlororhynchos) carteri (albatros de pico amarillo)
  10. bulleri (albatros de Buller o albatros gris)

Género Phoebetria

  1. fusca (albatros oscuro)
  2. palpebrata (albatros tiznado).

Las clases o especies de los géneros Thalassarche y Phoebastria en ocasiones son ubicadas en el género Diomedea, razón por la cual podremos encontrar que las denominan con el nombre de Diomedea melanophrys, en vez de tener el nombre de Thalassarche melanophrys.

Biología

Respecto a la bilogía de los albatros, existen muchos aspectos interesantes, relacionados con su forma y la manera en la que vuelan, así como su hábitat natural, forma de alimentación y de reproducción y vamos a tratar cada uno en particular.

Morfología y Vuelo

Los albatros son un grupo de aves cuyas dimensiones van desde envergadura grande a muy grande, dependiendo de la clase o especie que estemos observando. Desde el punto de vista científico, son las aves de mayor tamaño de la familia de las Procellariiformes.

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Su pico es fuerte, grande, y puntiagudo, con un maxilar superior que concluye en un gran gancho. El pico está formado por varias placas córneas, denominadas ranfotecas y en los laterales del pico poseen dos narinas que tienen forma de tubos, por donde se deshacen de la  sal y que fueron la razón por las que les pusieron el nombre antiguo del orden Procellariformes que era Tubinares.

Las dos narinas tubulares de los albatros están colocadas a lo largo de ambas caras del pico, a diferencia del resto de los Procellariiformes, en los que los tubos solo se encuentran situados en la parte de arriba del pico. Esos tubos hacen posible que los albatros tengan un sentido del olfato particularmente perfeccionado, algo que es muy inusual entre las aves.

Como las demás clases de Procellariiformes, usan su excelente olfato para encontrar potenciales presas para alimentarse. Los albatros, como sucede con el resto de los Procellariiformes, requieren disminuir el contenido de sal que podría acumularse en sus cuerpos por razón del agua de mar que ingresa por su pico cuando toman sus alimentos.

Ello es gracias a una glándula nasal grande que todas las aves tienen en la base de sus picos, en la parte superior de sus ojos, que tiene la función de eliminar la sal por medio de sus fosas nasales. Esta glándula se torna inactiva en aquellas especies que no la requieren, pero en los albatros se han desarrollado, porque necesitan utilizarlas.

Las patas de los albatros no poseen un dedo opuesto en la parte posterior, y los tres dedos anteriores se encuentran absolutamente unidos por una membrana interdigital, con la cual pueden nadar, también les permite posarse y despegar utilizando el agua como sustento.

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Sus patas son extremadamente fuertes si se las compara con las demás aves que forman parte de la familia de los Procellariiformes. Es más, entre los integrantes de este orden de aves, solamente los albatros y los petreles gigantes son los que pueden desplazarse con eficacia en la tierra. De hecho, el albatros, como este albatros patinegro (Phoebastria nigripes), pueden desplazarse con facilidad en el suelo.

El plumaje de la mayoría de los albatros adultos se diferencia porque tiene un color oscuro en la parte de arriba de sus alas, pero en la parta de abajo las plumas son blancas, en una forma parecida a las plumas de las gaviotas.

Esta distinción puede encontrarse de manera diferente, en razón de la especie de albatros que estemos analizando, desde el albatros real (Diomedea epomophora), que parece ser totalmente blanco a excepción de los machos que tienen otro color en las puntas y en el extremo posterior de sus alas.

En el otro extremo se encuentra el albatros de Ámsterdam adulto (Diomedea amsterdamensis) que tiene un plumaje muy parecido al de los ejemplares jóvenes, en el que resaltan los colores castaños, en particular en una bandada, en la que podremos observar que esos colores se destacan alrededor del pecho.

Varias especies de la clase Thalassarche y albatros del Pacífico Norte poseen unas marcas en la cara, pudiendo observarse que tienen manchas alrededor de los ojos, o manchas de color cenizas o amarillas en su cabeza y en la nuca.

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Existen tres especies, que son el albatros de patas negras (Phoebastria nigripes) y las dos especies de albatros oscuros (género Phoebetria), cuyo plumaje difiere totalmente de los  patrones habituales y lucen de color marrón oscuro casi en la totalidad de su cuerpo, o de color gris oscuro en algunas zonas, como ocurre con el albatros tiznado (Phoebetria palpebrata). Tarda varios años en que su plumaje alcance el color que deben tener los adultos. ​

La medida de las alas extendidas de los albatros más grandes (género Diomedea), supera la que poseen todas las aves existentes hoy, porque pueden llegar a superar los 3,4 metros lineales, aunque dentro de esa familia se incluyen especies cuya extensión de alas tienen una envergadura muy inferior, de unos 1,75 m.

Sus alas son rígidas y en forma de arco, con la sección frontal gruesa y muy aerodinámica. Gracias a ello pueden recorrer enormes distancias, utilizando dos técnicas de vuelo que conocen muy bien varias aves marinas que tienen alas grandes y que son el planeo dinámico y el planeo de talud.

El planeo dinámico les permite aminorar el esfuerzo que se requiere para el vuelo al pasar  varias veces la división entre masas de aire con una diferencia apreciable de velocidad horizontal usando un alto gradiente de aire.

En el vuelo de talud, el albatros puede aprovechar las corrientes de aire ascendente que son producto del viento cuando encuentra un obstáculo, como una colina, y se ubica de cara al viento, lo que le permite ganar altitud y deslizarse de seguidas sobre la superficie del agua.

Los albatros disfrutan de un coeficiente de planeo muy elevado, de aproximadamente 1:22 a 1:23, lo que quiere decir que por cada metro que descienden, pueden avanzar de 22 a 23 metros hacia adelante.​ Pueden lograr ese coeficiente de desplazamiento porque les ayuda en el planeo poder contar con una membrana tipo tendón que traba cada ala cuando se encuentra abierta de manera total.

Ese tendón especial les permite mantener el ala extendida sin tener que realizar algún esfuerzo muscular extra. Esta adaptación morfológica del tendón también la tienen los petreles gigantes (género Macronectes).​

No es usual que necesiten batir sus alas para volar. De hecho el despegue es uno de los escasos instantes en el que los albatros tienen necesidad de batir sus alas para volar, pero también es el período más exigente en términos de consumo de energía en el vuelo que realizan estas aves.

Los albatros logran combinar esas técnicas al volar con la utilización de sistemas innatos que poseen para predecir el estado del tiempo. También se ha observado que los albatros del hemisferio Sur vuelan hacia el Norte y cuando parten desde sus colonias lo hacen siguiendo su ruta en el sentido de las agujas de un reloj, por el contrario, los que vuelan hacia el Sur, lo hacen siguiendo el sentido contrario a las agujas de un reloj.​

Se trata de aves que se han adaptado tan bien a su estilo de vida que han logrado que sus niveles de frecuencia cardíaca registrados durante su vuelo resultan prácticamente iguales a los que registra cuando se encuentra en periodos de reposo. Han logrado una eficiencia corporal tal, que no es en la distancia recorrida cuando salen a búsqueda alimento donde consumen su mayor gasto energético, sino en los momentos de despegue, aterrizaje y de captura del alimento.

El éxito del albatros como cazadores de fondo de debe a que logran realizar viajes de larga distancia muy eficientes, lo que les permite abarcar grandes distancias, sin gastar mucha energía en la búsqueda de sus fuentes de alimento, que se encuentran situadas de manera  dispersa en el océano. Haber logrado adaptarse a la planeación en su vuelo los hace, sin embargo, ser dependientes de que existan el viento y las olas.

La mayor parte de las especies no poseen condiciones morfológicas y fisiológicas que les faciliten mantener un vuelo constante moviendo de manera activa sus alas. Si se encuentran en una situación de calma, están obligadas a mantenerse en reposo en la superficie del agua hasta el momento en que el viento se levante nuevamente.

Sólo pueden dormir cuando se encuentran en el agua en estado de reposo, pero nunca mientras vuelan, como algunos investigadores han llegado a especular. Los albatros del Pacífico Norte han podido utilizar un tipo de vuelo en que pueden alternar momentos en que mueven sus alas en forma enérgica, momento en el que logran adquirir más altitud, con momentos en los que se dedican a planear en el aire.

Otra característica es que al momento de despegar, requieren efectuar una carrera para lograr que pase suficiente de aire debajo de sus alas, creando de esta manera la sustentación aerodinámica que necesitan para poder levantar el vuelo.

Hábitat y Área de Distribución

Una gran parte de los albatros se encuentra distribuida en el hemisferio Sur, en una distancia que abarca desde la Antártida hasta Australia, Sudáfrica y América del Sur. La excepción a esta ubicación se puede observar en las cuatro especies cuyo hábitat es el Pacífico Norte, tres de ellas son especies endémicas de esa región, y de distribuyen desde Hawái a Japón, California y Alaska.

Sólo una, que es el albatros de las Galápagos, anida únicamente en las islas Galápagos y llega hasta las costas sudamericanas para alimentarse. Como requieren del viento, que necesitan para su tipo de vuelo de planeo, hace lógico que su hábitat se encuentre en las latitudes altas, debido a que estas aves no están diseñadas fisiológicamente para realizar vuelos batiendo sus alas, razón por la que les resulta muy difícil cruzar las zonas de convergencia intertropical.

Pero, la especie del albatros de las Galápagos si es capaz de tener su hábitat en aguas ecuatoriales, alrededor de las islas Galápagos, gracias a las aguas frías que se producen por la corriente de Humboldt y los vientos que resultan de ella.​ Lo usual es que el hábitat del albatros se encuentre distribuido en grandes extensiones oceánicas y es normal que realicen viajes que atraviesen los polos.

No ha podido encontrarse la verdadera razón por la cual los albatros se extinguieron en el Atlántico Norte, pero se especula que un aumento del nivel promedio de las aguas oceánicas, ocasionado por un lapso de calentamiento interglacial, pudo producir la inundación de los lugares donde se encontraban el hábitat de una colonia de albatros de cola corta que se encontraba en las islas Bermudas.

En ocasiones ha podido observarse a algunas especies meridionales de albatros que actúan de forma errática en el Atlántico Norte, permaneciendo exiliadas en esa zona durante décadas. Uno de estos confundidos especímenes que viven exiliados, que fue un albatros de ceja negra, regresó por varios años a una colonia de alcatraces (Morus bassanus) situada en Escocia, haciendo intentos en vano para reproducirse.

Utilizando un sistema de rastreo satelital, se ha facilitado a los investigadores una recolección muy importante de información con relación a sus travesías en busca de su alimento, que realizan atravesando el océano. Es cierto que no efectúan una migración anual, pero si se disgregan luego de la época de reproducirse, mientras que en el caso de las especies del hemisferio Sur, se ha comprobado que hacen múltiples viajes a través de la región polar.

También se han recolectado pruebas sobre la dispersión de las zonas de distribución de las distintas especies en el océano, lográndose recopilar datos sobre las costumbres de alimentación de dos especies que se reproducen en las islas Campbell: el albatros de cabeza gris y el albatros de Campbell.

La información disponible prueba que el primero obtiene su alimentación esencialmente de la meseta de Campbell, pero el segundo traslada la búsqueda de alimento a aguas con características particularmente oceánicas y pelágicas.

Respecto al albatros errante, también tiene una reacción muy específica respecto a la batimetría del lugar en el que obtiene su alimento, y obtiene su comida sólo en aguas que tienen una profundidad superior a 1000 m.

Estos datos que fueron obtenidos vía satélite han permitido a los científicos configurar un hábitat con fronteras tan definidas que un investigador llegó a afirmar que tenía la impresión de que casi parecía que las aves pueden ver y obedecen a un signo de prohibido el paso en las áreas oceánicas cuyas profundidades son menores a los 1000 metros.​

También han encontrado pruebas de la existencia de zonas de distribución diferentes para cada sexo de una misma especie. Un análisis efectuado sobre el albatros de Tristán, cuya reproducción se efectuada en la isla Gough probó que los machos viajan hacia en dirección oeste mientras que las hembras lo hacen hacia el este.​

Alimentación

En la dieta del albatros sus favoritos están compuestos por crustáceos, cefalópodos y peces, aunque se ha demostrado que también son carroñeros y pueden complementar su alimentación con zooplancton. Se debe tomar en cuenta que para un gran volumen de especies, solo se ha podido conocer la dieta que llevan durante el periodo de procreación y cría, porque esa es la época en que regresan en forma regular a tierra, lo que ha facilitado su estudio.

La inclusión de algunas fuentes de alimento tiene una relevancia distinta, debido a que el consumo de algunos tipos de comida cambia significativamente entre una especie y otra, también es diferente de una colonia a otra. Así, ha podido observarse que algunas especies tienen como base de su alimentación a los calamares, mientras que otras especies basan su alimento en una gran cantidad de pescado o de krill.

Esa diferencia sustancial se puede ver en dos especies de albatros que tienen su hábitat en las islas de Hawái, son el albatros de patas negras, cuya fuente de alimento básico son los peces, pero en el caso del albatros de Laysan se alimenta casi exclusivamente de calamares.

En el caso de los albatros tiznados (Phoebetria palpebrata) se ha comprobado que se zambullen en promedio 5 metros para alimentarse, principalmente de peces, aunque se ha establecido que podrían sumergirse hasta alcanzar los 12 metros de profundidad.

Se han podido emplear dispositivos en el océano que han podido establecer cuál es la cantidad de agua que ingieren los albatros en el transcurso de su vida, por lo cual ha podido establecerse el promedio de la duración estimada de su alimentación, concluyéndose que son animales diurnos, porque el proceso de alimentación lo llevan a cabo durante el día.

Otro dato curioso es que del análisis de picos de calamar que han sido regurgitados por albatros probó que algunos de los calamares que fueron ingeridos tenían un tamaño muy grande como para que el ave los hubiera capturado con vida, de lo que se concluye que también son carroñeros y que esa actividad resulta muy importante en su dieta, como ocurre con el albatros errante.

Además, se ha demostrado que comen especies de calamares que habitan en el área mesopelágica, que tiene una profundidad que se encuentra fuera del rango de acción del albatros.

Los investigadores se han interrogado respecto a cuál puede ser el origen de los calamares muertos que consumen los albatros pero aún no existe una respuesta clara, de hecho, esto ha sido motivo de controversia.

Algunos sostienen que es producto de la explotación pesquera del hombre, aunque una causa relevante y natural puede ser la mortandad de calamares que ocurre luego del desove o los frecuentes vómitos de cetáceos que se alimentan de estos cefalópodos, como ocurre en el caso de las ballenas nariz de botella, ballenas piloto o los cachalotes.

La alimentación de otras especies, como ocurre con el albatros de ceja negra o el albatros de cabeza gris, la constituyen particularmente especies más chicas de calamares que tienen la tendencia a hundirse tras su muerte, concluyéndose que en este caso la necrofagia no resulta una actividad que sea relevante en su sustento.

Particularmente interesante ha sido el comportamiento que ha podido ser observado en el albatros de las Galápagos, quien hostiga a pájaros bobos para poder quitarles su alimento, comprobándose que esta especie es oportunista, y al mismo tiempo hace de este albatros el único miembro de los Procellariiformes que utiliza el cleptoparasitismo con disciplina.

Poco tiempo atrás, se tenía la creencia de que los albatros eran aves que se dedicaban a recolectar en la superficie, efectuando nados paralelos al agua, para apresar los peces y los calamares que eran transportados hasta la superficie por las corrientes marinas, por los predadores o simplemente porque morían.

Gracias a que se han inventado y utilizado medidores capilares de profundidad, que han podido sujetarse al cuerpo de los albatros y han sido retirados cuando regresan a tierra, y con los cuáles puede medirse la profundidad máxima de inmersión que alcanzan las aves incluidas en el estudio, se ha probado que no todas las especies se sumergen a las mismas profundidades y que utilizan diferentes técnicas para ello.

Por ejemplo, se ha podido demostrar que algunas especies, como el albatros errante, no se zambullen más de un metro de profundidad, mientras que otras, como el albatros tiznado, pueden hacer inmersiones muy profundas, registrándose desde los 5 metros hasta alcanzar los 12,5 metros.​ Adicionalmente a la alimentación de superficie y al buceo, se ha podido observar albatros que se sumergían arrojándose en picada desde el aire para atrapar a sus presas.

Reproducción

Ya hemos dichos que los albatros son animales gregarios, que forman colonias en islas apartadas, en las que hacen sus nidos, en ocasiones compartiendo la zona con otras clases de aves. En el caso de las que prefieren quedarse en el continente, se ha observado que prefieren hacer sus nidos en escolleras o promontorios que tienen buen acceso al mar en múltiples direcciones, como ocurre en la península de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.

Muchos albatros grises y albatros de patas negras extrañamente hacen sus nidos bajo los árboles en bosques abiertos. La conformación de las colonias también es cambiante de una especie a otra. Podemos observar acumulaciones muy densas, que resultan típicas de los albatros del género Thalassarche, que son las colonias de albatros de ceja negra en las islas Malvinas, cuyo grupo tiene una densidad poblacional promedio de 70 nidos por cada 100 m².

Hasta conjuntos mucho más chicos y con nidos individuales que se encuentran muy distanciados, y que son típicos de los géneros Phoebetria y Diomedea. Las colonias de estos dos tipos de albatros se encuentran ubicadas en islas en las que históricamente no existían mamíferos terrestres.

Otra condición que los caracteriza es que los albatros son muy filopátricos, lo que quiere decir que, por lo general, vuelven a su colonia de nacimiento para reproducirse. Este hábito es tan poderoso, que un estudio sobre el albatros de Laysan probó que la distancia promedio entre el sitio de eclosión del huevo del que nació y el lugar en el que el ave establecerá luego su propio territorio es de 22 metros.​

Como hacen muchas aves marinas, los albatros continúan la estrategia de la K a lo largo de su ciclo vital, es decir, una baja tasa de natalidad, que se compensa con una expectativa de vida relativamente alta, retrasando la oportunidad de procrear e invirtiendo mayor esfuerzo en menos crías.

Su expectativa de vida es particularmente larga, pues la mayor parte de las especies pueden vivir más allá de los 50 años. El espécimen que fue registrado con mayor cantidad de años de vida fue un albatros real del norte, que fue anillado cuando ya era adulto y que logró sobrevivir durante 51 años más, después de haber sido marcado, lo que ha permitido a los científicos especular que pudo vivir alrededor de 61 años.

Debido a que la gran mayoría de las investigaciones científicas que incluyen el anillamiento de aves para hacer seguimiento son más recientes que en el caso antes citado, resulta muy probable que se llegue a descubrir que otras especies puedan tener una expectativa de vida que sea parecida o que pueda ser mayor.

La madurez sexual de estas aves se obtiene luego de un período relativamente largo de aproximadamente cinco años, pero el sólo transcurso del tiempo no hace que comiencen a procrear, por el contrario, no se juntarán con su pareja hasta que transcurra mucho tiempo, en algunas especies tardan hasta diez años en asentarse, y cuando encuentran a su pareja, establecen una relación de tipo monógamo para toda su vida.

Estudios efectuados sobre el comportamiento del albatros de Laysan demostraron que si se presentan fluctuaciones importantes en la proporción sexual de la población, por insuficiencia de ejemplares machos, su estructura social puede sufrir cambios y aparecer un comportamiento de cooperación para la incubación y cría de los polluelos entre dos hembras.

Resulta un poco extraño este comportamiento, tomando en cuenta que el albatros es un ave que tiene hábitos monógamos y que su estilo de vida es formar una pareja con un macho para toda la vida, pero ha podido establecerse que las dos hembras que han compartido la incubación y crianza de polluelos tienden a permanecer juntas, prolongándose esa vida en común por años, lo cual es muy raro, ya que no existe relación o parentesco entre ellas.​

Los jóvenes que aún no están en la fase de crianza normalmente se juntan a la colonia antes de empezar a reproducirse, adquiriendo destreza a lo largo de algunos años, en la práctica de los muy complicados rituales de apareamiento y a los característicos bailes tan conocidos de esta familia que ejecutan para atraer a las hembras. Uno de los movimientos del ritual de apareamiento del albatros de Laysan es asumir una posición con el cuello y el pico hacia arriba.

Los albatros que regresan a su colonia de nacimiento por primera vez demuestran que ya observan las conductas propias que forman el lenguaje de los albatros que allí residen, pero no les es posible darse cuenta del comportamiento que muestran las demás aves, ni responderles de manera apropiada.​

Se ha demostrado que las aves jóvenes son sometidas a un período de prueba y aprendizaje utilizando el método de tanteo, con lo cual las aves jóvenes logran perfeccionar el ritual y los bailes de apareamiento. El lenguaje corporal puede aprenderse de manera más rápida en el caso de que un ave joven esté en compañía de un ave más vieja.

La recopilación de estos comportamientos requiere de una interpretación sincronizada de múltiples actuaciones, como el acicalado, indicar hacia determinadas direcciones, llamadas, producir varios sonidos con el batir de los picos, permanecer con la mirada fija y unas mezclas relativamente complejas de varios de estos comportamientos a la vez.

Cuando un albatros regresa por primera vez a su colonia de nacimiento, efectúa un baile con muchos compañeros, pero luego de algunos años, la cantidad de aves con las que entabla una relación va decreciendo, hasta que escoge a un solo compañero y continuarán perfeccionando un lenguaje individual, que concluirá siendo único para esa pareja. Si tomamos en cuenta que esa pareja establecerá una relación monógama para toda su vida, la mayoría de esos bailes no se repetirán nunca más.

Se especula que la razón por la que efectúan estos complicados y meticulosos rituales y danzas es para estar seguros de que han seleccionado a la pareja adecuada, y para poder reconocer mejor en el futuro a su compañero, debido a que para ellos resulta una tarea sumamente importante tener al compañero correcto en la época de la puesta de los huevos y para el cuidado de las crías.

También se ha observado que en las especies que pueden tener un ciclo reproductivo completo en un lapso menor a un año, es muy raro que vuelvan a procrear en los años siguientes. Los grandes albatros, como el albatros errante, usan un lapso mayor a un año para cuidar de su cría, desde la puesta de huevo, hasta que ésta llegue a tener su plumaje.

Los albatros ponen un único huevo en la estación de reproducción, este huevo tiene forma subelíptica, y es de color​ blanco con machas marrones rojizas. Los huevos de mayor tamaño llegan a pesar entre 200 y 510 gramos. En el caso de que pierdan el huevo, bien sea por accidente o por causa de algún depredador, no volverán a intentar tener una cría durante ese año.

Por razón de la reducción de la tasa de éxito en la reproducción y las relaciones monógamas que establecen, la separación de parejas que ya se encuentran establecidas es muy infrecuente entre los albatros y suele ocurrir que no tienen éxito en la reproducción hasta que hayan transcurrido varios años intentándolo de forma infructuosa.

Pero cuando logran tener una cría con éxito, los albatros las cuidan y las protegen hasta que son lo bastante grandes como para defenderse y termorregularse por sí mismas. En este proceso las crías llegarán a tener el peso suficiente como para igualar al de sus progenitores.

Todos los albatros de las regiones meridionales construyen nidos grandes para sus huevos, empleando en ello hierbas, arbustos, tierra, turba y hasta plumas de pingüino,​ pero en el caso de las tres especies que habitan en el Pacífico Norte, éstas construyen nidos de forma más rudimentaria.

Por su parte, el albatros de las Galápagos, no construye ningún tipo de nido e inclusive mueve su huevo a través de todo el territorio de crianza, lo que en ocasiones llega a ser hasta 50 metros, producto de lo cual, a veces, el huevo se extravía.​ En todas las especies de albatros, ambos progenitores incuban el huevo por lapsos que pueden durar entre un día y tres semanas.

Al igual que los kiwis, los albatros poseen el período de incubación más extenso de cualquier ave. La incubación dura alrededor de 70 a 80 días, y en el caso de los grandes albatros dura un poco más. Este proceso produce en ellos un gran gasto energético y puede dar lugar a que un adulto pueda perder hasta 83 gramos de peso en un día.​

Luego de la eclosión de huevo, la cría, que es semi-altricial, por lo que​ es empollada y protegida durante tres semanas, hasta que alcance un tamaño adecuado como para poder defenderse y termorregularse por sí sola. En este lapso los padres procederán a alimentar al polluelo con pequeñas cantidades de comida en el momento en que ocurra el cambio de turno para ser cuidado.

Cuando haya finalizado el lapso de empollado de la cría, ésta recibirá alimentación de sus padres a intervalos regulares, los cuales normalmente alternan viajes de corta y de larga duración para encontrar el alimento, ello con la finalidad de poder proporcionarle a su cría al regreso de cada viaje un alimento que pese alrededor del 12% de su masa corporal, lo cual se calcula alrededor de 600 gramos.

La dieta de las crías está conformada tanto por krill como por calamares y peces frescos, en forma de aceite estomacal de los albatros, que es un alimento energético más ligero y fácil de transportar que tener que trasladar las presas capturadas sin digerir. Este aceite se forma en un órgano del estómago que poseen la mayor parte de Procellariiformes y que recibe el nombre de proventrículo, con las presas capturadas digeridas y que les da su característico olor a moho.​

Los polluelos suelen tardarse mucho tiempo en emplumar. Si nos referimos a los grandes albatros, este proceso puede tardar hasta 280 días. Inclusive en el supuesto de los albatros de tamaño más pequeño, tardan entre 140 a 170 días.

Tal y como ocurre con muchas especies de aves marinas, las crías de albatros llegarán a obtener el suficiente peso como para alcanzar a sus padres, y con la finalidad de poder utilizar de forma adecuada las reservas adicionales de alimento que le permitan aumentar su peso corporal y su tamaño, así como lograr el crecimiento óptimo de su plumaje, que es necesario para poder tener destreza en el vuelo, el proceso de emplumarse ocurre sólo cuando tienen un tamaño parecido al de sus padres.

Dependiendo de la clase o especie, entre el 15% y el 65% de los que logren tener su plumaje sobreviven lo necesario para reproducirse.​ Los jóvenes logran su proceso de emplumarse en solitario, y no tendrán ayuda alguna suplementaria de sus padres, que volverán al cuando la cría tiene completo su plumaje, y sin darse cuenta de que su cría ya se ha ido.

Cuando se marchan del nido, hay estudios relacionados con la disgregación de las aves jóvenes por el océano que han permitido especular a los científicos sobre la existencia de una conducta migratoria innata, como su existiera una ruta de navegación codificada en sus genes, que les permite orientarse en el mar cuando se aventuran por primera vez hacia el océano.​

Los albatros y el hombre

Los albatros han sido calificados como las más legendarias de todas las aves.​ Un albatros es el personaje central en el famoso poema Rime of the Ancient Mariner (Balada del viejo marinero), escrito por Samuel Taylor Coleridge; un albatros prisionero constituye también una metáfora para el poète maudit del poema de Charles Baudelaire, El albatros. El uso del albatros como una metáfora en el idioma inglés proviene del poema de Coleridge.

En menor medida, también ha inspirado a autores de lengua española, idioma en el que se acostumbra decir que cuando alguien tiene una carga pesada o problema, entonces tiene a un albatros alrededor del cuello, que fue el castigo impuesto en el poema al marinero que mató al albatros.

Es conocido el mito desarrollado entre los marineros de que el albatros es un ave de buena suerte y de que puede resultar en una calamidad matarlo o dañarlo y constituía una creencia extendida que éstos encarnaban las almas de los marinos que morían en el mar.​ La realidad, empero, nos ha mostrado que los marineros los mataban y comían regularmente.​ Las tribus maorís utilizaban los huesos de sus alas para grabarse los tatuajes de ceremonias en la piel​ y para tallar sus flautas.

Se trata de aves que son muy estimadas por aquellos que son aficionados a la ornitología y los lugares en los que establecen sus colonias se tornan el destinos populares para la hacer ecoturismo. Existen muchas ciudades y pueblos costeros como Kaikoura, Sidney, Wollongong o Monterey, en los que se hacer travesías para el avistamiento de aves marinas pelágicas, y los albatros suelen ser fácilmente atraídos a estos barcos turísticos lanzando aceite de pescado al mar.

Realizar visitas a las colonias de estas aves es un destino turístico muy conocido; la colonia de albatros real del norte en Taiaroa Head, en Nueva Zelanda, atrae a 40 000 visitantes al año, y las colonias que se encuentran más aisladas se han convertido en atracciones turísticas habituales de los cruceros a las islas subantárticas.

Amenazas y Conservación

A pesar de estar consideradas como aves de leyenda, los albatros no han podido ser excluidas o protegidas de los efectos directos e indirectos que producimos los seres humanos. Cuando fueron descubiertas por los aleutas y los polinesios, se emplearon a fondo en cazarlas, hasta que desaparecieron de algunas islas, como ocurrió en la Isla de Pascua.

Cuando los europeos empezaron a navegar por todo el planeta, empezaron a cazar al albatros también, pescándolos desde los barcos para utilizarlos como alimento, o sencillamente disparándoles por deporte o diversión.​

Esta costumbre de dispararles llegó a su punto máximo en las rutas de emigración que tenían como destino Australia y sólo pudo ser detenida cuando los barcos llegaron a ser tan rápidos que se hizo imposible pescar desde ellos y cuando se instauraron normas que prohibieron el uso de armas de fuego a bordo de los barcos por razones de seguridad.

En el siglo XIX, las colonias de albatros, en especial las que se encontraban en el Pacífico Norte, fueron diezmadas para comerciar con sus plumas, lo que llevó casi a extinguirse al albatros de cola corta.

Como afirmamos al principio de este artículo, de las 22 especies de albatros que han sido objeto de reconocimiento por parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 8 se encuentran en estado de vulnerabilidad, 6 corren riesgo de extinción y 3 están en riesgo crítico de extinción.

Las tres especies en riesgo crítico de extinción son el albatros de Ámsterdam (Diomedea amsterdamensis), el albatros de Tristán (Diomedea dabbenena) y el albatros de las Galápagos (Phoebastria irrorata). Una de las principales amenazas principales para estas aves lo constituye la pesca comercial con palangre.

Ello se debe a que los albatros y otras aves marinas que se alimentan de los desechos, son atraídos por el cebo del palangre, enganchándose lamentablemente en los sedales o en los anzuelos y se ahogan. Alrededor de 100 000 albatros mueren cada año de esta manera. Más grave aún es lo que ocurre con los casos de pescas piratas, que al no cumplir con ninguna norma, hacen que el problema sea aún más grave.​

Otra actividad del hombre que representa un peligro para el albatros es la aviación. Por ejemplo, en el atolón de Midway se han sucedido muchas colisiones entre albatros de Laysan y aviones, causando la muerte de humanos y aves, así como graves paralizaciones en operaciones militares de vuelo.

Para tratar de evadir estos accidentes se hicieron estudios a finales de los años 1950 y principios de los años 1960 que analizaron los resultados que traería poder colocar varios métodos y sistemas de control, concluyendo lamentablemente con la matanza de aves y la destrucción anual de sus sitios para anidar, o modificando la orografía de sus colonias, por medio de la nivelación y limpieza del terreno para excluir las corrientes de aire ascendentes que utilizan estas aves en su vuelo.

Otra idea fue la utilización de estructuras elevadas, tales como las torres de control de tráfico y las de comunicaciones, que mataron a 3000 aves en colisiones durante su vuelo entre los años 1964 y 1965, antes de que se lograra disminuir la altitud de esas torres. Lamentablemente cada vez que el hombre ha intentado solucionar el problema ha significado una merma considerable en las poblaciones de estas aves.

La clausura definitiva de las instalaciones navales de la aviación en las islas Midway en el año 1993 concluyó con la problemática de las colisiones de los albatros con los aviones militares. Además, la minimización de la actividad humana en las islas como consecuencia del cierre de actividades de la base, ha ayudado a que descienda la cantidad de muertes de aves.

Otro problema lo constituyen los depredadores que fueron introducidos en las islas y la contaminación por pintura a base de plomo en los alrededores de los edificios militares, todo lo cual es más que probable que haya aniquilado a miles de aves. Además, sus plumas fueron muy apreciadas a principios del siglo XX. Solo en el año 1909, más de 300 000 ejemplares de estas aves fueron cazados en las islas Midway y Laysan por esa razón.​

En cuando a la amenaza proveniente de las especies introducidas, tales como las ratas o los gatos salvajes, debemos decir que estos atacan directamente a los albatros o a sus huevos y crías. Se debe acotar que los albatros evolucionaron para tener sus lugares de reproducción en islas que no tenían depredadores terrestres, razón por la cual no desarrollaron sistemas defensivos contra ellos.

La influencia de estos animales es tan perjudicial, que inclusive especies tan chicas como los ratones pueden resultar muy dañinas; por ejemplo, en la isla de Gough, que es una de las más grandes colonias de aves marinas del planeta, los polluelos del albatros de Tristán son atacados y devorados vivos por los ratones domésticos que se introdujeron en la isla.

Las especies introducidas pueden producir otros efectos indirectos. Este es el caso del ganado que devora la capa esencial de pasto en las islas de San Pablo y Ámsterdam, lo que ha colocado en condición de amenazado al albatros de Ámsterdam (Diomedea amsterdamensis); otro inconveniente proviene de las plantas introducidas desde otras islas, cuya proliferación ha reducido los lugares en los que potencialmente los albatros pueden hacer sus nidos.

Para agravar más el asunto, ahora tenemos la ingesta de materiales plásticos flotantes en los océanos, y no sólo por el albatros, sino por muchas aves marinas. La acumulación de material plástico en los mares y océanos se ha incrementado de forma considerable desde que ello fue registrado por primera vez en la década de los años 60.

Lamentablemente, este plástico proviene la basura que es lanzada desde los barcos, de los vertederos costeros, la basura en playas y desechos arrastrados al mar por los ríos. El plástico es imposible de digerir y cuando es trabado por el ave ocupa lugar en el estómago o en la molleja que debería ser usado para la comida, o puede ocasionar un obstáculo que de forma directa impida al ave alimentarse.

Investigaciones efectuadas en el Pacífico Norte han demostrado que la ingesta de plásticos ha ocasionado una disminución de peso y de estado físico de estas aves.​ El plástico a veces es regurgitado cuando alimentan a sus crías, y un estudio de pollitos de albatros de Laysan  hecho en las islas Midway demostró que grandes cantidades de plástico había sido ingerido por crías muertas de forma natural, en comparación con crías sanas que murieron por un accidente.

Inclusive, aunque no se trate de la causa directa de la muerte, la presencia de plástico en el organismo del albatros genera estrés fisiológico y provoca que las crías se sientan saciadas durante su alimentación, lo que provoca que se reduzca el consumo del alimento que se requiere y limita sus probabilidades de subsistir.

Algunos Científicos así como ciertas organizaciones ecologistas, como es el caso de BirdLife International, que inició la campaña Salvar al albatros, centran sus esfuerzos en educar a los gobiernos y los pescadores, de manera que se puedan encontrar soluciones para las amenazas a las que tiene que enfrentarse el albatros.

Se hacen esfuerzos para que se implementen nuevas técnicas de pesca, tan sencillas como lanzar los palangres por la noche, colocar los cebos bajo el agua, engrosar el peso de los sedales y utilizar aparatos y mecanismos para ahuyentar a estas aves, lo que puede conducir a que se reduzca de forma sensible la cantidad de aves atrapadas.

Un estudio realizado con la colaboración de científicos y de pescadores en Nueva Zelanda pudo probar con relativo éxito un dispositivo que logra efectuar ajustes submarinos en los barcos que pescan con palangre, y que consiste en que los sedales sean colocados a mayores profundidades de las que pueden alcanzar los albatros de las especies vulnerables.

La utilización de varias de esas nuevas técnicas en la faena de pesca de la merluza negra (Dissostichus eleginoides) en las islas Malvinas ha logrado reducir el número de albatros ojerosos que normalmente era atrapado por la flota pesquera en los últimos 10 años.

También es destacable el trabajo llevado a cabo por los ecologistas, que se han esforzado en el área del restablecimiento ecológico de la región insular, logrando el desalojo de especies foráneas introducidas equivocadamente, y que amenazaban a la fauna endémica, lo que ofrece una inestimable ayuda para lograr la protección de los albatros contra los depredadores que fueron introducidos.

Otro paso muy importante para lograr el mayor marco de protección posible y la protección de otras especies de aves marinas lo constituye el Acuerdo sobre la Conservación de Albatros y Petreles, firmado en el año de 2001, que entró en vigencia en el año 2004 y que ha sido ratificado por diez países: Argentina, Australia, Brasil, Chile, Ecuador, España, Nueva Zelanda, Perú, Sudáfrica y Reino Unido.

Aunque no fue objeto de ratificación, Noruega y Uruguay se han adherido al mismo y Francia lo ha aceptado. Se trata de un tratado internacional en el que estos países se comprometen a tomar acciones concretas y factibles que logren reducir la cantidad de albatros que puedan verse atrapados por maneras en que se realiza la pesca comercial legal, reducir la contaminación y la eliminación de especies foráneas introducidas en las islas de en las que hacen sus nidos.

Este tratado se convierte en una base legal internacional importante para la regulación concertada sobre la protección del albatros de manera que los países comprometidos, deben poner esfuerzos en común para evitar que esta hermosa familia de aves marinas y sus clases desaparezcan de su entorno natural, pero hacen falta más medidas, sobre todo las que implican el compromiso del hombre individualmente considerado, en la conservación y preservación de su entorno.

En efecto, hasta que el hombre no cese en su práctica de contaminar los mares y las zonas costeras, no se impongan restricciones a la utilización de plástico y no se tome conciencia de que el daño nos lo estamos haciendo a nosotros mismos, no cesará el daño que le estamos haciendo al medio ambiente y, por ende, a todos los seres que en él habitan, en particular al albatros, el cual ha visto sensiblemente mermada su población, incluso a puntos críticos en algunas de sus especies.

Por eso te invitamos a tomar conciencia, a ser amigable con el medio ambiente y a ayudarnos a preservar nuestros ecosistemas para que la biosfera se regenere. Todavía estamos a tiempo en el caso del albatros, sólo necesitamos de tu compromiso.

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