Adiós a Josefina Molina, la cineasta que cambió el rumbo de la industria audiovisual en España

  • Fallece en Madrid a los 89 años de edad, dejando un vacío irremplazable como la primera mujer titulada en Dirección por la Escuela Oficial de Cine.
  • Fue la impulsora y presidenta de honor de CIMA, luchando incansablemente por la visibilidad y los derechos de las mujeres en el séptimo arte.
  • Su legado incluye hitos como la serie 'Teresa de Jesús' y la transgresora película 'Función de noche', obras que marcaron a toda una generación.
  • Reconocida con el Goya de Honor y el Premio Nacional de Cinematografía, su figura es un referente absoluto de valentía y mirada feminista.

Josefina Molina cineasta española

El mundo de la cultura en nuestro país se ha despertado con la triste noticia de la pérdida de una figura insustituible. Josefina Molina ha fallecido este sábado en la capital madrileña a la edad de 89 años, dejando tras de sí una trayectoria que no solo se mide en películas o series, sino en los muros que logró derribar para las que vinieron detrás. La Academia de Cine ha sido la encargada de confirmar su marcha, definiéndola como una mujer visionaria y luchadora que nunca se amilanó ante una industria que, cuando ella empezó, era un terreno casi exclusivamente masculino.

Nacida en Córdoba en los albores de la Guerra Civil, esta creadora polifacética supo desde muy joven que lo suyo era contar historias. Aunque creció en una familia de clase media acomodada, donde el negocio del calzado y la droguería de su padre aseguraba la estabilidad, fue su madre quien le inoculó el gusanillo de la formación intelectual. No se conformó con el destino de ama de casa que la sociedad de la posguerra le tenía reservado y, tras quedar prendada de la gran pantalla al ver ‘El río’ de Jean Renoir, decidió que su lugar estaba detrás de las cámaras, iniciando una aventura que la llevaría a ser una de las voces más autorizadas del audiovisual europeo.

Una formación marcada por la superación y el talento

Trayectoria de Josefina Molina

Su paso por la Escuela Oficial de Cine no fue precisamente un camino de rosas, pero su determinación era de las que no se quiebran fácilmente. En 1969, hizo historia al convertirse en la primera mujer que logró el título de Dirección en dicha institución, un hito que en aquel entonces levantó alguna que otra ceja entre los sectores más conservadores. Lejos de amedrentarse por las críticas de algunos profesores, Molina utilizó sus primeros cortometrajes para explorar temas que nadie quería tocar, poniendo siempre en el centro a mujeres que se salían de los moldes y estereotipos de la época franquista.

Antes de dar el gran salto a la gran pantalla, se curtió a base de bien en Televisión Española, donde realizó adaptaciones que hoy son consideradas auténticas joyas de nuestra televisión pública. Desde la complejidad de Kafka con ‘La metamorfosis’ hasta el costumbrismo de Miguel Delibes en ‘El camino’, Josefina demostró una sensibilidad especial para trasladar la literatura al lenguaje visual. No era solo una técnica impecable, era una forma de mirar el mundo con un relieve y una profundidad que, según ella misma decía, a la humanidad le faltaba por culpa de haber estado demasiado tiempo ignorando la visión femenina.

Obras que rompieron tabúes y marcaron una época

Josefina Molina directora y guionista

Si hay un título que aparece en todas las conversaciones cuando se habla de su talento, ese es sin duda ‘Función de noche’. Estrenada en 1981, esta obra se sitúa en esa frontera difusa entre el documental y la ficción, mostrando a una Lola Herrera y un Daniel Dicenta en una conversación cruda y desgarradora sobre su fracasado matrimonio. Fue un experimento cinematográfico sin precedentes que puso sobre la mesa temas como la insatisfacción sexual femenina y las cargas del patriarcado en la intimidad, algo que en la España de la Transición supuso un auténtico terremoto cultural y social.

Tampoco podemos olvidar su incursión en la vida de Santa Teresa de Jesús, donde contó con una Concha Velasco en estado de gracia para humanizar a la santa de Ávila. Molina no quería hacer un retrato hagiográfico al uso; ella buscaba a la mujer rebelde e inteligente que se enfrentó a los poderes fácticos del siglo XVI. Este enfoque feminista y terrenal fue lo que hizo que la serie conectara de forma masiva con el público, demostrando que se podía hacer una televisión de calidad, profunda y con una factura plenamente cinematográfica sin perder el favor de la audiencia.

El compromiso firme con la igualdad y el nacimiento de CIMA

Josefina Molina y la asociación CIMA

Pero Josefina Molina no solo se dedicó a rodar, sino que se lió la manta a la cabeza para intentar que las que vinieran después lo tuvieran un poquito menos difícil que ella. En el año 2006, fue una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, conocida por las siglas CIMA. Junto a otras grandes como Isabel Coixet o Icíar Bollaín, se propuso combatir la brecha de género en un sector donde los presupuestos y las oportunidades seguían teniendo nombre masculino, asumiendo la presidencia de honor como un cargo desde el que seguir dando guerra.

A menudo comentaba con cierta amargura que ser ‘la primera’ o ‘la única’ no era una medalla que le gustara lucir, sino más bien una señal de lo mucho que faltaba por hacer. Para ella, la igualdad no era una cuestión de cuotas, sino de justicia social y de enriquecimiento de la propia cultura. Siempre defendió que, si no se contaba con el talento del cincuenta por ciento de la población, la realidad que veíamos en las pantallas estaba incompleta, coja y, en definitiva, nos estábamos perdiendo historias maravillosas por culpa de unos prejuicios que ya tocaba enterrar de una vez por todas.

Reconocimientos merecidos y una jubilación entre letras

Premios y galardones de Josefina Molina

Los premios no tardaron en llegar para reconocer una carrera tan coherente como brillante. En 2012, se convirtió en la primera mujer directora en recibir el Goya de Honor, un galardón que dedicó con mucha emoción a todas aquellas compañeras que se quedaron por el camino por no tener sus mismas oportunidades. También fue distinguida con el Premio Nacional de Cinematografía y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, además de ser la primera cineasta en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, rompiendo un techo de cristal tras otro hasta el final de sus días.

En sus últimos años, aunque se alejó de los focos de los rodajes, no dejó de crear ni un solo momento. Se refugió en la literatura, publicando novelas históricas y memorias que le permitían una libertad creativa que el cine, con sus presupuestos y equipos gigantescos, a veces le negaba. Vivía de forma discreta en Boadilla del Monte, disfrutando de una jubilación activa y rodeada de libros, siempre dispuesta a echar una mano o dar un consejo a las nuevas generaciones de directoras que acudían a ella como quien va a consultar a un oráculo de sabiduría y experiencia.

La partida de esta cordobesa universal deja un hueco enorme en el panorama artístico, pero su legado se mantiene vivo en cada mujer que hoy coge una cámara en España sin sentir que está invadiendo un espacio ajeno. Su velatorio, que tendrá lugar este mismo sábado en el tanatorio de Boadilla, será el punto de encuentro para que amigos, familiares y compañeros de profesión le den el último adiós a una creadora que hizo posible lo imposible gracias a su tozudez y su talento. Nos queda su cine, sus libros y, sobre todo, esa mirada limpia y valiente que nos enseñó a ver el mundo con los dos ojos, reivindicando que la voz de las mujeres es, sencillamente, imprescindible para entender quiénes somos.


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