3I/ATLAS: el cometa interestelar que cruza el Sistema Solar

  • 3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar detectado tras 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov; su órbita es hiperbólica.
  • Perihelio a finales de octubre a ~1,4 UA del Sol (≈210 millones de km) y máxima aproximación a la Tierra de ~1,6 UA (≈240 millones de km), sin riesgo.
  • Composición atípica: alta proporción de CO₂ respecto al agua; Swift detectó OH y una pérdida de ≈40 kg/s de H₂O.
  • Pasó cerca de Marte (~30 millones de km) y fue observado por sondas; no será visible a simple vista.

Cometa interestelar 3I/ATLAS

Un visitante que no es de la casa recorre estos meses el vecindario cósmico: 3I/ATLAS, un cometa interestelar cuya aparición permite asomarse, con datos en la mano, a materiales que no se formaron alrededor del Sol. Lejos de la fanfarria, su llegada es una oportunidad de primera para la astronomía.

Identificado el 1 de julio por el sistema ATLAS en Chile, su trayectoria no deja lugar a dudas: es hiperbólica, por lo que entra, pasa y se marcha sin quedar ligado a nuestra estrella. Es el tercer objeto de ese tipo del que tenemos constancia, tras ʻOumuamua y 2I/Borisov, y su paso está siendo seguido por una batería de telescopios en todo el mundo.

Un visitante de paso: trayectoria y observación

Trayectoria del cometa 3I/ATLAS

Los cálculos más recientes sitúan el perihelio a finales de octubre, en torno al día 30, a aproximadamente 1,4 unidades astronómicas (≈210 millones de km) del Sol. La máxima aproximación a la Tierra será holgada: cerca de 1,6 UA, unos 240 millones de km, una cifra que desmonta cualquier alarma.

Antes de esa cita con el Sol, el 3 de octubre pasó a unos 30 millones de km de Marte, un guiño perfecto para que orbitadores como Trace Gas Orbiter lo retratasen desde el entorno marciano. Ese seguimiento interplanetario es, por sí mismo, un hito técnico poco habitual.

Tras el perihelio, el cometa queda temporalmente oculto en el resplandor solar y podría reaparecer en diciembre en condiciones más favorables para telescopios avanzados. Aun así, no se espera visibilidad a simple vista; hará falta instrumental con buena apertura y cielos oscuros.

Su velocidad es considerable: el bólido helado avanza a unos 61 km/s (alrededor de 221.000 km/h). Esta rapidez, junto a la forma de su órbita, confirma que no está ligado gravitacionalmente al Sol y volverá al espacio interestelar tras su visita.

Qué sabemos de su composición y tamaño

Las mediciones de varios observatorios empiezan a delinear un retrato químico singular. Con el telescopio espacial James Webb se ha constatado una proporción inusualmente alta de CO₂ respecto al agua, un patrón poco frecuente en los cometas nativos del Sistema Solar.

Por su parte, el observatorio espacial Neil Gehrels Swift detectó hidroxilo (OH), el subproducto típico cuando la radiación ultravioleta rompe moléculas de agua. A una distancia de unas 2,9 UA del Sol, el cometa ya mostraba una actividad hídrica muy temprana.

Los datos de Swift indican que 3I/ATLAS está perdiendo del orden de 40 kg de agua por segundo, comparable al caudal de un chorro potente. Esa desgasificación a gran distancia sugiere granos de hielo superficiales que se calientan con facilidad o una composición rica en volátiles que reaccionan con menos aporte de energía solar.

Una ventana científica a otros sistemas

3I/ATLAS no solo llama la atención por su rareza; es valioso porque transporta material primigenio de otro sistema estelar. Algunos análisis sitúan su edad en el rango de 3.000 a 11.000 millones de años, lo que lo convertiría en una reliquia de épocas muy anteriores a la formación del propio Sistema Solar.

Comparado con los otros dos visitantes conocidos, el panorama químico se diversifica: ʻOumuamua parecía relativamente pobre en hielos, 2I/Borisov fue rico en monóxido de carbono, y 3I/ATLAS está destacando por su CO₂ y su agua. Esta diversidad respalda la existencia de entornos de formación muy distintos distribuidos por la galaxia.

Contar con observaciones coordinadas desde el espacio y desde tierra —Webb, Swift, Hubble y múltiples telescopios— ofrece una oportunidad difícil de repetir para probar teorías de formación planetaria, estudiar el inventario de volátiles y evaluar cómo se distribuyen los ingredientes clave para la química prebiótica.

Hipótesis arriesgadas y qué dice la comunidad

Como suele ocurrir con hallazgos llamativos, no han faltado especulaciones. Algunas voces han planteado que ciertas peculiaridades —alineaciones, variaciones de brillo o detalles de la cola— podrían apuntar a algo no natural. No obstante, la comunidad científica insiste en la prudencia: con los datos disponibles, la explicación más coherente es la de un cometa con química y actividad poco comunes, pero natural.

En todo caso, el debate ha sido útil para afinar modelos, mejorar técnicas observacionales y centrar esfuerzos en lo comprobable. Conforme lleguen nuevos espectros y fotometrías, será más fácil acotar los mecanismos que gobiernan su comportamiento y despejar dudas razonables.

La fotografía que se perfila es clara: 3I/ATLAS es un cometa interestelar auténtico, con órbita abierta, perihelio a finales de octubre alrededor de 1,4 UA, acercamiento a la Tierra de ~1,6 UA sin peligro, química atípica (CO₂ alto, agua detectable vía OH) y actividad temprana; un mensajero de otros sistemas que, sin hacer ruido, está ayudando a entender cómo y dónde se fabrican los mundos.

cometa 3I/ATLAS
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